Las puputov, Luis Cino

Los venezolanos que protestan en las calles para impedir que el régimen de Nicolás Maduro logre acabar de demoler las instituciones democráticas e instaure definitivamente la dictadura, han inventado un arma con qué enfrentar a los represores de la Policía, la Guardia Nacional y los  Colectivos Bolivarianos: los puputov. Se parecen a los cocteles molotov, pero en vez de gasolina llevan mierda.
Los cotorrones del régimen chavista, que no pierden ocasión de acusar a los opositores de fascistas, terroristas, y  de adjudicarles planes golpistas de tenebrosas tramas para provocar una intervención extranjera en el país, aseguran que los puputov constituyen una forma de guerra química, muy peligrosa para la población, debido a que puede provocar la diseminación de enfermedades.
Poco falta para que Delcy Rodríguez, Diosdado Cabello, Elías Jaua, Roy Chaderton o cualquier otro de los cotorrones al servicio de Maduro, vincule las bombas puputov con las teorías de los golpes suaves del  profesor Gene Sharp y establezcan la conexión con la OEA, la CIA y el Comando Sur.
Con lo fácil que sería reconocer que las puputov, como las guarimbas,  son simplemente el resultado de la rabia y la desesperación de un pueblo -¡gloria al bravo pueblo!, como dice el himno venezolano- que no se resigna a que le arranquen la libertad, la poca que le va quedando.
Es sabido que la asesoría castrista está detrás de cada paso que dan Maduro y sus secuaces para el sostenimiento de su régimen, desde la represión pura y dura y los intentos de desacreditar a los líderes opositores hasta las marañas leguleyas y la asamblea constituyente a la cañona con que pretenden “blindar las conquistas de la revolución bolivariana” y cuyo resultado no puede ser otro que el socialismo irrevocable, esa aberración calcada de la constitución con que nos aherrojan a los cubanos.
Pero no debe haber sido a los asesores castristas a quienes se les ocurrió eso de acusar a los guarimberos antichavistas  de emplear armas químicas por lo de las bombas puputov.  Lo digo porque los represores castristas, viles y escatológicos como son –por si las dudas y para que no me crean demasiado fino, prefiero llamarlos mierderos-, han recurrido profusamente y durante  mucho tiempo, a través de sus turbas de chivatones, al empleo de su versión de las puputov contra los opositores, sin preocuparse por la diseminación de microbios y enfermedades.
En honor a la verdad, el invento de lanzar recipientes con orines y mierda a sus adversarios, para vejarlos y desmoralizarlos,  no es de los castristas. Es una vieja práctica entre lo peor de la población carcelaria y de ciertos elementos patibularios de los peores barrios marginales. Los castristas, que beben lo peor de cada fuente, simplemente se la apropiaron.
En el verano de 1980, cuando se estrenaron los actos de repudio, en el mejor estilo maoísta, las turbas procastristas además de escupir, apedrear y golpear a las personas que se iban del país, solían lanzarles huevos podridos y mierda.
La práctica, aplicada contra los disidentes, reapareció a partir de los años 90. En decenas de oportunidades, partidarios del régimen, alentados por la Seguridad del Estado, han lanzado excrementos, aguas albañales, huevos y vegetales podridos, animales muertos y otras inmundicias contra casas de opositores. Lo han hecho, entre otros casos, contra la vivienda del ex preso político Librado Linares y más recientemente contra la casa de Caridad Burunate y Felipe Marrero,  en Colón, Matanzas, donde radica la sede del Proyecto Thondike.
https://www.cubanet.org/mas-noticias/camajuani-arrojan-excrementos-a-casa-de-disidente/
https://www.cubanet.org/noticias/ex-prisionero-politico-librado-linares-vuelve-a-ser-acosado-en-su-vivienda/
http://www.mariodcabrera.com/2013/07/cuba-vean-el-terror-del-regimen-de-raul.html
Con tal de hostigar a los opositores, el régimen no se ha preocupado de esparcir virus y microbios que pongan en riesgo la salud de la población. Preocupación que sí tienen cuando   multan con severidad -precisamente por “diseminación de enfermedades”- a los llamados buzos, los infelices náufragos de la sociedad socialista que para buscarse unos pesos y poder comer,  hurgan en los contenedores de basura y en los vertederos. El reguero de basura que dejan los buzos no es peor ni más peligroso que las aguas albañales que corren por las calles, pero hay que mantener el orden ciudadano y hacer que se respete la legalidad socialista…
Seguramente, los segurosos cubanos enviados a Venezuela se las ingeniarán para lidiar con las puputov de los guarimberos. Después de todo, a la mierda y la peste están acostumbrados. Puede que hasta los ponga nostálgicos…
luicino2012@gmail.com
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Los avances que solo ve el CPJ, Luis Cino

En el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) están deslumbrados por los periodistas y blogueros de sitios como El Estornudo, Periodismo de Barrio, La Joven Cuba y El Toque.
Sin desdeñar su calidad, su principal mérito sería la maña para no molestar demasiado al régimen, no irritarlo, con su criticismo moderado y el tratamiento de problemas sociales que desde hace años abordan los periodistas independientes y que ya son tocados hasta por la prensa oficial.
En el caso del blog La Joven Cuba, en todo momento sus autores, y particularmente Harold Cárdenas, se muestran dentro de la revolución y el socialismo, más a la izquierda que Lenin.
Aun así, esos periodistas y blogueros son frenados en su trabajo y presionados por el régimen, aunque no tanto como los periodistas independientes, a quienes el CPJ, desdeñosamente, como si sobrásemos en la ecuación, llama “estridentes”.
Para el CPJ, los que han levantado el techo de las prohibiciones y hecho posible la actual proliferación de sitios web más o menos fuera del control estatal no son los periodistas independientes que desde la segunda mitad de los años 90 hacen su trabajo a pesar del acoso de la policía política –recordemos que fueron más de 20 los periodistas encarcelados en la ola represiva de la primavera de 2003-, sino los periodistas y blogueros de La Joven Cuba, Periodismo de Barrio, El Estornudo y El Toque. Según el CPJ, son ellos los que “están abriendo nuevos espacios para la libertad de expresión y el periodismo emprendedor que hasta hace unos años parecían intocables”.
Poco faltó para que el CPJ encomiase también la labor de Iroel Sánchez en su blog La Pupila Insomne.
El CPJ, que no parece percibir el renovado atrincheramiento del régimen, se refiere a un envalentonamiento en la prensa estatal. Eso, en momentos en que a los periodistas oficialistas les prohíben colaborar en “sitios extranjeros” y les exigen que se midan con lo que escriben en sus blogs personales so pena de ser despedidos de sus puestos, como ha ocurrido ya con varios.
En el informe del CPJ se reconoce las detenciones y citaciones por parte de la policía política, pero no habla de la confiscación arbitraria de sus medios de trabajo que sufren frecuentemente muchos periodistas independientes y de las golpizas que han sufrido algunos de los que han cubierto las marchas de las Damas de Blanco.
Tampoco dice el informe del CPJ que ahora además, de la posibilidad de que los encarcelen por peligrosidad social pre-delictiva, los periodistas independientes pueden ser juzgados por “usurpación de capacidad legal”.

Y peor será cuando aprueben la ley de prensa que se cocina y que algunos ingenuos creen que les facilitaría un marco legal para desempeñar su trabajo, garantías y derechos, entre ellos el de tener acceso a la información pública. Dicha ley será la institucionalización de la censura y el control (des)informativo. ¿Qué ley de prensa podríamos esperar de un régimen que limita la libertad de expresión y de prensa con el pretexto de defender la soberanía y la seguridad nacional?

Antes de aprobar una ley de prensa habría que derogar la ley 88 y sacar del código penal cubano figuras delictivas como la propaganda enemiga, el desacato, etc, que son castigados con penas de cárcel de entre 8 y 20 años de cárcel. Y lo que es más importante: habría que reformar la Constitución, que plantea en su artículo 53 que los medios masivos son propiedad del Estado y no pueden ir en contra de los intereses de la sociedad socialista.
Parece que en el CPJ son de los que se creen la historia que el régimen castrista, en el post-fidelismo, pasó de totalitario a autoritario, y están dispuestos a ser condescendientes con sus trucos.

Uno no puede evitar la sospecha de si los nuevos blogueros y periodistas, esa especie de “revolucionarios por cuenta propia” que han encandilado al CPJ, no serán una invención del régimen para aparentar apertura, confundir, saturar la blogósfera y desplazar del foco mediático a los periodistas verdaderamente independientes.
Tal vez a los nuevos periodistas y blogueros no los creó el régimen, se les fueron de la mano, pero ya que no pudieron evitar su proliferación, les sacan provecho. Como hicieron con la protesta en la Plaza de la Revolución, durante el desfile del primero de mayo, de Daniel Llorente, un ex recluso y perturbado mental, que les vino como anillo al dedo para desacreditar a la oposición. El hombre no halló otro modo de protestar que enarbolar una bandera norteamericana. Justo lo que necesitaba la dictadura para renovar su discurso patriotero y probar que los que se le oponen son anexionistas, mercenarios del gobierno estadounidense. Redondito. Solo que se excedieron con la golpiza ante las cámaras. Pero, como el alacrán del cuento, es su naturaleza, no pueden evitarlo.
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El Sargento Peppers cumple 50 años, Luis Cino

A los que entonces éramos adolescentes, se nos erizan las canas del pasmo por lo raudo que ha pasado el tiempo –y con él la vida, nuestras vidas- cuando reparamos en que  Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band  cumple 50 años.

Por estos días finales de abril, pero en 1967, los Beatles concluían las 55 jornadas que demoraron en grabar el disco conceptual por antonomasia,  donde se inventaron una banda alter ego para llegar a extremos increíbles  con la experimentación musical y cantar a los sueños y pesadillas de su generación.

Sería el disco más importante de su carrera y revolucionaría no solo el rock, sino toda la música popular del siglo XX.

De tanto que me impresionó, recuerdo perfectamente  la primera vez que escuché aquel álbum. Fue en el tocadiscos de mis amigos de la infancia,  los hermanos Carlos y Guillermo Ubieta, en la diminuta sala de su apartamento de un pasillo de la calle Delicias, en La Víbora.

Como en Cuba todo nos llegaba con retraso, había pasado más de  un año del  lanzamiento del disco.  Lo trajo, oculto para que no se lo fuera a quitar la policía,  un radiante Juanito Beltrán, a quien se lo prestó alguien que tuvo el privilegio de que “se lo trajeran de afuera”.

En aquella época no teníamos discos propios, y menos aún de los Beatles. ¡Qué íbamos a tener discos si no teníamos una camisa o un par de zapatos decentes  para las fiestas de los sábados por la noche!

El disco del sargento Peppers nos fascinó. Nunca habíamos oído una música semejante,  casi nos mata del susto con canciones como A day in the life. . Pero tenía un inconveniente: aquella música era arrebatadora pero no servía para bailar.

Más interesados por la música que por cualquier otra cosa  y tan patones como éramos, en otras circunstancias eso no nos hubiera molestado, todo lo contrario, pero por aquellos días se celebraría los quince de nuestra vecina, la bella Miriam, la beldad del barrio, y queríamos que aquel disco que todos querían escuchar nos abriera la puerta de su fiesta.

De los ensayos, que habían durado más de un  mes,  nos excluyeron. Teníamos mala fama. Éramos pésimos bailadores de casino, solo sabíamos retorcernos al compás del rock,  usábamos pantalones demasiado estrechos y nuestras incipientes e hirsutas melenas escandalizaban al barrio. Pero sólo nosotros podíamos conseguir los discos.

Nuestro empeño de poner la música en la fiesta fracasó.  Llevamos varios discos de los Beatles, todos prestados, pero apenas logramos que  pusieran “Ana”, “From me to you” y Mr. Postman.  Ni hablar del Sgt. Peppers,  o el glorioso “Gloria” de los Shadows of the Knight, que fue el primer disco propio que tuvieron los Ubieta.

Nos batimos en retirada poco después  de las doce, cuando nos dijeron que estaba bueno ya de “música americana”, pusieron una cinta de Los Brincos, o de Juan y Junior, no sé, siempre los confundo, y algún chico se puso majadero cuando sonó aquello de “…me vine, sin decirte nada…”

En ese momento, llegó el responsable de vigilancia del CDR  a advertir que llamaría a la policía si no bajaban el volumen del amplificador ruso.

Fue después de aquel desastre que pudimos reparar con atención en la insólita música del  Sgt. Pepper’s. Hasta la manoseada portada con los muñecos de cera de Madame Tussaud, se nos metió por los ojos, rumbo al corazón. Nos puso como a la tal  Lucy: en el cielo y con diamantes.

En materia  musical, Sgt. Pepper’s fue nuestro arribo a la mayoría de edad: nos preparó para toda la música portentosa que vendría después. Solo que aquella música -y particularmente la de  los Beatles- nos traería demasiados  problemas.

En un país en revolución, donde  prometían el paraíso comunista, los sueños no podían ser sicodélicos, sino verde olivo y con pespuntes rojos. Una banda de melenudos  y que para colmo cantaban en inglés, tenía forzosamente que hacerse sospechosa de diversionismo ideológico.

¿Cómo hablar de corazones solitarios en un país con disciplina de campamento donde todo tenía que ser colectivo? Ni en el baño el hombre nuevo podía  estar solo. En becas, albergues agrícolas y campamentos militares, los baños no tenían puertas. No eran necesarias. El hombre nuevo debía ducharse y cagar en alegre colectividad,  regocijado, también en las duchas o las letrinas, de dedicarse por entero a la construcción del socialismo. Y siempre vigilantes, no fuera a ser que a algún muchacho desviado le diera por ocultarse para escuchar la música del enemigo o dilapidar  las energías que necesitaba la revolución en masturbarse frente a una foto de Brigitte Bardot  de alguna  peligrosa revista extranjera.

De esa época, en que la era  paría un corazón, martillaban las consignas que hablaban siempre de muerte y los Beatles aullaban “oh yeah”, datan nuestros primeros encontronazos con el Gobierno-Estado-Partido y sus policías, verdugos y chivatos con múltiples máscaras y disfraces.

Mejor no recordar aquella época infame. Es lo malo de escuchar hoy a los Beatles. Con las buenas memorias, vienen siempre aparejados los recuerdos tristes de una adolescencia difícil. Tratamos de evitarlo, pero no podemos. Siempre caemos en la misma emboscada alevosa.

Con las canciones de la banda del sargento Pepper, el único sargento amable que he conocido, prefiero evocar a mis amigos. A todos. Donde quiera estén: en Cuba, fuera de ella, en este mundo o en el otro…Los convoco a todos para celebrar por todo lo alto el medio siglo del Sgt. Pepper’s.

Confluiremos en un punto de un  cielo de mermelada, constelado de diamantes y flores de celofán, amarillas y verdes, fosforescentes, sicodélicas. Les garantizo que acudirá una multitud de  muchachas en minifalda y con ojos de calidoscopio.  Juntos, como en los viejos tiempos, cantaremos “With a little help from my friends”.  Lo necesitamos y merecemos. Trataremos de no desafinar. Y  lo conseguiremos. No puede ser de otro modo.
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Havana Moon, Luis Cino

 

Al fin he logrado ver en mi computadora Havana moon, el video dirigido por Paul Dougdale del histórico concierto de The Rolling Stones en La Habana.

El mayor concierto efectuado en Cuba ocurrió el 25 de marzo de 2016 en los terrenos de la Ciudad Deportiva, pero más de un año después y casi cinco meses después de terminado el DVD, aun no se ha visto ni siquiera una escena en la TV cubana. Y no parece que tengan intenciones de ponerlo alguna vez.

Es como si quisieran que pensáramos que ese concierto nunca ocurrió, que nunca vimos a los Stones, que fue otro de nuestros locos sueños con la libertad.

Dicen que a los mandamases del régimen le disgustó no solo lo que opinó MickJagger sobre la falta de libertad que percibió en Cuba, sino también lo que califican de regodeo en las escenas de ruina y decadencia de La Habana, al inicio de la película.

¿Acaso no es así y peor? ¿Qué esperaban que mostraran? ¿Los pioneritos jurando ser como el Che, los turistas tomando mojitos, bailando salsa y vacilando con las mulatas, los chivatones que todavía quedan haciendo la guardia del CDR, los ancianitos practicando taichi en los parques?

Y va bien que el público que se ve en el concierto es tan entusiasta y gozador de la música de los Stones como el de cualquier otro país del mundo. Pero eso fue a pesar de los mandantes. Su virulenta y ridícula persecución durante tantos años del rock y la música anglosajona toda, las melenas, los jeans y todo lo que consideraban que era “diversionismo ideológico”, no logró estropearnos del todo la fiesta irrepetible que fueron los años 60 y 70, por muy vigilada y reprimida que fuera.Y lo que es peor para ellos: no pudieron impedir que contagiáramos el gusto a nuestros hijos, no importa si también en su momento tuvieron que jurar que serían comunistas y como el Che.

Estuve en el concierto, cómo no iba a estar, y no hay quien me haga el cuento. Había miles de cuarentones, cincuentones y sexagenarios, pero la mayoría eran jóvenes. Y al verlos bailar y cantar las canciones de los Stones que nos sabíamos de memoria y nos enloquecían muchos años antes de que ellos nacieran, me pareció vernos en ellos, como éramos entonces, nosotros, los amigos dispersos por el mundo ylos que ya no están en este mundo pero siguen estando gracias a esa música y los recuerdos que evoca,…

Por eso, porque de nada valieron las prohibiciones, porque nos resbalaron, porque fracasaron en el intento de convertirnos en autómatas, los mandantes quieren que olvidemos aquel concierto, que pensemos que no ocurrió, que fue solo un sueño. Supongo que todavía estén despechados y roñosos de que sin ser convocados por el partido único o la CTC, sin tener que responder a carcelarios pases de listas, más de un millón de personas hayan acudido y de qué modo tan entusiasta, al conjuro de los Rolling Stones. Por eso, lo más probable es que no pasen Havana Moon en la TV.

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De qué es culpable Iván García, Luis Cino

Con mucha preocupación me entero de que el colega Iván García vuelve a estar en la mirilla de la policía política. Amigos y vecinos suyos y personas que le han servido de fuente para sus informaciones han sido amenazados por oficiales de Seguridad del Estado, quienes les han dicho que vigilan e investigan a Iván desde hace cinco años.
Teniendo en cuenta que es un tipo razonable y objetivo, nada dado al teque, la exageración y los extremismos, creo saber por qué los represores vigilan con tanto ahínco a Iván García, por qué les molesta, de qué es culpable. Y es un delito grave para un régimen que se basa en la mentira y el ilusionismo. En las crónicas que escribe infatigable, Iván refleja nuestra realidad tal como él la ve, que casi siempre es como es, dice las cosas sin tapujos, sin maquillarlas ni dar demasiados rodeos, y eso le da una credibilidad irrebatible.
De casta le viene al galgo. Iván García es hijo de Tania Quintero, otra que no tiene pelos en la lengua. Antes de ser disidente, Tania Quintero fue periodista de la TV. En los años 80 hacía un programa, Puntos de Vista, donde se atrevía a tratar temas que entonces eran considerados tabú, y recogía en la calle opiniones de la gente que por lo inusuales, lo dejaban a uno pasmado y preguntándose cuándo los censores entrarían en escena con sus tijeras.
Iván heredó de Tania tanto la franqueza como la tenacidad y constancia en el trabajo periodístico. Muchas veces me he preguntado cómo es capaz de escribir tanto y con esa calidad. Y si no pregunto de dónde saca el tiempo, es porque sé que casi no duerme.
Conozco bien a Tania e Iván. Tengo la dicha de ser amigo de ellos desde hace muchos años, casi tantos como los que llevo en el periodismo independiente. Nos conocimos a fines de los años 90, en los tiempos de Cuba Press, que dirigía el poeta Raúl Rivero. En aquella época, todavía no disponíamos de Internet para enviar al exterior nuestros trabajos, y teníamos que escribirlos en un papel, a máquina, si teníamos, o con un bolígrafo o un lápiz, y luego enviarlos por fax, si aparecía alguno, o la mayoría de las veces, leerlos por teléfono, en alguna casa donde hubiera y no temieran permitirnos usarlos, para que los grabaran y luego los transcribieran y publicaran.
También estuvimos juntos en la revista De Cuba, que dirigía Ricardo González Alfonso, una quimera hecha realidad que terminó con la ola represiva de la primavera de 2003.
Luego, Tania se vio forzada al exilio. Vive en Suiza desde hace trece años y desde allí sigue trabajando en su blog, con una tenacidad que muchos jóvenes envidiarían. Quien lea Tania Press, y siga sus enlaces, poco más necesita leer para estar informado acerca de lo que pasa en Cuba y el mundo.
Con Iván he andado un largo trecho. Hemos compartido las verdes y las maduras. Si hay un equivalente en la prensa independiente a aquel curso délfico de Lezama, ese lo pasamos juntos, con Raúl Rivero. Desde los días de la incertidumbre por el futuro y de la angustia por los amigos encarcelados, hemos compartido satisfacciones y reveses, hemos celebrado y lamentado. He colaborado en su blog, donde siempre cuento con una esquina. Estuvimos juntos, hace exactamente por estos días un año, en aquel concierto que parecía un sueño, el de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva, y también en el evento Voces Abiertas, en Miami, poniendo los puntos y las comas en su lugar, para evitar que ciertos personajes recién aparecidos vayan a hacer un cuento que no es y vender gato por liebre a aquellos dispuestos a comprarlo.
Iván siempre se ha negado a marcharse de Cuba. Hace bien. No lo concibo lejos de sus lugares y su gente, que son la materia prima de su trabajo. Y él no tiene para cuando parar de escribir y decir sus verdades. Así que los represores se las verán feas con él, si insisten en acallarlo. Y que lo sepan: Iván no está solo.
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La salud es gratuita pero cuesta, Luis Cino

En los hospitales cubanos han colocado carteles que rezan “La atención médica es gratuita, pero cuesta”, y a los pacientes ingresados les entregan -solamente para que sepan, no para que paguen- una hoja con la cuenta del costo de su operación o tratamiento.
Así, los enfermos, por cortesía del Ministerio de Salud Pública, pueden enterarse de cuánto les costaría, si vivieran en otro país, el cuidado médico que reciben gratuitamente los cubanos. Se enterará pasmados de que, digamos, una operación de apendicitis o la implantación de un marcapasos le costaría no menos de 30 000 dólares. Y ni hablar de un tratamiento de hemodiálisis…
Luego de eso, se supone que no seamos malagradecidos y no nos quejemos más de la atención médica que recibimos, que aunque cada vez sea de peor calidad, como la educación, por mala que sea, es gratis, al igual que el entierro, gracias a la revolución y al socialismo, y a pesar del embargo.
A caballo regalado… Así, ni chistaremos si faltan las medicinas en las farmacias y si en el hospital no hay agua, nos come la mugre, las sábanas parecen sacadas de una morgue de Damasco, los médicos se fueron de misión al exterior, no hay alcohol para las curaciones porque los camilleros se lo bebieron y la enfermera apenas nos escucha porque tiene puesto los audífonos y se menea al ritmo del reguetón.
Se supone que pensemos, teniendo en cuenta el inmisericorde bombardeo de ciertas tristes verdades a que somos sometidos por el periódico Granma y el NTV, que ya quisieran tener atención médica gratuita en otros países pobres, e incluso ricos, como los Estados Unidos, donde el sistema de salud es un desastre y la medicina un gran negocio, y donde por falta de dinero, miles de personas, principalmente niños, mueren de enfermedades perfectamente prevenibles y curables.
Ahora que el barco, sin el gran timonel y sin perspectivas halagüeñas a corto o mediano plazo, hace agua, parece que los caciques de verde olivo quieren inducirnos a recordar una vieja conseja: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”.
Es una actitud chantajista y sacona. Si este es un estado socialista, como se supone que sea, la salud y la educación –que debieran ser de más calidad, al menos como era hasta hace 30 años- son una obligación del estado, no un favor que graciosamente le hace al pueblo. Máxime cuando del sudor de ese pueblo atado y amordazado, de los misérrimos salarios que les paga, de los impuestos y demás contribuciones con que los esquilma, es de donde salen todos los gastos del estado.
Sería muy bueno que igual que nos comunican cuánto cuesta una operación o un ingreso en un hospital, nos dijeran los mandamases cuánto gasta el MININT en vigilancia y represión, cuánto cuestan las armas para un ejército desproporcionadamente grande y con demasiados generales, cuánto cuestan los carros en que se mueve la elite, cuánto cuestan los numerosos eventos en La Habana a los que asisten papanatas, sabichosos y atorrantes de todo el mundo, cuánto cuestan las recholatas a todo trapo de los príncipes de la realeza castrista…
Sí, será muy bueno, no vendrá mal, que nos tengan al tanto de las cuentas del estado.
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Los por qué de los críticos, Luis Cino

Últimamente, de tan críticos con el sistema, asombran ciertos blogs y  algunos de los  comentarios de los lectores en Cuba Debate, la versión en el ciberespacio del periódico Granma, el órgano oficial del Comité Central del Partido Único.

Si uno se asombra, supongo que los jefes de la ortodoxia retranquera e inmovilista, ante tanta discrepancia y personas que piensan con su cabeza en vez de corear el estribillo, deben estar más que preocupados, asustados.

La cortina de mentiras y verdades a medias que tapó la luz durante  décadas  ya no da  para más, no aguanta otro parche. Los que creyeron alguna vez ciegamente en la revolución castrista al fin pusieron los pies en la tierra, empiezan a pensar con cabeza propia y a regatear su incondicionalidad.  Y no precisamente porque  puedan acceder a Internet en su centro de trabajo o en un punto wi-fi o darse el lujo de ver la CNN en Español o algún programa  del paquete semanal, sino porque continuamente chocan con  las arbitrariedades, las limitaciones y los abusos que les impone el régimen.

Las dudas son serias y muchas, pero la mayoría de los que hasta no hace mucho eran incondicionales y que ahora comienzan a cuestionar y a discrepar,  no tiene buena opinión de los opositores. Sucede, en primer lugar, porque sólo saben de ellos lo que dice Granma y Mesa Redonda. O sea, que son “mercenarios pagados por el imperialismo norteamericano”.

He escuchado a algunas de esas personas decir  que los opositores  son extremistas  de derecha.  Se tragaron el cuento de la semana para matar comunistas que pidió hace más de 15 años  un obcecado de la radio anticastrista de Miami  y que la propaganda oficial ha explotado  hasta la saciedad para convencer a sus partidarios de la necesidad de vida o muerte de cavar trincheras y echar rodilla en tierra  para eternizarlos a ellos  en el poder y que puedan tranquilamente seguir disfrutando sus privilegios.

Esos que consideran extremistas a los opositores, no han tenido modo ni ocasión de comprobar que muchos opositores  ni siquiera son de derecha. Digo, si no es que con el advenimiento de Trump y lo turbulento que se ha vuelto el mundo,  han cambiado demasiado las cosas desde los tiempos de la Convención y los jacobinos en aquella degollina que fue la Revolución Francesa, donde se creó eso  de la izquierda y la derecha.

Los hay que embisten  contra todo lo que se  asemeje al rojo, pero  algunos disidentes cubanos deben ser bastante menos conservadores y más avanzados en muchos temas, hasta  de izquierda si se quiere, que los obtusos caciques de un régimen que lleva  58 años jugando a las casitas con un socialismo chapucero mientras mata de hambre y desesperanza a su pueblo.

El socialismo que propugnan  los caciques y los bonzos del castrismo  cada vez  tiene menos que ver  con el  marxismo  y más con un capitalismo de estado mercantilista, avaro y mendicantemente  pedigüeño.

Hay los que tienen el policía sembrado en el alma y dicen que la oposición está dividida, enfrentada entre sí y penetrada de punta a cabo por la Seguridad del Estado, y que por tanto, nunca irá adelante, y no vale la pena hacerle demasiado caso.

Hay también los que reprochan a la oposición en general, como si fuera tan monolítica como el régimen, por no haber sabido llegar a las masas y ganarla para su causa, con tantos motivos como tienen los cubanos para lanzarse a protestar.

¿Para qué desgastarnos en volver a hablar de lo arduo que resulta vencer la apatía, la desmoralización,  la indefensión inducida en la población  por más de cinco décadas de una dictadura que no cesa en la represión, el control absoluto , la desinformación y el bombardeo propagandístico? En definitiva, todo eso explica por qué son tan críticas con la oposición estas personas. En el fondo, lo que hay es su  miedo. Buscan una justificación para no actuar. Y a algunos les sirve para aparentar que están en paz con sus conciencias.
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Conversaciones equivocadas, Luis Cino

Es muy interesante un trabajo de Pedro Monreal González aparecido el pasado 8 de febrero en Cuba Posible con el título   “¿Estamos teniendo en Cuba una conversación equivocada sobre la desigualdad?”
https://cubaposible.com/estamos-cuba-una-conversacion-equivocada-la-desigualdad/

Pero no hay que hacer grandes análisis académicos, disponer de indicadores confiables sobre la distribución del ingreso y de la riqueza,  recurrir a los índices Gini y Palma ni mucho menos  esperar por el improbable reconocimiento oficial del problema,  para afirmar que a partir del Periodo Especial la desigualdad social ha crecido en Cuba y se ha agudizado todavía más con las medidas de la llamada “actualización del sistema”: estas medidas, en la búsqueda de un crecimiento económico artificial, sin  sustento real, lo que han conseguido es generar más desigualdades y descontento.

Basta con salir a la calle, mirar alrededor, conversar con la gente, mirarse uno mismo y –política aparte- recordar cómo vivía, digamos, hace 30 años, antes que a Fidel Castro se le ocurriera darle contracandela a la Perestroika con aquella muy desafortunada Rectificación de Errores y de Tendencias Negativas, cuando afirmó que “ahora sí vamos a construir el socialismo”.

Lo peor es que el régimen, que conceptualiza lo que es  inconceptualizable,   hace planes para el año 2030 y habla de lograr un “socialismo próspero y sustentable”,  no da señales de que tenga interés en  una distribución más equitativa de los resultados del muy bajo crecimiento económico que logra.

Y como bien dice Monreal: “…La igualdad social –incluyendo una distribución relativamente equitativa de la riqueza y del ingreso, aunque no limitándose a ello- pudiera ser más importante para el futuro socialista del país, que otras de las características de la visión de la nación que oficialmente se han identificado. Un país puede ser soberano, independiente, próspero, democrático y sostenible, pero si genera creciente desigualdad, de una cosa pudiera estarse seguro: su sistema no sería socialista.”

Acerca del silencio oficial sobre la creciente  inequidad social, como si esta no existiera o no importara, dice Monreal: “Hacer un debate político sobre un modelo socialista y sus políticas públicas sin medir la desigualdad es un ejercicio raro, para decirlo amablemente”.

Demasiado amablemente, digo yo, que detesto los subterfugios.

¿De qué debate político habla Monreal?

Los tanques pensantes  agrupados en Cuba Posible, con tanto academicismo  y objetividad, tan dentro de los márgenes de la disidencia leal (al régimen), más allá de algunas sensateces  que dicen, suelen irse por las ramas.

Al régimen no le preocupa que su discurso político de retórica socialista sea cada vez más ajeno a la realidad cotidiana de los cubanos de a pie.

En Cuba, donde no ha dejado de regir una dictadura que se inició en 1959, no hay debate ni discusión. Lo que hay es simulacros, balbuceos apenas permitidos en restringidos espacios que los mandamases no permiten que se abran.

Bajo la égida oficial, todas las conversaciones sobre los problemas de nuestra sociedad son conversaciones equivocadas de principio a fin.  Como las de la merienda de locos de Alicia. Y siempre son manipuladas a favor de los intereses del régimen. Da lo mismo si versan sobre el problema racial, los derechos humanos,  la propiedad sobre los medios de producción, el periodismo,  la institucionalidad,  la libertad de la creación artística, la igualdad de género, la diversidad sexual, etc.

Ahí están la Comisión Aponte, el CENESEX con sus congas de gays revolucionarios, los congresos de la UNEAC y de la UPEC, los encuentros de jóvenes periodistas, los jueves de la revista Temas, la propia Cuba Posible… Ejemplos sobran de cómo lo que se supongan sean conversaciones, lejos de convertirse en debates, se tornan  monólogos de dirigentes. Eso, si no degeneran antes  en  blablablá insustancial  y pachanga chusma y sumisa…
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La burocracia y el funcionariado, Luis Cino

En los años 60, Fidel Castro y Che Guevara hablaban del burocratismo como un mal heredado del estado burgués que había que combatir y erradicar, aunque según aseguraban, ya estaba en vías de extinción.

Por entonces, proliferaban los organismos del Estado nombrados -como el partido único, la Juventud Comunista,  las organizaciones de masas, los ministerios, las fuerzas armadas y los órganos represivos-   por sus muy sonoras siglas o las combinaciones de ellas ( la Oficoda, la JUCEI, la JUCEPLAN, la ENMIU)   el papeleo, las planillas, los cuños, las firmas  y las reuniones por cualquier causa, las disposiciones absurdas,  las orientaciones y las contra-orientaciones, siempre venidas de arriba.

Las personas, para cualquier trámite, aun el más sencillo e intrascendente, como cambiar la dirección de su casa o mudarse de bodega,  tenían que hacer largas colas y ser peloteados de oficina en oficina, de un compañero burócrata encargado de atender un asunto a otro, con igual mala cara y desinterés en solucionar algo.

Si ha cambiado la burocracia desde entonces, en estas décadas que se nos han hecho tan largas a los que hemos tenido que vivirlas a puro sufrimiento,  ha sido para hacerse más fuerte y poderosa.  Es lógico.  La burocracia es inherente al socialismo real, que es el que ha imperado y aun impera en Cuba, por mucho que se hable del liderazgo carismático de Fidel Castro, del legado guevarista  y de  la excepcionalidad de la revolución cubana, que bajó de las lomas y no llegó con los tanques del Ejército Rojo, ni falta que le hizo para calcar entusiastamente  las recetas de Lenin y Stalin…

En Cuba, como ocurrió en los demás países del nunca bien vituperado socialismo real, el aparato burocrático acumuló poder,  se hizo gigantesco, inamovible y se ha fundido y confundido con el funcionariado. Y cada vez está no solo más alejado de los intereses populares, sino frontalmente contrapuesto a ellos. Es quien ejerce, a nombre del jefazo, la dictadura sobre el proletariado.

La burocracia-funcionariado, testaruda, egoísta, mezquina,  corrupta,  reacia a todo cambio que no redunde en su provecho, pone trabas a los intentos de reformar el sistema para intentar la sobrevida –la llamada actualización del modelo económico y los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista, que se implementan a paso de tortuga, con muchas más pausas que prisa.

La burocracia- funcionariado se ha convertido en el más peligroso de los gérmenes que amenazan la supervivencia de eso que todavía se empeñan en llamar la revolución. Y la dirigencia del Estado-Partido-Gobierno  está advertida del peligro, sabe que son pirañas, enloquecidas y voraces,  pero no puede prescindir de ellas.

Los gobernantes dicen combatir la corrupción, pero no le causa daños ni bajas a los adversarios. Es una paternalista y regañona  guerra, que solo quita el sueño a algún que otro imprudente que exageró y se sabe caído en desgracia.

Y así, siguen los desfalcos. Los resultados de una investigación realizada el pasado año  por la Contraloría General de la República revelaron que solamente  las empresas estatales habaneras tuvieron pérdidas ascendentes a más de 51 millones de pesos convertibles. Explicaron que se debió al descontrol, la falta de vigilancia, “la ineficiencia en la gestión y falta de integralidad en la planificación”. No se habló de responsables, y menos aún, de sanciones.

La burocracia-funcionariado es el reservorio de los ortodoxos, de los retranqueros que no quieren cambien las cosas de lugar, se pone paranoica,  recela de todo y de todos, estrecha el embudo, censura y prohíbe,  se niega a ceder espacios, a desatar las fuerzas productivas,  se opone y obstaculiza el desempeño económico autónomo, tanto de los llamados cuentapropistas (que no sean de la elite, de los suyos) como de las cooperativas.

Es la burocracia-funcionariado y no los emprendedores privados, como insisten en hacer ver, la que se opone denodadamente a la socialización y redistribución de la riqueza, como se supone sea en el socialismo. Atrincherada en los ministerios,  le interesa más mantener su poder,  sus privilegios, sus ganancias, que la implementación de medidas efectivas  que conduzcan a un desarrollo que permita se beneficien equitativamente  todos los miembros de la sociedad.

Y así, las instituciones del estado y el gobierno se hacen cada vez más disfuncionales e incapaces. Darían risa si no dieran grima…

La burocracia-funcionariado, hablando en los términos de la jerga oficialista, podría  ser calificada de   contrarrevolucionaria y anti-socialista.  Solo que ya resulta bastante hiperbólico llamar  revolución y socialismo a lo que va quedando del castrismo. Entonces, la burocracia-funcionariado  es la guardiana en el fondo de la gruta, más que de la llama, de los rescoldos del castro-socialismo verde olivo.
luicino2012@gmail.com
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Más con el corazón que con los pies, Luis Cino

Una colega que mucho admiro y respeto, Miriam Celaya, opinaba hace unos días que los que  lamentan y critican  la decisión del presidente Obama de eliminar la llamada política de pies secos, pies mojados, por considerarla un favor a la dictadura, hemos acabado pensando con los pies.
En mi caso particular, no pienso con los pies (nunca me ha pasado por la mente emigrar)  sino con el corazón, un órgano que tampoco es el más apropiado para pensar.  Reconozco que suelo pasarme de la raya en la pasión al condolerme de la mala suerte de mi pueblo.
Estoy  consciente de que otros, como los sirios, la pasan incomparablemente  peor. Sé que los contribuyentes norteamericanos no tienen por qué pagar los platos rotos y encima tener que  presenciar como muchos aprovechados abusan luego descaradamente  de su generosidad. Pero, mala o regular, es mi gente.  La culpa no es de ellos, sino de un sistema perverso que los deformó y los convirtió en una piara, y no quiero verla humillada, perseguida por la Migra, discriminada,  como muy pronto  sucederá.
No me cuento entre los  enemigos del acercamiento entre  Cuba y los Estados Unidos, pero hubiese preferido que fuese en otras condiciones.  Para que tuviese  sentido, era preciso  exigir que el gobierno cubano hubiera cedido algo  en el tema del respeto a  los derechos humanos y las libertades políticas. Al no haber nada en este sentido y por el contrario,  vanagloriarse el régimen castrista de que no ha hecho concesiones, el más mínimo gesto de los Estados Unidos que lo beneficie, es un regalo inmerecido que se le ha hecho y que solo reforzará su intransigencia guapetona.
Duele  este regalo de Obama, paralizador de pies, porque corta las alas a millares de compatriotas ansiosos por escapar de la opresión y la miseria, que será ahora mucha más en el caso de los varados en Panamá, Colombia y México, que quemaron sus naves al partir.
Es cierto que los cubanos debemos dejar de creernos que somos el ombligo del mundo, y que nos merecemos todo y más.  Más que eso, debemos dejar de huir y quedarnos  a recomponer la patria, y más aun, no esperar que se encarguen otros gobiernos  de resolver nuestros problemas.
Tampoco tiene el gobierno de otro país  que  encargarse de apretarnos las clavijas,  para que este pueblo,   por el hambre y  la miseria, no aguante más,  estalle y acabe con la dictadura.
Tanto si ese es el objetivo final que busca la eliminación de la política de pies secos, pies mojados, como si es solo otro rejuego de la politiquería de republicanos vs demócratas, una zancadilla de Obama  a Trump,  es algo bastante cruel  e inmoral.
Es deplorable la actitud de ciertos opositores que esperan se nutran sus filas ahora  porque la desesperanza de saber el corral cerrado con candado,  hizo con este  pueblo lo que ellos no fueron capaces de hacer: sacarlo del cinismo, la apatía y la indefensión y convencerlo de luchar por sus derechos y su libertad.
Qué se puede esperar si muchos de  esos personajes abochornan de tan entusiastas   al confiar en que un tipo como Donald Trump será el que  traiga la democracia a Cuba. ¡Precisamente él, con esa retórica retrógrada y esos gestos a lo Mussolini!
¡Trump! Por lo pronto, es de esperar, que el rubicundo y disparatado nuevo presidente norteamericano,  tan anti-inmigrante como se pinta, acabe de rematar a la Ley de Ajuste Cubano, luego  que Obama la dejó tambaleándose, colgada de un hilo.
No sigamos lamentándonos. En lo malo, e incluso en lo peor, siempre  hay algo  que se puede aprovechar. Coincido  con la colega Miriam Celaya: ahora que los inmigrantes cubanos no gozarán de privilegios y serán tratados igual que  los de cualquier país del mundo, reclamemos que tengan los mismos derechos que ellos  a la hora de entrar en la tierra donde nacieron, que puedan regresar  absolutamente todos, sin tener que pedir permiso, que no los chantajeen,  que no se arrogue una embajada   el derecho de no habilitarles el pasaporte, que no los  viren en el aeropuerto,  que no los esquilmen,  que puedan invertir y participar en la política nacional, que ningún zoquete se atreva a llamarlos ex -cubanos por residir fuera de la isla.
No hay duda: ya es tiempo  de que los cubanos recuperemos la vergüenza.
luicino2012@gmail.com
(Una versión similar fue publicada en Cubanet).                       M