Cuba islámica, Luis Cino

Recientemente, varios trabajos periodísticos, entre ellos uno de AFP sobre las dificultades con la dieta de los creyentes durante el recién concluido Ramadán, se han referido a los cubanos convertidos al Islam, cuya cantidad no deja de aumentar.
Es sabido que desde que Cuba, hace más de un cuarto de siglo, con el llamado Periodo Especial entró en esta crisis que parece interminable, no solo en lo económico sino en todo, incluidos los valores, la religiosidad de los cubanos, que durante décadas tuvo que esconderse o camuflarse debido al ateísmo de estado, se ha multiplicado por diez.
Así, cada vez se ven más iyabós y personas con la mano de Orula, hay colas para consultarse con los babalaos, se han vuelto a llenar las iglesias católicas, los niños se bautizan, las bodas por la iglesia son más frecuentes, la gente no se oculta para decir, incluso en la TV, “gracias a Dios” o “si Dios quiere”, o para orar a Jehová. Desde hace años brotan por doquier y se abarrotan los templos de las distintas denominaciones evangélicas, donde algunos caen en trance, dicen que poseídos por el Espíritu Santo, la versión cristiana de los muertos montados en los toques de santo, lo cual es un particular aporte del evangelismo cubano post-revolucionario.
Y también hay musulmanes, cómo no. No importa que el Islam, que tanta mala fama ha adquirido gracias a los terroristas carniceros del Daesh, Al-Qaeda y otros similares, nada tenga que ver con nuestras costumbres e idiosincrasia, y que aquí hasta el clima conspire contra la vestimenta recomendada por el Profeta Mahoma en el Corán.
Opinan muchos malpensados entre los cuales me cuento – y espero no me acusen de islamofóbico, respeto todas las religiones y solo siento fobia por las fobias- que los conversos verdaderos no lo son tanto ni tan en serio, que muchos simulan que oran mientras piensan en otra cosa, generalmente bien terrenal. Lo que está detrás del islamismo de muchos de ellos, es la ayuda que esperan recibir (en dinero o alimentos) de la embajada de la República Islámica de Irán y la posibilidad de algún viajecito, ya sea a Irán o a Arabia Saudita. No olvidemos que cada creyente tiene la obligación de peregrinar a la Meca aunque sea una vez en su vida…
Para algunos, convertirse al Islam, luego de haber sido santeros, católicos o Testigos de Jehová, si no es esnobismo, es otro modo de luchar, de resolver, de estafar. También la religión es parte de la pillería, el desparpajo, el despelote nacional provocado por el muy dilatado naufragio del socialismo castrista.
La Liga Islámica de Cuba, que viene siendo el equivalente del Consejo de Iglesias en lo de recibir dinero y todo tipo de donaciones de las Ligas Islámicas de otros países, debe sacar sus dividendos de todo esto.
Lo que más me llama la atención es la cantidad de muchachas que hay entre estos conversos. Las veo por la calle, con el cabello cubierto, con chales, mantas y blusas de mangas largas, derritiéndose los sesos y hasta el alma bajo el sol. Me asombra que mientras tantas mujeres en el mundo, sobre todo en los países musulmanes, luchan denodadamente por sus derechos, ellas, en una sociedad como la cubana, que tanto había avanzado en la emancipación femenina, voluntariamente se echen encima la burka, el velo y sus derivados y se dispongan a ser arrinconadas y tratadas por los hombres como seres inferiores, como cabras o camellas, y hasta a ser lapidadas si cometen adulterio.
¿Sabrán lo que hacen, en lo que se han metido? ¿O es que definitivamente, digan lo que digan, no se avanzó tanto en la emancipación, y algunas mujeres cubanas, que tienen fama de ser tan machistas como los hombres, siguen tan dispuestas como sus abuelas, o más, ahora que lo hacen en nombre de Aláh, a someterse gustosas al yugo masculino?
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Publicado en Cubanet

Un camino minado, Luis Cino

El VII Congreso del Partido Comunista, con su inmovilismo y su plan de desarrollo para el 2030, que parece una mal contada trama de ciencia ficción, evidenció el empeño castrista por minar los caminos a una eventual transición a la democracia.

Cual si no bastara el daño hecho  a la siquis nacional por 57 años de dictadura -el rebaño hipócrita, temeroso, envilecido y cínico que ha conseguido-, ahora, aferrados como lapas al poder absoluto, los mandamases se encargan de planificar el peor futuro posible para nuesros descendientes, no los suyos, claro está, que cada vez son más desfachatados en su opulencia.

Sin renunciar a su reórica socialista, que cada vez es más hueca e inconsistente, es como si dijeran: ¿No querían capitalismo? Pues aquí tienen, pero del más duro y a nuestra manera…

El futuro que nos anuncian tiene que ver mucho más con la Rusia putinesca que con el socialismo de mercado chino o vietnamita.
En el Plan de Desarrollo Económico hasta 2030, se reconoce la propiedad privada  como una de las formas de propiedad del modelo económico cubano, aunque se emplean varios eufemismos  -“forma de propiedad no estatal”, “propiedad personal”, o “propiedad común sobre los medios de producción”- para no llamarla por su nombre, y se advierte, entre otras limitaciones,  que no se permitirá acumulación de propiedades ni de riquezas y que la propiedad estatal será la  predominante.
La elite de poder y sus paniaguados sí podrá acumular propiedades y riquezas.  El  artículo 119 de la Conceptualización del Modelo Económico y Social de Desarrollo viene a ser la luz verde a la piñata de la elite partidista y los militares negociantes (los bingshangs, que decían los chinos) que desde hace años juegan al capitalismo.
Las pirañas del Estado, sin control público de las cuentas y sin una prensa libre  que los cuestione, tendrán las manos sueltas en el festín.
El  artículo 119  sienta la base legal para que el PCC y sus organizaciones satélites, las llamadas “organizaciones de masas”, sean propietarias de todos los medios y recursos de que disponen actualmente (inmuebles, autos, camiones, periódicos, revistas,  etc.)
¿Y alguien dudaba que “el Partido es inmortal”?
Si todo les sale como quieren, habrá mafias y corrupción a tutiplén. Y el pueblo seguirá tan apático e indefenso como ahora, limitándose a ver cómo se las arregla para comer…
En esas condiciones, dentro de unos años, retoques a la constitución de por medio para legalizar antos decretos leyes, va y permiten en la Asamblea Nacional del Poder Popular a unos cuantos payasos disfrazados de opositores leales y hasta se animan y hacen  elecciones…
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Eufemismos y seudoteorizaciones, Luis Cino

Como calamar que suelta tinta, el castrismo, en su empeño por distorsionar la realidad y evitar llamar a las cosas por su nombre,  ha sido prolijo en la utilización de eufemismos y términos propios de un metalenguaje muy particular. Así, por ejemplo, bautizó como Periodo Especial en tiempo de paz a la peor crisis de la historia del país, y denomina “antisociales” y “mercenarios” a todos los que disienten,  “excedentes” y “disponibles” a los cesanteados  de las empresas estales y desempleados, “extracciones a los desalojos,  y con el malsonante  “cuentapropistas” a los que tienen negocios privados o trabajan al margen del estado, pero siempre con licencia e impuestos pagados religiosamente a la ONAT, faltara más.
A propósito de estos últimos, a quienes Obama y algunos otros ilusos se empeñan en ver como emprendedores de cuyo éxito dependerá el futuro de Cuba, ya los licantrópicos  mandamases en el VII Congreso del Partido Comunista advirtieron que aunque no deben ser considerados enemigos ni contrarrevolucionarios,   no se les permitirá que acumulen riquezas ni propiedades, para así evitar que se conviertan en la punta de lanza del gobierno de los Estados Unidos – que sigue siendo el enemigo, a pesar del restablecimiento de las relaciones diplomáticas- en sus planes para destruir a la revolución. Y uno entonces se pregunta  cómo rayos van a acumular capital necesario para desarrollar sus emprendimientos  de jama, peluquería y pacotilla y superar la etapa del chinchal y el timbiriche. ¡Y todavía hay quienes se tragan el cuento de que el régimen va a permitir la pequeña y mediana empresa, las pymes, como le dicen!
Volviendo a los eufemismos y el metalenguaje, pero sin apartarnos demasiado del tema de los emprendedores privados, el octavo y parece que definitivo borrador de  la conceptualización del modelo económico y esa mal contada historieta de ciencia-ficción de la peor  que es el Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el año 2030, con el agregado glosario de términos y conceptos,  son antológicos en cuanto al uso de circunloquios, ambigüedades e imprecisiones. Lo único que queda claro, si acaso algo queda claro, es que los mandamases, independientemente de ciertas flexibilizaciones a cuenta gotas y a regañadientes, porque no les queda otro remedio para no acabar de hundirse, mantienen su apuesta –no importa las desastrosas experiencias obtenidas en más de medio siglo- por la planificación económica centralizada y la propiedad estatal sobre los medios de producción.
Resulta muy significativo que en el Plan de Desarrollo en vez de referirse con todas sus letras a la propiedad privada, que dicen reconocer como una de las formas de propiedad del modelo económico cubano, empleen términos como “forma de propiedad no estatal”, “propiedad personal”, o “propiedad común sobre los medios de producción”, siempre entendido el Estado-Partido-Gobierno como el gran dueño de todo.
Todo esto suena feo y huele peor. Aquí hay algo más que eufemismos… No quiero extenderme más, pues ya me duele la cabeza y se me revuelve el estómago en el intento de entender  la seudoteorización  que hicieron –sospecho que el ministro de Economía Marino Murillo, siempre tan preciso en sus explicaciones,  jugó un papel destacado en ello-  ininteligible con toda intención. Dejo a otros colegas los análisis y las interpretaciones pertinentes del mamotreto. Por ahora, me doy por vencido: no puedo más con tanta palabrería farragosa.
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Publicado en Primavera Digital

El tigre de José Hugo Fernández, Luis Cino

Al escritor José Hugo Fernández, cuyas excelentes crónicas leía desde hace años en Cubanet y Diario de Cuba, pude conocerlo personalmente y saludarlo  el pasado diciembre en Miami, en el Festival Vista, donde presentó su novela El tigre negro, publicada por Neo Club Ediciones.
El libro, cuya presentación estuvo a cargo del poeta Ramón Fernández Larrea, por su originalidad, reflexiva y posmoderna, fue uno de los que más atrajo mi atención.
El tigre negro es, a la misma vez,  una novela negra  y el relato  de las vicisitudes de un desahuciado social  de la Cuba de ahora mismo que acaba convertido en disidente y periodista independiente.
El hombre, en sus sueños, como reportero de crónica roja en un periódico habanero de finales de  los años 40 se ve envuelto en aventuras llenas de guiños a Dashell  Hammet, Raymond Chandler  y las películas de Humphrey Bogart, pero  despierta para tropezarse con que no tiene qué comer o donde dormir y es acosado  por la policía política y sus chivatos.
En medio de toda esta trama, que pasa sin apenas transición de lo hilarante a lo deprimente, el personaje  hace disquisiciones político-filosóficas, con un derroche de citas de Valery, Orwell,  Aristóteles, Hobbes, Hegel, Flaubert, Novalis, Dostoievsky, Nietzche, y un largo  etc.
Algunas de estas disquisiciones, muy bien insertadas por cierto, resultan muy interesantes, como esta, que según refiere el protagonista, fue el  remanente de la última  conversación que sostuvo con Nelson “La Situación”, su compañero de trajines disidentes, antes de que los encerraran en celdas separadas, porque según  los  guardias, ni presos dejaban de intercambiar “mensajes contrarrevolucionarios”.
Cito: “No es un paseo huir de la chata existencia que nos ha tocado en suerte sin que estemos actuando como cobardes o apocados o nihilistas de corto aliento. Es algo que no me preocupa en lo más mínimo, pero, ¿resultará posible romper lanzas contra las convenciones de la vida común sin que al final tu actitud escape del peligro de alinear entre lo ya trillado? Debe haber sido Alan Finkelkraut, un profeta mediático sobresaliente donde los haya, quien acuñó la idea de que una verdadera revolución en nuestros tiempos debería ocuparse de salvar al mundo de la plaga de los revolucionarios. Algo así más o menos dijo. Tampoco es que comparta por entero su punto de vista (muchísimo menos que me importe salvar al mundo), pero la verdad es que estoy  ya hasta el último pelo de los herejes e iconoclastas y de los revirados de nueva generación. Se me parecen   a esos hermanitos jimaguas que se exhiben luciendo la misma indumentaria,  cada cual pendiente de los gestos del otro, si uno se da un machucón en el dedo, el otro es el que grita, pero al final crecen detestándose mutuamente por causa de la inevitable semejanza, quiero decir, por la medida en que esta semejanza les impone limitaciones a la hora de hacer lo que más les gusta, que es amarse a sí mismos en tanto seres únicos e irrepetibles.”
O esta otra, también a partir de una conversación del protagonista con el inefable Nelson La Situación: “…Si bien me siento ahíto de la dictadura que sufrimos desde hace tanto en el país (casi me atrevería a jurar que empecé a sentirme ahíto desde la primera vez que pensé, siendo aun niño), tampoco es que no dejen de resultarme ya no empalagosos o repugnantes, pero sí lastimeros, muchos de sus enemigos formales dentro y fuera de la isla. Entonces, ¿cuál, según tú, debiera ser la posición de las personas decentes en nuestro entorno?, inquirió Nelson, empezando a mostrar el ceño ligeramente fruncido. Y eso me confundiría un tanto, no solo porque yo no creo ser una persona decente, sino porque tampoco creo que las personas decentes, por el simple hecho de serlo, estén obligadas a tomar siempre una posición determinada, por lo menos en lo que a política se refiere. Pero suponiendo que ellas lo entiendan así, a las personas decentes posiblemente les baste con no asumir posiciones que la decencia desaconseja. Y ya sabrá cada cual, de acuerdo con sus reverendísimas ganas, qué posición le correspondería no asumir.”
Sobre El tigre negro, comentó Fernández Larrea, quien es amigo de José Hugo Fernández desde  los años  80, cuando juntos hacían  en Radio Ciudad de La Habana, el popular Programa de Ramón: “Utilizando dos líneas narrativas fundamentales, una hacia el pasado y otra desde el presente, José Hugo Fernández desarrolla esta gran humorada en la que confluyen muchas historias actuales y donde la principal es la de ese ser marginal que desde el mismo arranque de esta novela confiesa que sus pensamientos son cocteles molotov, tal vez porque cada noche consume unos hongos alucinantes de los que se forman sobre el estiércol de las vacas, que le ayudan a transportarse en sueños a esa Habana del pasado donde encuentra a su otro yo, que le hace vivir aventuras tan enloquecidas  como él”.
El autor tomó el título del libro de un haiku de Kaneko Tota: “En mi lago interior/en la sombra/ merodea un tigre negro”.
Nacido en La Habana en  1954, José Hugo Fernández trabajó como  guionista en la radio y la televisión cubana hasta  1992, cuando  rompió con los medios oficialistas. En 2015 marchó al exilio y se radicó en Miami. Ha publicado quince libros.
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Nelson, Luis Cino

Últimamente varias personas, , luego de leer  la  reedición que hizo la editorial Betania del libro de cuentos “El Regalo” de Nelson Rodríguez Leyva,  me han preguntado si yo fui amigo del escritor, fusilado en 1971 por intentar secuestrar un avión.
Las preguntas se deben a un cuento que hace años le dediqué,  “Volver a hablar con Nelson” (originalmente se llamó “Algunas noches converso con Nelson”), y que aparece en mi libro “Los tigres de Dire Dawa” (Neo Club Ediciones, 2014).
En varias ocasiones he explicado que no fui amigo suyo, pero lo conocí, coincidimos dos o tres veces  y tuvimos  amigos en común.
En aquellos primeros años 70, en La Habana, casi toda “la gente de la onda” se conocía, al menos, de vista o de oídas . Y más aun si se compartían intereses comunes, que en nuestro caso, además del  rock, era el afán por la escritura y los libros, con las  peripecias derivadas de ello  en aquellos  tiempos y circunstancias.
Cuando conocí a Nelson  era más de diez años mayor que yo, que   pero  delgado, bajito y melenudo como era, se veía casi igual de adolescente. La principal diferencia entre nosotros no era la edad, sino que Nelson tenía publicado un libro de cuentos que se llamaba “El regalo” y que había salido siete años antes en Ediciones R. ¡Se imaginaran cuán importante vería a Nelson el mocoso de 16 años aspirante a escritor que era yo!
Sin embargo, Nelson apenas hablaba de aquel libro, del que no conservaba ningún ejemplar, porque el único que tuvo se lo quitó la policía. Le interesaba más el libro que decía estar escribiendo sobre sus vivencias en un campamento de “rehabilitación de lacras sociales” de las UMAP adonde lo habían enviado apenas un par de años después de la publicación de “El Regalo”, sin que su padre, que era oficial del Ministerio del Interior, hiciera algo para impedirlo.
Nos conocimos en la casa del pintor Waldo y su musa,Barbarita, una de las muchachas más bellas del underground habanero de la época. Allí confluían aspirantes a pintores y escritores –recuerdo a Carlos Victoria y David Lago- y hasta algún futuro alto personaje de la Nomenclatura que en aquella época era sólo un melenudo hijito de papá que estudiaba en la Escuela de Letras y se desvivía por las canciones de los Beatles y  Janis Joplin.
Pese a que éramos muy jóvenes, todos teníamos amargas experiencias que narrar. Lo que escribíamos inevitablemente  reflejaba el ambiente de prohibiciones, carencias y desesperanza en que vivíamos. Y el desenfreno hippie, que era nuestra rebelión contra “la triste monotonía de las dictaduras” que decía Borges.
Nuestros sueños, obsesiones, desencantos, angustias y calamidades, se convertían en poemas y cuentos escritos en hojas de  libretas escolares que  se ocultaban celosamente  entre una improvisada tertulia  semi-clandestina y la próxima, porque  desconfiábamos de los vecinos, los amigos, las novias y la familia. De todos.  Nunca se sabía quién podía delatarnos a la policía política. Y  las historias con “esta gente” siempre terminaban mal. Sabíamos de muchos que habían acababado en la cárcel, o en Mazorra, con el cerebro achicharrado por los eectroshocks (porque había que estar locos para no ser felices con la revolución).

1971 fue un año terrible. Los 10 Millones no fueron. En lugar de las bonanzas prometidas, lo que hubo fue más penurias y represión. Fue el año del Caso Padilla, el Primer Congreso de Educación y Cultura, el parametraje, el Pavonato,  la ley seca. Y fue el año en que fusilaron a Nelson.
Con él, fusilaron también a su cómplice en el secuestro del avión, que tenía solo 16 años, igual que yo,  y que escribía poemas, posiblemente tan malos como los mios. No sé si lo conocí,  pero es probable que hayamos coincidido alguna vez.
Aquella noticia, que no recuerdo si supimos antes o después de que apareciera en el periódico Granma, con aquella historia tenebrosa e insultante que pretendían fuera escarmentante para otros desesperados por escapar del paraíso revolucionario, cayó entre nosotros como un rayo.
Luego, el grupo de aspirantes a escritores no se reunió más. Waldo fue muerto a puñaladas, en una parada de ómnibus, por un borracho que lo confundió con otro. Y a Bárbarita, un tiempo después, luego del acoso a que la sometió la Seguridad del Estado  por tener un romance  con un diplomático extranjero, la condenaron a cinco años en la cárcel de mujeres Nuevo Amanecer.
No fue hasta treinta y tantos años después que gracias a una colega que me lo prestó, pude leer “El Regalo”. Solo entonces comprendí, con aquella imaginación y tanta influencia de Kafka, Piñera y Cortázar, cuán lejos hubiese podido llegar Nelson Rodríguez como escritor si no hubiese terminado en el paredón.  Por eso le dediqué aquel cuento. Para que no se olvide su historia, que pudo ser la de cualquiera de nosotros.
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¿Debe la oposición defender a los cuentapropistas?, Luis Cino

Algunos periodistas independientes, animados por las mejores intenciones, se pronuncian porque la oposición pro-democracia apoye a los emprendedores privados  en su pulseo con el Estado por expandirse y consolidarse.

En verdad, no la tienen fácil los “cuentapropistas”, como son llamados oficialmente.

En el VII Congreso del Partido Comunista,   el general Raúl Castro y el ministro de Economía Marino Murillo  concedieron a los trabajadores del sector no estatal  el beneficio de no considerarlos enemigos contrarrevolucionarios, pero  advirtieron que no les permitirán la concentración de riquezas y propiedades, para evitar, no tanto las diferencias sociales, como arguyen, sino su empoderamiento,  para que no puedan ser “utilizados por el imperialismo yanqui en sus planes para destruir  la revolución y el socialismo”.

Es decir, que los cuentapropistas están condenados a seguir ganado solo un poco más del diario en la economía del timbiriche y la venduta. Tienen permiso para nadar en aguas bajitas, sin internarse en lo hondo. “¡Guajacones, a la orilla!¡Y ya!”, como diría el general presidente.

Los cuentapropistas, además de con el estado socialista-mercantilista que hace de retranquero perro del hortelano con sus medidas asfixiantes y sus prohibiciones, también tienen que lidiar con la codicia de los inspectores corruptos, con sus extorsiones y abusos, y las trabas debidas a la envidia y el  mal disimulado rencor de los burócratas y los administradores de las  empresas estatales, que a pesar de su proverbial ineficiencia, seguirán siendo las que lleven el  protagonismo en la economía, según advirtieron los jefes en el congreso del inmovilismo.

Sobre si la oposición debe apoyar  a los cuentapropistas  hay bastante tela por dónde cortar.

Los principales líderes opositores, enfrascados en  redactar extensos documentos, no deben disponer de mucho tiempo para ocuparse de negocios ajenos. Los que pudieran solidarizarse con  los cuentapropistas abusados son los activistas opositores “de a pie”.  Pero me temo que ellos, que están en la calle  como Jesús en la mar, cada domingo, en #Todosmarchamos, junto a las Damas de Blanco, forcejeando por el derecho a la protesta pacífica sin que sea criminalizada, estarán demasiado ocupados en capear la represión y  exigir la libertad de sus compañeros encarcelados, para con tanto abuso de todo tipo  como hay bajo este régimen, dedicarse a cuidar que no timen y expriman a los dueños de vendutas y timbiriches.

Para la mayoría de los opositores de a pie,   los razonamientos acerca de la propiedad sobre los medios de producción,  la sociedad civil y su incidencia en la transición a la democracia, resultan demasiado abstractos.

Además, ¿por qué la  prioridad de la solidaridad de los opositores tendría que ser  los cuentapropistas? Está bien apoyarlos como ciudadanos abusados, pero no para que se enriquezcan: eso va por ellos.

La solidaridad opositora  la precisan mucho más  los trabajadores “disponibles” – un eufemismo, para no llamarlos desempleados- los ancianos y los enfermos a quienes retiran la ayuda de la seguridad social, las familias desalojadas, los albergados, los moradores de los llega y pon, los orientales que destierra la policía por estar ilegales, indocumentados, en “la capital  de todos los cubanos”…

Los cuentapropistas deben aprender, además de las técnicas y mañas del marketing, también a defender sus derechos. Si sólo se van a emplear en buscar el mejor y más rápido modo de acumular dinero, cuando sean nuevos ricos, si los dejan llegar a serlo, terminarán como oportunistas aliados del régimen. Quero decir, los emprendedores de verdad. Qé decir de los que  arrancaron con ventaja en la carrera, los paniaguados del régimen…

Los emprendedores privados, como tendrán que perder mucho más que el resto de sus compatriotas que apenas tienen qué comer, serán agentes del inmovilismo, del no cambio, mantenedores del status quo. Capaz que organicen sindicatos  a las órdenes de la  CTC, núcleos del Partido Comunista de cuentapropistas o brigadas de respuesta rápida…

¿No vio a algunos de ellos este primero de mayo,  en la Plaza de la Revolución, con el rebaño de carneros que desfiló,  no para reclamar sus  derechos, pedir aumentos salariales o mejores condiciones de trabajo,  que va, sino para apoyar las decisiones adoptadas por el VII Congreso que ni siquiera todavía les han sido informadas?

¿Qué disidente no conoce a cuentapropistas que los odian porque dicen que debido a que la policía política invade el vecindario para  vigilarlos y reprimirlos, “les ponen malo el barrio” para sus negocios y trapicheos?

Más que los dueños de los timbiriches, muchos de los cuales todavía dicen “estar con la revolución”,   preocupan sus  empleados, los que el Estado dejó “disponibles” cuando desinfló las plantillas. ¡Ay de la que les espera en las tarimas de agromercados, las paladares, las poncheras, y brigadas de construcción, con los  nuevos aspirantes a empresarios capitalistas!

No  olvidar que los nuevos empresarios, que traen como bagaje  las experiencias aprendidas  del Estado patrón y empleador único, ahora intentan  copiar lo peor del capitalismo  e imponerles a los contratados la falta de derechos del socialismo a lo soviético, exprimirlos y sacarles el kilo sin que puedan no digamos  hacer huelga,  decir ni pío,  porque los despiden y va a haber  cola para escoger quien los sustituya.

De  esta mezcla de lo peor del socialismo real y del capitalismo salvaje,  nada bueno podrá salir para la futura democracia.

Perdónenme la franqueza: si los emprendedores privados quieren que la oposición les apoye, que se lo ganen. Al menos, para empezar,  que  reclamen sus derechos.
luicino2012@gmail.com
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Cuentapropistas exitosos y otras fábulas, Luis Cino

El pasado viernes 22 de abril, bajo auspicio oficial, se efectuó en la sede del Ministerio de Comercio Exterior, en El Vedado, una reunión de emprendedores privados y cooperativistas. Dicho encuentro  fue visto por muchos como un intento del gobierno,  luego del VII Congreso del Partido Comunista, por aplacar las aprensiones de los “cuentapropistas”, el feo eufemismo oficial  utilizado para no llamar por su nombre a los emprendedores privados.
A pesar de que en el Congreso el general Raúl Castro y el ministro de Economía Marino Murillo explicaron que no había que ver a los cuentapropistas como “enemigos de la revolución” sino como “actores del nuevo modelo económico”, aunque complementarios, porque  quedó sentado que el protagonismo recaerá en las empresas estatales y  que no se permitirá que los particulares se enriquezcan, para según dijeron, evitar las diferencias sociales.
A partir del contrataque de Fidel Castro a Obama, en varios medios oficialistas se habían referido  al peligro de la emergencia de una clase media de pequeños propietarios que pudiera ser utilizada por “el imperialismo yanqui” –que sigue siendo el enemigo- como “punta de lanza en sus planes para destruir el socialismo ”.
Con tales truenos, los emprendedores privados tienen suficientes razones para preocuparse: está claro que sus pequeños negocios no pasarán  de ser  vendutas, chinchales  y timbiriches, y que sus ganancias, que dan para poco más del diario, siempre estarán en vilo, en dependencia de los intereses del régimen.
Sería interesante averiguar cómo pudiera prosperar la empresa privada, en medio de tantas trabas, si no se permite la concentración de riqueza y propiedad, y por ende, no hay  acumulación de capital.
Pero así y todo, se sigue hablando de cuentapropistas exitosos y otras fábulas. Sobre todo en  cierta prensa internacional, que pese a los ventarrones en  contra que soplaron en el congreso  comunista, quieren  hacer creer que en  Cuba la empresa privada y la economía de mercado van viento en popa y a toda vela.
También en ciertos eventos, cuando le conviene al gobierno, se habla de los cuentapropistas exitosos. Como en la reunión del día 22 en el MINCEX, donde refirieron sus experiencias, todas exitosas, el peluquero Papito Valladares, las presidentas de la cooperativa encargada de La Casona de 17 (un restaurante del Vedado que ya no da pérdidas), de una talabartería de La Lisa y otra cooperativa  dedicada a las confecciones textíles y el alquiler de trajes de bodas.
Mi fuerte no es el tema económico,  tal vez por ello no acierto a entender –Marino Murillo sabrá- cómo peluqueros, zapateros remendones, vendedores de bisutería y de pan con croquetas de claria y otras fritangas, asfixiados por trabas burocráticas, elevados impuestos e inspectores chantajistas y extorsionadores,  puedan contribuir a desarrollar la economía de un país.
Es sabido que las paladares lujosas donde sirven  caros y sofisticados platos, las exclusivas galerías de arte y los hostales con muebles de estilo, no pertenecen a cualquier hijo de vecino. Los propietarios de esos establecimientos son paniaguados del régimen, gente con relaciones en las altas esferas, la parentela de la elite o sus protegidos, las pirañas que han hecho del estado una piñata.
Cualquier persona sin buenas relaciones o pedigrí revolucionario no puede acometer, por ejemplo,  un “proyecto comunitario” con el apoyo de  la Oficina del Historiador Eusebio Leal, como es el caso de la dueña del Café Bohemia, Diana Sáenz, la hija de Ricardo Sáenz, uno de los fundadores  de Prensa Latina, quien convirtió una ruinosa cuartería de la Habana Vieja en una sofisticada y muy chic cafetería.
Algunos de los participantes en la reunión del MINCEX ,  estuvieron, con sus historias oportunamente ensayadas,   entre los escogidos por el régimen, durante la visita de Obama a La Habana, para participar en una reunión del presidente norteamericano con emprendedores privados, a quienes les ofreció su apoyo para adquirir lo que necesiten a través del intercambio directo con suministradores en los Estados Unidos.
Como el régimen no va a permitir ese intercambio directo, utilizará a sus “emprendedores exitosos”, sus elegidos, maquillados y estatalmente propulsados, como trampas para captar  dinero y  recursos  de los capitalistas extranjeros, principalmente norteamericanos.
Es una vieja trampa comunista para exprimir a capitalistas ingenuos. La utilizaron en la China post-maoísta con los hoas (inmigrantes) que sembraron en Occidente, y más atrás aun, en la Unión Soviética en los tiempos de Lenin y la NEP.
Ni siquiera se le puede reconocer mucha originalidad al castrismo en su “actualización del modelo económico” y eso que llaman, de forma bastante oximorónica, “el socialismo próspero y sostenible”.
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El marxismo como purgante, Luis Cino

Hace unos años, cuando se iniciaba la crísis económica,  Jorn Schutrumpf, un editor alemán, al ver el aumento en las ventas de  literatura comunista en Europa, comentaba que  “una sociedad que siente nuevamente la necesidad de leer a Carlos Marx  es una sociedad que se siente mal”.

Así, de creer a Schutrumpf,  el marxismo, más que una  herramienta  para el estudio de la historia, sería algo así como un purgante.  Y tendría razón. ¡Si lo sabremos los cubanos mayores de 50 años! Solo que nosotros no sentimos  la necesidad de leer sobre marxismo, sino que nos obligaron a estudiarlo como una asignatura más, bastante aburrida, por cierto, que nos provocó entre otros males, un desordenado amontonamiento de supercherías.

A mí, que siempre fui un pésimo estudiante de marxismo en aquellos tiempos en que nos repetían que “el futuro pertenecía al socialismo”, me consolaba saber que ni siquiera los dirigentes, que alardeaban de ser marxistas, y por añadidura, leninistas, llegaron a entender alguna vez a cabalidad el marxismo.

Recuerdo cuando Fidel Castro abochornó públicamente a los diputados de la Asamblea Nacional al recriminarlos porque ninguno supo responderle  qué era el Programa de Gotha. Era  pedir demasiado a los afinados parlamentarios de la unanimidad eterna. Algunos hasta pensaron que lo del tal Gotha  era algún deformante show de la TV yanqui.

El Comandante, luego del regaño y de exhortarlos a leer más, les explicó qué era, pero lo más probable es que tampoco él lo haya leído. Si no lo hizo en su celda del Presidio Modelo, no debe haber tenido tiempo ni paciencia para leerlo después. Y menos aun El Capital.  Ni falta que le hizo. Total, si tenía los manuales soviéticos…

A través de aquellos  dogmáticos manuales  de la época stalinista  pretendieron enseñarnos  el marxismo. Y no sirvió. Fue como leer Romeo y Julieta a través de una versión condensada de Selecciones del Reader Digest. O escuchar  la música de Beethoven a través de las versiones de Frank Pourcell o Costelanetz por  Radio Enciclopedia. Con la diferencia de que no podíamos, simplemente, apagar el radio y ya, porque había que ir a exámenes…

No creo que aparte de Carlos Rafael Rodríguez y un puñadito de eruditos  masoquistas, muchos cubanos hayan leído, lo que se dice leer, a Marx.  El caso es que, en cuanto a Economía Política, por un motivo u otro, Marx, complementado y distorsionado por Lenin, Che Guevara, Nikitin y los caprichos del Comandante, nos enseñó muy poco a los cubanos. Quizás esa sea una de las causas del desastre que es el socialismo castrista.

Ocupados siempre en apretarnos más el cinturón, de la ofensiva revolucionaria de 1968 a la reforma raulista que no es tal reforma sino actualización, pasando por la rectificación de errores y tendencias negativas –cuando según el Comandante,  sí íbamos a construir el socialismo- y el Período Especial, no atinamos a utilizar el marxismo para deducir cuándo estuvimos peor. Y no era fácil saberlo, porque el hambre y la miseria, siempre han estado al lado nuestro, como los más fieles de los perros.

Así y todo, aprensivos que nos hemos vuelto,  los cubanos hemos desarrollado extrañas  supersticiones sobre la economía y el mercado. Debiéramos estar curados de espantos y supercherías, pero 57 años de adoctrinamiento no pasan en vano.  Algo tenía que quedar de lo que  estudiamos  -o simulamos que estudiábamos- en los manuales marxistas que enviaban los camaradas de Moscú.

A pesar de los timbiriches y las habilidades para los negocios que no sospechábamos que tenían algunos luego de tantos años de estricta tutela estatal, no podemos evitar que un erizamiento nos recorra el espinazo cuando oímos hablar del futuro dejado en manos de las leyes de la oferta y la demanda  y del capitalismo salvaje según  lo cuenta el periódico Granma. ¡Como si hubiera algo más escalofriante que llevar décadas, amordazados y atados de pies y manos, inmersos en el sálvese el que pueda del socialismo que naufraga pero no acaba de hundirse!

Cuando se derrumbó el bloque soviético, lo más parecido posible a la dolarización y las terapias de choque  llegó de sopetón a Cuba, sin Escuela de Chicago y sin que lo solicitara el FMI.  Para “salvar los logros del socialismo”, los mandantes verde olivo implementaron lo  más riguroso del capitalismo. ¿El espíritu de Carlos Marx les habrá soplado la fórmula a sus oídos?

Según Darwin,  sólo los más aptos y fuertes sobreviven. Los cubanos demostramos serlo.  No sólo la camarilla y la elite  sobrevivió al Periodo Especial y mantuvo el poder absoluto. Los cubanos de a pie, entre chozas, escombros, cientos de cárceles dantescas, calderos vacíos, cucarachas, mosquitos, marabú, prohibiciones,  y mucho policía en la calle, hemos sobrevivido a la mezcla del socialismo con lo peor del capitalismo.  Sólo que mucho más flacos, tristes y descreídos que cuando estudiábamos los manuales marxistas.

Gracias a Marx o a pesar de él, el régimen castrista,  pese a ciertas interesadas aventuras con el capitalismo internacional, sigue casado con el socialismo  en su peor  variante.   Un socialismo chato, gris, ineficiente y miserable, que se juega su suerte a cualquier charada y  hace pagar caro al pueblo por sus apuestas, lo mismo por el partido único que por la planificación  centralizada de la economía. Solo que ya ni  en los congresos del Partido Comunista se habla de marxismo. Ni siquiera como purgante para los ancianos dirigentes con cara de padecer de estreñimiento crónico y la consiguiente acumulación fecal en sus cerebros.
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Publicado en Cubanet

El hombre nuevo en el VII Congreso, Luis Cino

El VII Congreso del Partido Comunista genera todo tipo de expectativas y especulaciones, principalmente entre ilusos y optimistas incorregibles.
De lo mucho publicado al respecto últimamente, lo que más me ha llamado la atención es lo que escribió Francisco Almagro Domínguez y que apareció el pasado 25 de febrero  en Cuba Posible (http://cubaposible.net/articulos/la-generacion-im-posible).
Almagro Domínguez  se refiere, con bastante confianza e ilusión en sus potencialidades, a las personas menores de 60 años que serán la mayoría de los delegados al congreso.
Son los hombres y mujeres de nuevo tipo  que aspiró a formar  la ingeniería social castrista.
Las vidas de  todas esas personas -muchas de las cuales  pudieran ser los nietos de la minoría geriátrica  y voluntariosa que gobierna de modo absolutista  desde hace 57 años y que es la que dirá la última palabra en ese congreso- han discurrido, mansas, aburridas y desesperanzadas,  bajo eso que se aun se conoce, más por inercia, por costumbre que por otra cosa,  como “la revolución”.
Tuvieron educación y salud gratuita, estuvieron en los círculos infantíles, fueron pioneros, pasaron 45 días al año en la escuela al campo,  estuvieron becados –en las ESBEC, los IPUEC, La Escuela Lenin, los Camilitos-, fueron reclutas de siete pesos del servicio militar obligatorio, algunos pudieron llegar a la universidad que era solo para los revolucionarios, han trabajado por salarios de miseria, alentados a cumplir metas y ganar emulaciones, han malcomido de la libreta de abstecimiento, han visto partir a familiares, amigos, amores y vecinos,  se han aburrido de escuchar hablar de un futuro que nunca llegó.
Nunca pudieron elegir a sus gobernantes, cuando más eligieron al delegado de circunscripción del Poder Popular. Como había jefes infalibles que velaban por su pureza ideológica, tampoco pudieron elegir  qué libros  leían, qué películas veían,  qué música escuchaban o qué moda les era permitida usar.  Si es que prácticamente ni siquiera pudieron elegir lo que comían, que era lo que había,  lo que venía a la bodega, lo que apareciera, aunque fuera bazofia.
Formo parte de esa generación –o degeneración en muchos casos- que ha vivido toda su vida bajo el castrismo, y  conozco bien sus características; por eso, a diferencia de Almagro, más que escéptico, soy pesimista  acerca de las potencialidades de cambio de los delegados al VII Congreso.  .
Para empezar, la mayoría de ellos habrán logrado estar allí  porque simuladores y practicantes de la doble moral,  han obedecido las órdenes sin chistar, siempre aplaudiendo y adulando a los jefes, y chivateando a quien se les ponga por delante si es preciso.  ¿Por qué han de ser distintos ahora?
En aquellos albergues de becas y escuelas, en los que se imponía la ley del más fuerte y el más astuto, en aquellos canteros germinó, al decir de Almagro, “un tipo descreído, centrado en el placer y la gratificación inmediata”, “un individuo capaz de sobrevivir en la adversidad”, “una generación de frustrados contentos”.
No creo que resulten muy beneficiosas las tácticas de supervivencia que aprendieron.   Si antes saciaban el hambre en los platanales y naranjales, o robando en la cocina, el almacén, o en la mochila del tipo de la litera de al lado, ¿qué podemos esperar que hagan ahora que todo vale en este despelote nacional?
Nada espero del hombre nuevo en el VII Congreso del Partido Ünico. No por ahora, en eventos como ese. No depende de él. Pero ojala me equivoque y tenga razón Almagro. Ojala que los hijos putativos podamos dejar atrás  a los hijos de puta que se apoderaron de nuestras vidas.  Pero dejarlos no como dejábamos a nuestros padres, los verdaderos, en los puntos de control, en aquellas tardes de domingo “de dulce tristeza”, sino para siempre, definitivamente, y que se los lleve el diablo. ¿Qué más quisiéramos por el bien de Cuba?          .
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Nuestra fiesta con los Stones, Luis Cino

El 25 de marzo, cuando asistimos al concierto de The Rolling Stones en la Ciudad Deportiva, el colega y amigo Iván García, que sabe de mi pasión por dicha banda, la mejor que haya existido, se quedó a la espera de verme llorar.  Tuvo que conformarse con que mis ojos estuvieran aguados casi todo el tiempo que duró el concierto y resignarse a oirme aullar las viejas canciones, a dúo con Jagger, con la voz quebrada por la emoción.
Soy un tipo algo sentimental, pero sé controlar mis emociones. Y era tiempo de celebrar, y en grande,   nada menos que con los mismísimos Stones en persona, la fiesta que nunca nos permitieron tener. Así que nada de lágrimas.
A fin de cuentas, los mandamases, con sus prohibiciones y su aberrado celo por la pureza ideológica ,  no consiguieron domarnos y ganamos la pelea.  Los Stones no han cambiado. Nosotros tampoco. ¡Allá los que tengan que cambiar!
Pero, para qué hacerme el duro…Tengo que admitir que al compás de la música de los Stones, los recuerdos, los malos y los buenos, vinieron constantemente a mí. Pensé en los amigos dispersos por Estados Unidos, Polonia, México, o en los que ya no están en este mundo, que hubieran estado allí, cómo no iban a estar. Pero de todos modos estuvieron. Y no solo en mi mente, sino en los millares de muchachas y muchachos que bailaban y cantaban las canciones que nos enloquecían muchos años antes de que ellos  nacieran. Me pareció vernos en ellos, en como éramos entonces,  antes que nos machucara la vida, si es que a lo que hemos pasado se le puede llamar vida…
El concierto, de más de dos horas,  fue súper. Como  lo soñamos. ¿Se podía esperar menos de Mick, Keith, Ronnie y Charlie?
Rompieron con Jumping Jack Flash y cerraron por todo lo alto con Satisfaction, luego de un You can always get what you want  en el que fueron celestialmente acompañados por el coro Entre Voces que dirige Digna Guerra. Por el medio tocaron, y de qué manera, Only rock and roll, Tumblin’ dice, Miss you, Angie, Honky tonk women, Brown sugar, Gimme shelter, Simpathy for the Devil y otras, hasta totalizar casi una veintena. Pero uno se quedó con ganas. En mi caso, me desgañité, reclamando en vano, Ruby Tuesday y sobre todo, Wild horses.
Dicen que entre los muchos turistas extranjeros que viajaron a La Habana para el concierto estaba el actor Richard Gere. Y también estuvo el muy parecido físicamente a él vicepresidente Díaz Canel, que supongo haya rabiado de envidia  al ver el poder de convocatoria de los Stones, que, a diferencia del partido único y las  organizaciones de masa a su servicio, sin coaccionar a nadie, reunieron a  mucho más de medio millón de personas y las pusieron a saltar y a gritar de todo corazón, y lo que es peor, a agitar banderas no solo cubanas, sino también, qué horror,  inglesas y yanquis.
Respecto a las lágrimas que se quedó esperando el fraterno Iván, que quería usarme como hilo conductor de la historia que iba a escribir sobre los Stones,  que no desespere, porque se rumora  que Paul McCartney no quiere ser menos y también aspira a presentarse en Cuba. Y ahí sí, en el concierto del ex-beatle,  es probable que no pueda contener el llanto.
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