Es hora de ser claros, Luis Cino

 

Desconciertan, por su ambigüedad y excesivo  comedimiento, la declaración y los cuatro puntos de Espacio Abierto de la Sociedad Civil Cubana, de cuya existencia conocimos – los que lo conocimos, quiero decir, porque muchos  todavía ignoran el potaje-  no gracias a una invitación a participar, sino -¡portento de estos tiempos de milagro y maravilla!- por un escueto trino en la cuenta de Twiter del secretario de Estado John Kerry.

En Espacio Abierto,  están varios de los que son (Marta Beatriz Roque, Elizardo Sánchez, René Gómez Manzano, José Daniel Ferrer) pero faltan otros. Supongo que se debió a la premura de la convocatoria.  

Se echa de menos, y bastante,  por ejemplo, a Berta Soler y las Damas de Blanco, Antonio Rodiles, Vladimiro Roca, Carlos Menéndez, a los más veteranos de la prensa independiente y los opositores que en la calle ponen el pecho a la represión.

¿Olvidaron sus años de lucha por la democracia? ¿Por qué no fueron tenidos en cuenta? ¿A quiénes quisieron ahorrarle el disgusto de su presencia?

De tantas ausencias y exclusiones, lo único que cabe esperar es que pronto haya una o varias declaraciones alternativas y se repita el ciclo de desacuerdos y discordias entre los grupos opositores, que vendrán como anillo al dedo al régimen y serán un jeroglífico para Kerry,  preocupado como está por los apetitos imperiales de Putin, el conflicto israelí-palestino y los terroristas del Daesh.         

Con tantas ausencias de opositores, tantos desconocidos, recién llegados,  poco conocidos,  regulares reconocidos y malos y buenos por conocer como hay entre los firmantes de la declaración y los 4 puntos, uno queda con más interrogantes que certezas.

¿Se descriminalizará por fin la disidencia? ¿Qué tipo de disidencia? ¿La nueva, la leal, la reciclada, la  armada para la ocasión? ¿Y la otra, la real, la de siempre?

¿Cómo se determinará quiénes son presos políticos o no? Porque no hay seguridad, si se habla de tanto apego a los estándares internacionales, de que se tenga en cuenta a las decenas de opositores que están en la cárcel por figuras tales como el desacato, el escándalo público, atentado, peligrosidad pre-delictiva, etc.?

Soy de los que está a favor de una nueva constitución, acorde a las realidades del siglo XXI,  pero para ello debe haber una asamblea constituyente en la que estén representados,  bien representados, sin exclusiones de ninguna índole, todos los sectores de la sociedad cubana. ¿O es que tenemos que aguantar que los mismos que hicieron la actual constitución, santificadora de la violación de los derechos de los cubanos, sean los encargados de retocarla y modificarla, a su gusto y conveniencia, para legalizarles a sus sucesores  el trapicheo, la piñata y los negocios con el capital foráneo?        

Es hora de ser  claros y dejarnos de circunloquios y complacencias. De documentos y declaraciones inútiles, así como de timos y escamoteos,  ya hemos tenido bastante.
 luicino2012@gmail.com   

 

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Cuando los músicos hablan de política, Luis Cino

 

Dio en el clavo Descemer Bueno cuando afirmó recientemente que los músicos no deben hablar de política. A lo que agrego yo: Especialmente si lo que van a hablar es mierda. Y peor aun si luego van a pedir perdón por lo que dijeron, y a intentar rectificar digo por Diego y viceversa.

 Recientemente, en Miami, Descemer Bueno se disculpó por sus declaraciones a Rusia Today de hace unos meses, en las que condenaba el embargo norteamericano, al que no llamaba así, sino bloqueo, como mismo lo llama el régimen castrista. Pidió que perdonaran lo que había dicho, y que en lugar de eso, tuvieran en cuenta toda la felicidad que le había dado a su público con su música y sus canciones.

Se le fue la mano a Descemer con las disculpas. No era para tanto. Como mismo él  se opone al embargo, muchos más estaríamos también en contra si no fuera por el hecho de que levantarlo precisamente ahora, incondicionalmente, sin exigir ni siquiera unos cuantos pasos hacia la democratización, sería hacerle a la dictadura, que no ha dejado de serlo, un regalo que no se merece, el mayor de todos, y que serviría para perpetuarla.

Por lo demás,  no habría mucho que objetar a la postura anti-embargo del cantante si se hubiera limitado a las aristas humanitarias del problema, como por ejemplo, las dificultades para adquirir en los Estados Unidos los medicamentos para los enfermos de cáncer y  Alzheimer. Pero el cantante, además de  ese argumento, utilizó otros que resultan, al menos en su caso, ridículos.  Como  cuando dijo que por culpa del embargo  su familia en la Habana Vieja no puede brindar a los que visitan su casa ni siquiera un vaso de jugo.

No se sabe a qué tipo de frutas para hacer el jugo se refería Descemer Bueno, si a los albaricoques o las manzanas californianas,  porque  si faltan los mangos, las guayabas o las naranjas, o si sus precios están por las nubes,  no es por causa del embargo precisamente, sino por la ineficacia de la planificación centralizada, la desidia y la ambición de los burócratas del Ministerio de la Agricultura y la mafia que orbita en torno a ellos. Pero de eso, Descemer Bueno no dijo ni pitoche.  

Sabemos por experiencia propia que cuando llega una visita a un hogar cubano lo más probable es que no haya jugo que brindar,  una taza de café y tal vez ni un vaso de agua fría, porque hace dos o tres días que no  hay en las tuberías. Pero no debe ser el caso de la familia de  Descemer Bueno, quien tras  irse de Cuba en los años 90, logró buenos dividendos con las canciones que compuso para artistas tan cotizados como Enrique Iglesias. Será muy tacaño Descemer Bueno, porque dinero  tiene para que en su casa brinden  jugo, café de verdad, no del mezclado con chícharos, whisky o cerveza Bavaria, ya que escasean la Bucanero y la Cristal, supongo que también a causa del bloqueo yanqui.

 Cuando regresó a Cuba, lo hizo con el pasaporte presto para volverse a ir cuando lo deseara –todavía no habían modificado las leyes migratorias cubanas- y con dinero suficiente para vivir  como Carmelina la del cuento.

Por todo ello, pero sobre todo, teniendo muy en cuenta que no se afectara la venta de sus discos en un mercado como Miami, Descemer Bueno, que antes no hablaba de política ni por casualidad, consideró prudente volver a la posición anterior y disculparse por todas las boberías  que dijo al periodista de Rusia Today.

A propósito, el arrepentimiento de Descemer Bueno en Miami puso a rezongar sobre los perdones y las disculpas  al bloguero Osmany Sánchez, de La Joven Cuba. Dijo: “No sé si yo hubiese tirado huevos en el 80. Si pensara como pienso hoy, no lo haría, pero no me atrevo a cuestionar o criticar a los que lo hicieron…No sé, repito, lo que es normal ahora no lo era hace 30 años”.

Osmany Sánchez, que parece considerar que los valores y los principios tienen época, y que hay contextos históricos que justifican las vilezas, lo más probable es que hubiera gritado insultos y tirado huevos, piedras y escupidas a los que se iban de Cuba. Como mismo ahora debe estar dispuesto a participar en mítines de repudio contra las Damas de Blanco. Igual que se prestan, él y otros de sus colegas de La Joven Cuba, en el ejercicio de un supuesto oficialismo por cuenta propia, a pedir paredón mediático para los periodistas independientes.         

Volvamos al tema de los músicos que hablan de política.   

Un músico que no seguirá los consejos de Descemer Bueno  y seguirá hablando de política y haciendo  papelazos, pero sin disculparse, es el pianista Frank Fernández.  

La noche del pasado  21 de octubre, Frank Fernández creyó necesario patentizar ante los espectadores del programa televisivo Piso 6 su devoción por Putin, que no parce ser menor que la de Dimitri Medvedev.  Pero escogió mal el lugar: un programa de reguetoneros y timberos. Si invitaron al afamado pianista fue con motivo de la Jornada de la Cultura Nacional. Para que hablase de música. Podía confesar su amor por Litz o Beethoven, cuyas sonatas interpreta como nadie; si quería hablar de Rusia, podía referirse a la pianística rusa, a Tchaicovsky o Rachmaninov. La  perorata putinesca mejor la hubiese reservado para la Mesa Redonda o la próxima entrevista que le hiciera el periódico Granma. Ahí, como si quería ensalzar, por aquello de las conquistas territoriales, a Tamerlán o a Iván El Terrible. Pero, ¿en Piso 6?         

Sin pestañar ni ruborizarse, parado al lado de su piano Steinway, el artista dijo: “Putin es un hombre que tiene los pantalones bien puestos”.  Poco faltó para que en su éxtasis, más propio de una descocada solterona moscovita que de un pianista, agregara: “¡Y la camisa bien quitada!” Porque Frank Fernández debe ser de los que luego de tanto tiempo sin un Padrecito de todas las Rusias que valga la pena,  se estremecen al ver las imágenes del rudo Putin que desafía a Occidente, cuando va de cacería, a caballo, con su fusil automático y el atlético torso expuesto al aire de la tundra.

“¡Que sepa Putin que no está solo!”, agregó el pianista, tan embullado que parecía a punto de alistarse en las milicias pro-rusas  de Donestk y Luganks. Solo le faltaba la canana y una camiseta  con el rostro de Putin.

¡Qué vergüenza ajena nos hizo sentir a los que lo admiramos como pianista!

Otro músico arrepentido por haber hablado boberías cuando creyó que hablaba de política es Aldo Rodríguez, de Los Aldeanos. Luego de haber expresado su admiración por  Che Guevara, recientemente en Miami, que parece ser un lugar ideal para los arrepentimientos, solo superado –aunque por otras razones- por Villa Marista, dio marcha atrás y explicó que debido al adoctrinamiento que recibió desde niño y a que no tenía acceso a Internet cuando estaba en Cuba –ahora vive en Tampa-, no sabía bien quién era realmente Che Guevara (¡!).

Y ya debe estar el musculoso, trenzudo y mal hablado rapero preparándose para el próximo arrepentimiento, luego de que un reportaje de AP, que parece fue soplado por el Departamento Seguridad del Estado, lo echó pa’lante como a un carrito de helado, al  vincularlo a él y otros raperos y artistas cubanos y hasta a tracatranes de Mariela Castro en el Cenesex, con un supuesto plan subversivo de la USAID, que habría sido implementado, a partir del año 2009, a través del promotor musical serbio Rajko Bozic, de Creatives Associates.  

Por lo pronto, ya Aldo Rodríguez  negó haber recibido dinero del gobierno norteamericano y aseguró tener la conciencia tranquila. Ojala pronto no pida disculpas al gobierno cubano  por haberse prestado con su hip-hop  para las maquinaciones malévolas de la USAID.

En cambio, los muchachos  de Matraka Producciones, a los que los comisarios anticulturales   les robaron descaradamente  el Festival Rotilla y  lo convirtieron en una pachanga playera inocua,  no han pedido disculpas ni buscado justificarse, sino que se han plantado firmes frente al reportaje de AP,  que parece más bien del periódico Granma al servir  a los intereses del régimen de igualar subvención a subversión para coaccionar y hostigar a los artistas independientes.

En un comunicado, los de Matraka Producciones han dejado claro que no se sienten culpables de buscar financiamiento para hacer su obra, ni obligados a buscar “la complacencia o aprobación de nadie”.   

¡Bravo por ellos que defienden el derecho a existir del arte independiente!  ¡Ojala no los obliguen a arrepentirse!
luicino2012@gmail.com     

 

Los embrollos de Alex Jardines, Luis Cino

 

Los académicos, cuando hacen análisis políticos sobre la situación actual de Cuba, suelen, por exceso de teorización, disociarse de la prosaica realidad, no llamar las cosas por su nombre, crear embrollos innecesarios e incurrir en injusticias.

Es lo que hizo Alex Jardines  en el primero de una serie de tres artículos muy interesantes aparecidos en Diario de Cuba y que tituló “¿Transita Cuba hacia la democracia?”.

En primer lugar, no amerita llamar “ideologías revitalizadas al calor de las reformas raulistas” a los oportunismos, simulacros, astracanadas y trampas para bobos, al estilo de las 100 flores de Mao, que se escenifican actualmente en este circo del desastre, el absurdo y la indignidad que el castrismo ha hecho de Cuba.  

Me refiero en particular a la aceptación por Alex Jardines de la existencia de un “neonacionalismo revolucionario”, dividido en “tres variantes que se retroalimentan y complementan en sus marcadas diferencias: el nacionalismo oficialista, el católico y el diaspórico o diasporal”.  

Nacionalismo revolucionario… Trago en seco siempre que oigo hablar en pleno siglo XXI de esas trasnochadas supercherías patrioteras decimonónicas que tanto daño le han hecho a Cuba.

Del nacionalismo oficialista, más coartada que otra cosa, ¿qué decir que ya no se haya dicho?

Jardines llama “nacionalismo católico” a ese parto de los montes que es la llamada “oposición leal”, representada por Orlando Veiga y Leiner Hernández, que viene a ser el oficialismo por  otros medios.   

Como mismo el régimen condiciona las libertades  y los derechos humanos de los cubanos a las políticas norteamericanas hacia Cuba, los representantes de la llamada oposición leal recurren a esas extemporáneas ideas del nacionalismo revolucionario para tildar de anexionistas y antipatriotas a todos los que se opongan al castrismo.

Esa oposición leal que acepta mansamente la Constitución actual, el socialismo, los Lineamientos,  la primacía del Partido Comunista sobre la ley y la sociedad, y que pretende complementar al gobierno, ser parte de una sociedad civil controlada por el Estado y antagónica a la oposición, como bien dice Jardines, tiene todo el espacio preciso para las lealtades y bien poco para disentir.   

En cuanto a lo que llama nacionalismo diaspórico, Jardines echa en el mismo saco a Armando Chaguaceda, un socialista libertario, para nada excluyente, que a Arturo López-Levy, que es lo más parecido que hay –si es que no lo es- a un agente de influencia del régimen cubano oportunamente sembrado en el mundo académico norteamericano.

Cuando digo que Jardines incurre en injusticias me refiero particularmente a los  doce párrafos que dedica en su artículo al desmontaje conceptual de las tesis de Pedro Campos, quien aboga por un socialismo democrático, autogestionario, cooperativista y participativo.

Con todo y su devoción por el marxismo, sus contradicciones, imprecisiones y su aturdimiento a la hora de ubicar las izquierdas y las derechas en el actual panorama cubano, Pedro Campos me parece mucho más sincero y convincente que personajes del tíbiritábara ideológico y la componenda como Veiga, López-Levy y Leiner Hernández, que son quienes hubiesen merecido las andanadas.

Tampoco es  justo Alex Jardines con la oposición cubana, con la que se muestra cuestionador,  y  escéptico.    

Jardines señala lo que considera “uno de los problemas básicos de la oposición cubana: la carencia del factor intelectual”. Asegura que en Cuba, a diferencia de otras partes  del mundo, la disidencia y la oposición no son “movimientos animados por intelectuales”.

Es una afirmación demasiado categórica, que debería repensarse antes de ser formulada. No son demasiados, pero hay intelectuales en la oposición. Lo que pasa  es que algunos no quieren reparar en ellos y prefieren dedicarse a analizar los ilusionismos  y las payasadas de otros actores.

De todas formas,  seguimos a la espera de que académicos, miembros de la UNEAC y otros de la fauna intelectual, venzan el miedo, el orgullo y sus egoísmos, y en vez de poner pies en polvorosa, los pongan en la tierra, en la suya, la cubana, y se unan a la oposición. A la verdadera, quiero decir. A esa oposición, vapuleada y siempre cuestionada, que tan poco pesa en los análisis políticos de académicos como Alex Jardines.  
luicino2012@gmail.com
Publicado en primaveradigital.net  

 

Una fe inquebrantable, Luis Cino

 

Aunque -testarudo que soy- a ratos  incurro en ese error, sé por experiencia propia que  el intento de hacer entrar en razones a los castristas convencidos que aun quedan suele resultar un ejercicio harto desgastante.

No importa -o es peor aun- si el tipo, para estar a tono con los nuevos tiempos, aparenta mostrarse razonablemente crítico y abierto.  Al final, todo lo justifican. No se han podido librar del catecismo fidelista que aprendieron bien y de memoria y que con ligeras “actualizaciones”, no pierden ocasión de  recitar.

Tengo un vecino, ex militar, sexagenario, fidelista convencido, que luego de muchos años sin tratarme, últimamente me concede la gracia de su saludo y su conversación, siempre que no haya muchos  testigos por los alrededores.  

Cuando hablamos, trata de convencerme de sus razones, las pocas que tiene. Parece que no pierde las esperanzas de anotarse el mérito de que un día yo retorne al redil. Solo que el hombre trata de hacerme el cuento de los últimas décadas  como si yo, en vez de haberlas  vivido, por el hecho –incomprensible para él- de ser periodista independiente, hubiese pasado todo este tiempo en New Jersey u Oklahoma y acabara de aterrizar en Cuba.  

Hace unos días se me acercó para decirme que había leído no sé dónde que Stalin, en su juventud, había sido informante de la Okhrana, la policía política zarista. Según él, eso explicaría sus posteriores “errores y desviaciones” (jamás utiliza la palabra crímenes cuando habla del estalinismo).

-¡Qué distinto hubiera sido todo si no hubiera muerto Lenin!- exclamó.

El hombre se puso lívido cuando le contesté que Lenin era otro asesino, que el estalinismo no era más que los aportes leninistas al marxismo llevados a su máxima expresión.

-¿En qué te basas para hablar así de Lenin?-  preguntó.

Me encanta hablar de historia.  Le expliqué que Lenin, en diciembre de 1917, aseguraba que para implantar un  “riguroso orden revolucionario”  había que “aplastar sin misericordia los brotes de anarquía entre gamberros, borrachos, vagos y contrarrevolucionarios”. Un mes después proclamó que su objetivo  era “limpiar la tierra rusa de todo bicho nocivo”. Y no se refería el camarada Vladimir Ilich a los piojos que trasmitían el tifus y diezmaban al Ejército Rojo.  Sus guardias rojos y chekistas asesinaron a varias decenas de miles de  mencheviques, aristócratas, burgueses, sacerdotes, creyentes.

El tipo apeló al argumento de que “las revoluciones, para sobrevivir, tienen que defenderse de sus enemigos”. Y caímos en el caso de Cuba, donde según aseguró, “jamás se llegó a esos extremos”.

Aunque le concedí que no se había llegado a los extremos de Stalin, bramó cuando le recordé la época de los paredones de fusilamiento y las cárceles repletas de miles de presos políticos. Y rugió cuando le mencioné los numerosos  casos de alzados que fueron ejecutados extrajudicialmente y las centenares de familias campesinas que fueron desterradas del Escambray y trasladadas a la fuerza a los llamados “pueblos cautivos”, en el oeste de Pinar del Río.

Luego de negar rotundamente que hubiera casos de alzados  que fueran asesinados por las fuerzas del gobierno, y asegurar que los que cometían asesinatos eran “los bandidos”-como los llama él-  admitió que era cierto lo de los pueblos cautivos, pero que en definitiva, allí vivían en mejores condiciones que en el Escambray.

Cuando le contesté que vivían en casas de mampostería, pero vigilados y sujetos a represalias por “su pasado  contrarrevolucionario”, me aseguró que no era así, y contó que él había conocido a un muchacho del poblado Sandino, hijo de un ex alzado, que había llegado a ser piloto de Mig.

Le dije: -Oye, el papá alzado en realidad sería un infiltrado, porque en aquella época,  no te dejaban levantar cabeza por mucho menos que eso; bastaba que admitieras en alguna de aquellas planillas cuéntame tu vida que tenías parientes que habían sido militares o funcionarios del gobierno de Batista, que te carteabas con familiares que se habían ido del país, o que ibas a la iglesia… ¡Dime tú el hijo de un alzado!

A pesar de que dijo acordarse de aquellas planillas y aceptar que uno tenía que ser muy cuidadoso con lo que contestaba en ellas, afirmó que eran exageraciones mías.

Le cité mi caso. Solo por preguntón, melenudo y rockero, solo por eso,  me acusaron de diversionismo ideológico y me hicieron la vida imposible desde que estaba en la  secundaria básica. Luego me echaron de todas partes.  No me quedó  otro camino que la disidencia.

Me miró fijamente, y en tono conciliatorio, dijo: -Contigo cometieron errores, es cierto,  pero eso no justifica que sientas tanto resentimiento… Sería mejor lo que escribes  si no fueras tan ácido,  si te ahorraras un poco de insultos y calificativos innecesarios, y en tono más amable,  te refirieras a los problemas más inmediatos de nuestra sociedad y sugirieras  soluciones…

-Ah, pero entonces  no sería yo…Eso se lo dejo a los periodistas oficialistas, ahora que ya tienen permiso para quejarse de los baches, los salideros, los precios de los frijoles y la mala calidad del pan…

Luego que le comuniqué mi convicción de que este sistema no tiene arreglo porque no ha funcionado en ningún lugar por ser incompatible con la naturaleza humana, mi vecino concluyó que no tengo remedio, que estoy envenenado por la prensa enemiga, y particularmente por  El Nuevo Herald, que según aseguró, es “un libelo de la mafia anexionista de Miami”.  Como si yo  no tuviese que empujarme cada día  el mismo Granma, el NTV, la Mesa Redonda y Telesur que él.

Se fue disgustado. Aunque sé que volverá, siempre volverá, es probable que ahora mi vecino de inquebrantable fe fidelista vuelva a retirarme el saludo y deje de tratarme por un tiempo. ¡Qué alivio!   
luicino2012@gmail.com
Publicado en Cubanet

 

El soundtrack de la revolución, Luis Cino

 

Los interesados en hermosear la muy dilatada historia de la revolución castrista nos quieren hacer pasar las canciones  de la Nueva Trova  como el soundtrack de una época heroica en que todavía se  tenía fe en el porvenir luminoso que nos auguraban.

 En realidad, esa época dorada -como todavía algunos quieren llamar  a la época de los paredones de fusilamiento y las cárceles con miles de presos políticos- cuando empezaron a oírse las canciones de Silvio y Pablo, ya había pasado y era sustituida por un estado de cosas forzado, monótono y desesperanzador.

Fue el tiempo del Decenio Gris, la parametración,  el ostracismo de los mejores escritores y artistas, las redadas policiales en El Vedado contra melenudos y homosexuales, la persecución a los Testigos de Jehová, la ley del vago, la obligación de trabajar en la agricultura a los que querían irse del país  y un largo etcétera de aberraciones.

Si hay una banda sonora de eso que se empeñan en llamar “la época dorada de la revolución”, serían los boleros del Benny, Lino Borges, Kino Morán y Fernando Álvarez; ”; Los Zafiros, la Aragón, el feeling de Elena Burke, el cuarteto del Meme. la sandunga de Las D’Aida, las baladas de Marta Strada, el ye-yé y el no tengo edad para amarte de Luisa María Guell; el rock lento de Luisito Bravo, las 15  baladas  de aquel long playing de Paul Anka que fue lo único que quedó que oliera a rock and roll  luego que el Máximo Líder, unos años antes que a The Beatles,  identificara a Elvis como la decadente encarnación de la música del enemigo y decretara la guerra sin cuartel  contra “los elvispreslianos y los enfermitos”.

Y como no podía bailarse el twist, el gogó o el bugalú, nos desbaratábamos los hombros y la cintura con el Mozambique de Pello El Afrocán, el pilón  de Pacho Alonso, y el dengue, cuando no era una enfermedad trasmitida por los mosquitos, sino un ritmo que tocaba la orquesta de Roberto Faz…

Eso fue  lo que se escuchó  en la mayor parte de la primera década del régimen revolucionario. Lamento defraudar a los homéricos picúos que quisieran algo más épico,  que hablara de trincheras, machetes, fusiles contra fusiles y balas veloces al centro del combate. Como lo que vino después. Pero por entonces, los cantautores que  compondrían por encargo oficial las canciones que también serían armas de la revolución, todavía estaban en la escuela. O renegando  por estar  en el servicio militar obligatorio o las UMAP.

Luego, a finales de los 60 y los primeros años 70, la banda sonora de la vida en Cuba no la puso solo la Nueva Trova. También y sobre todo fue el pop español que nos empujaban por Nocturno con tal de no poner a los originales que cantaban en el idioma del enemigo; al rock y el soul que se escuchaba a escondidas en la WQAM y otras emisoras de radio del sur de la Florida; y a Juan Formell y Los Van Van, que iniciaban su andar  por aquellos años, con números como Marilú, Yuya Martínez y aquella emblemática Compota de Palo, que evocaba los mejunjes intragables con los que nos criaron, luego que se acabaron las Libby’s y Campbell y todavía el CAME no había empezado a enviar las compotas de manzanas rusas y búlgaras.

A propósito, mucha de aquella música, también la que era cantada en inglés, la empezamos a escuchar allá por 1970, en Radio Cordón de La Habana, que fue lo único bueno que dejó aquella locura del Máximo Líder  de sembrar café Caturra en los alrededores de la capital, a costa de dejarnos sin árboles y sin frutas.  

Pero las canciones en inglés por Radio Cordón, Radio Liberación y el programa De en Radio Rebelde –tomen nota de los nombrecitos de las emisoras- duraron hasta que en 1971, el discurso del Máximo Líder en el Congreso de Educación y Cultura, marcó el inicio del Decenio Gris. Entonces, ni a los Mustangs y los Fórmula V pusieron. Solo se escuchaba música andina y canciones de la Nueva Trova.
 
 Silvio Rodríguez y Pablo Milanés  tuvieron talento suficiente como para escribir bellas canciones del amor y de la vida, además del teque por encargo oficial.  Eso los salvó de ser meros cantores del realismo socialista en su versión tropical-tercermundista. Por eso han perdurado, y están en esta banda sonora, aunque no sea únicamente de ellos, como pretenden algunos atorrantes.   
luicino2004@yahoo.com

Publicado en Cubanet.

 

Carlos Victoria, Luis Cino

 

Recientemente se cumplió otro aniversario, el séptimo, de la muerte de uno de los mejores narradores de mi generación, al que por diversos motivos,  no suele concedérsele la importancia que merece: Carlos Victoria.  

Mi homenaje particular a Carlos Victoria es volver a evocar a aquel muchacho camagüeyano afincado en La Habana, greñudo y de mirada triste, que conocí en los años 70.

No recuerdo exactamente si nos conocimos en La Rampa, la playa del Cubanaleco,  la casa de Barbarita (“la musa”) o algún parque de la calle Línea. Coincidimos muchas veces en cualquiera de esos lugares. A ambos nos gustaba la música de los Rolling Stones y Led Zeppelin y  leer libros censurados.  Aspirábamos a ser escritores y ver alguna vez nuestros libros publicados, por supuesto que en el exterior (¿Seix Barral?) porque en Cuba ni soñarlo era permitido.  

 A los aspirantes a escritores nos unía  la desesperanza.  Todos teníamos amargas experiencias que narrar. Lo que escribíamos reflejaba nuestro mundo de prohibiciones. Era una respuesta a la monotonía y la disciplina paralizante de escuelas de rigores casi militares y campamentos de trabajo.  Angustias y esperanzas  volcadas en libretas escolares, que se ocultaban celosamente  entre una improvisada tertulia  semi-clandestina y la próxima.  Desconfiábamos de los vecinos, los amigos y hasta de los parientes. Cualquiera podía delatarnos a la Seguridad del Estado.  Para mandarnos a la cárcel siempre hallarían motivos. Cualquiera menos  por escribir. Jamás nos darían el estatus de escritores.

Siempre supe que Carlos Victoria sería un buen escritor. No lo dudé ni siquiera cuando todo parecía perdido en aquella universidad de la que nos echaban a patadas y con el expediente irreversiblemente manchado porque era sólo para  revolucionarios y no para peludos,  extranjerizantes y tipos con desviaciones ideológicas.

Ni siquiera lo dudé cuando un amigo común me contó en una carta, poco después del éxodo de Mariel, en el verano de 1980,  que Carlos se ganaba la vida en un almacén de Miami  al timón de un montacargas. Tenía suficiente talento, tozudez y disciplina para escribir en medio de las más desfavorables condiciones y hacerlo endiabladamente bien.

No me sorprendió demasiado  su muerte, en octubre de 2007. Parecía perseguirlo –no sé si por la niñez tan dura que pasó allá en Camaguey, con una madre muy enferma de los nervios- un halo de tragedia y enajenación. Tenía la inconfundible fisonomía del suicida. No obstante, él, que vivió perpetuamente insatisfecho, no acabó ahogado en el fondo de “uno de los  canales tentadores de Miami”, como había escrito, con una tonelada de depresión encima, a su regreso de un viaje a Filipinas. Murió atiborrado de somníferos, en un hospital del sur de la Florida.  No hay quien me convenza de que no se suicidó. El sueño americano que no cumplió sus expectativas consiguió al final lo que no pudo la dictadura energúmena que lo hizo huir de su país.

Cuando supimos que Carlos se fue por el Mariel, sus amigos respiramos aliviados, porque temíamos que tarde o temprano, atentaría contra su vida, si es que a eso que llevaba, que le hacían llevar, se le podía llamar vida.

Recuerdo cuando poco después de ser expulsado de  la Escuela de Letras, los esbirros de la Seguridad del Estado, alertados por un chivatazo, registraron su cuarto,  viraron todo al revés, se llevaron todos los papeles que encontraron, y  lo encerraron varios días en una celda tapiada de Villa Marista. Salió abatido,  porque perdió todos sus cuentos.   

Eran tiempos particularmente malos para todos. Así y todo, masoquistas que somos, nos gusta recordarlos. Aunque nos dejen un sabor mucho más amargo que dulce.

Así, vuelvo a ver a Carlos, con su sonrisa triste, flaco, melenudo,  con su mochila gris siempre cargada de libros, parado en Tercera y F, antes de entrar a clases.

Volvemos a emborracharnos con vino vietnamita y cervezas que compró gracias a la venta de una  camisa floreada que no le gustaba mucho y le quedaba un poco grande.

Comemos pizzas, sentados en un contén, mientras lo acompañamos en la espera del tren para Camagüey, porque ya no podía seguir más en La Habana.  

Nos fulmina con la mirada cuando dice que es amigo de Reinaldo Arenas y  que ha leído sus manuscritos acostado en su propia cama, en una barbacoa de la Habana Vieja y alguien le pregunta si el tal Reinaldo no es “el maricón oriental que da bateos a los pepillos a cada rato en el Cubanaleco”. “No jodas, no sabía que él era escritor”, sigue el tipo y antes que diga otra impertinencia más grave y Carlos lo mande para el carajo u otro sitio peor, cambia la escena y lo veo entonces, al lado de David, en la sala de Barbarita…Y ahí me quedo,  porque me siento muy bien sentado con ellos otra vez en aquel sofá blanco…
luicino2012@gmail.com
Publicado en Primavera Digital   

 

Pulpa de libros, Luis Cino

 

Recientemente, una  periodista del NTV se espantó al descubrir  centenares de libros  amontonados  en un almacén de materia prima reciclable, en espera de su turno para ser convertidos en  pulpa.  Y no era para menos la consternación de la periodista: además de decenas de ejemplares del Directorio Telefónico de La Habana de este mismo año, había  libros escolares de varias asignaturas, de economía,  poemarios y novelas, entre ellas, “Crimen y castigo”, de Dostoievsky.

No vaya usted  a pensar mal.  Todavía no han vuelto  a revolucionar la pedagogía, a nadie en las altas esferas le deben molestar los anuncios de los cuentapropistas en las Páginas Amarillas del Directorio Telefónico, ni a Raskolnikov lo  confundieron con un disidente de la era soviética. Nada de eso.  En el reportaje, un funcionario de poca monta, de aspecto lombrosiano, en seca jerga burocrática,   explicaba que dichos libros “ya habían cumplido su ciclo de vida útil”, por lo que serían hechos  pulpa para  hacer nuevos libros.

A juzgar por la actual política editorial y la pobre oferta existente en la mayoría de las librerías, compuesta casi toda por burda politiquería castro-chavista,  puede imaginarse  el tipo de libros que harán con esa pulpa.   Después que duerman unos años, amontonados entre el polvo de los anaqueles, sin que alguien les eche siquiera una ojeada,  los volverán a recoger y a convertir en pulpa, y así ad infinitum…

Sucede que en la sociedad cubana se ha impuesto la insensibilidad, la incultura, la mentalidad de bodegueros… La mayoría de los cubanos leen poco, porque leer un buen libro también se ha vuelto un lujo.

 Unos en  busca de qué cocinar, y otros buscando la forma de llenarse los bolsillos, a muy pocos les duele si hacen pulpa a Dostoievsky o a Proust,  algunas de cuyas obras también son de las que duermen el sueño eterno en las mesas y los estantes de las librerías.

La barbarie anti-literaria que mostró el NTV no es un fenómeno nuevo.

Pastores de iglesias evangélicas independientes  han denunciado la quema de Biblias y otros libros religiosos decomisados.   

En los años 60 y 70 –y no dudo que también en años posteriores – fueron recogidas y destruidas  tiradas enteras de libros que luego de publicados, los comisarios culturales  consideraron que eran ideológicamente nocivos.

La lista sería larga: Así en la paz como en la guerra, de Guillermo Cabrera Infante; Fuera del juego, de Heberto Padilla; Los Siete contra Tebas, de Antón Arrufat;  Condenados de Condado, de Norberto Fuentes; el poemario Lenguaje de mudos, de Delfín Prats; Pasos sobre la hierba, de Eduardo Heras León, y hasta el mismísimo Paradiso, de Lezama, por aquel capítulo que revolvía la moralina homofóbica de los comisarios.

Allá por 1988, cuando trabajaba en la Empresa Provincial de Demoliciones, fui enviado a demoler una nave-almacén en desuso que estaba en la Vía Blanca, en el límite entre El Cerro y Santos Suárez. Allí, entre los escombros y la herrumbre, descubrí varios números  de la revista literaria mexicana “El corno emplumado” y decenas de ejemplares de “Fuera del juego”, y  de “Los Siete contra Tebas”, con aquel infame y ridículo prólogo-coletilla de los comisarios en que protestaban por los premios concedidos a dichos “libros contrarrevolucionarios” en un concurso de la UNEAC en 1968.  Todos estaban rasgados al medio y a algunos les faltaban       
páginas. Parece que a los mata-libros se les olvidó recogerlos en aquel cochambroso almacén y allí permanecieron durante casi 20 años.

Conseguí llevarme algunos ejemplares. Los distribuí entre varios amigos. La que más los agradeció fue mi buena amiga la poetisa Alicia Elena Montes de Oca, ya por entonces disidente y hoy en el exilio. Aun recuerdo cuánto disfrutamos la lectura de los proscritos poemas de Padilla,   sentados en su estera de bambú vietnamita, mientras bebíamos té ruso y alternábamos los poemas con discos de los Beatles, Serrat y Vivaldi.

Desgraciadamente, el ejemplar que guardé para mí lo presté y nunca me lo devolvieron. Ojala todavía exista.

Recordé  todo esto a propósito del reportaje de la consternada periodista del NTV.
luicino2012@gmail.com
Publicado en Cubanet.   

 

¿Va tan mal el mundo como nos lo pintan a los cubanos?, Luis Cino

 

El Estado Islámico de Irak y el Levante -o Daesh, como lo llaman en árabe- es un fenómeno bastante enrevesado para todos en el mundo. Pero particularmente para los cubanos, a quienes la prensa oficial quiere convencer de que la organización islamista de corte algo más que terrorista es  un avieso invento de la CIA y el Mossad israelí.

Esa misma era la tesis que escuchaba hace unos días en Telesur por parte de un señor mexicano nombrado Jaime Alife que dice ser analista político. Alife repetía las mismas sandeces de Granma, pero las aderezaba con disparates de su cosecha, tales como nombrar Gran Califa a John McCann, por encima del líder del Califato y Terrorista en Jefe Abu Bakr Al-Baghdadi, solo porque el año pasado, durante un encuentro con rebeldes sirios,  entre tantos otros barbudos, el senador  tomó a Baghdadi por un opositor moderado al régimen de Assad.

Pero eso fue lo de menos. Puesto a desbarrar, Alife urdió una trama cuyo nudo central era que el Daesh, al final del camino y como si tuviese al mismísimo Gengis Khan al frente, para allanar las rutas invasoras,  iba enfilado finalmente contra Rusia y China. Y también, todo en el mismo saco,  la crisis de Ucrania, la baja en los precios del petróleo a pesar de las refinerías y pozos bombardeados, los planes de los perversos  Álvaro Uribe y María Corina Machado para derrocar a Nicolás Maduro,  la candidatura de Marina Silva a la presidencia de Brasil y hasta los  Fondos Buitres y las amenazas de muerte contra Cristina Fernández, que si no fuese porque la presidenta argentina advirtió que venían del Norte y no del Oriente, bien hubiera podido cualquiera imaginar que también podían venir de Saturno, ese planeta dominado por los imperialistas yanquis.  

Pareciera que ya comenzó la Tercera Guerra Mundial, o está punto de estallar.

Pocas veces había escuchado tantos disparates juntos como los de Jaime Alife. ¡Y miren que suelo escuchar disparates!

Pero al menos por Telesur  podemos enterarnos los cubanos un poco de lo que pasa en el mundo, porque si de Granma, Mesa Redonda y el NTV dependiera…

Por ejemplo, si no fuese por Telesur, y particularmente por el periodista Walter Martínez y su programa Dossier, los cubanos, a estas alturas no supiesen  nada de las multitudinarias protestas pro-democracia en Hong-Kong, de las que los mandarines de por acá, tan amigos como son de los camaradas chinos, no han dicho ni pitoche.

A  los cubanos los medios oficiales nos pintan una visión tétrica del mundo. Crisis económica, desempleo, miseria, hambruna,  guerras, epidemias, contaminación…  Es como para agradecer la dicha inmensa de vivir en Cuba, con todos los problemas habidos y por haber que tenemos, que por demás, todos saben –y si no, nos lo vuelven a explicar- son por culpa del “genocida bloqueo yanqui”.

¿Va tan mal el mundo como nos lo pintan en la prensa oficial  a los cubanos? Puede que vaya peor. ¡Como nunca nos dicen la verdad!

¡Qué vamos a entender los cubanos  de esas movidas del Daesh  y los peshmergas kurdos! Lo cual no impide que elucubremos al respecto todo tipo de teorías. Y también de tonterías, que para algo leemos el Granma…

Hace poco, un vecino bastante disparatado y que se ahogaba de la falta de fe cuando decía ser materialista, y que pasó de una iglesia evangélica al judaísmo porque se cansó de esperar el Armagedón que traería la salvación de los justos, cambió la kipah por una kafiyah palestina que le quedaba de lo más mona en el cuello. Se desencantó de Israel por la cantidad de civiles muertos  en la Franja de Gaza, pero aun no se decide por el Islam. No obstante, me largó un discurso para convencerme de que los yihadistas, pese a sus masacres y degollinas televisadas, son menos hipócritas que Occidente, más fieles a sus convicciones y que por tanto,  los drones y misiles de la US Air Force y la OTAN no podrán acabar con ellos. Casi me anuncia que el otro mundo mejor  posible que no vemos asomar por parte alguna  es el que anunció Mahoma y su sub-profeta Al-Baghdadi, desde el Califato de Bagdad,—-¡Alá akhbar!-porque el capitalismo, con tanta sed de ganancias, va a acabar con el mundo. Eso, si no estalla antes una guerra nuclear que de todos modos acabe con el mundo. Como  debió haber ocurrido hace cuatro años, antes de que terminara el penúltimo Mundial de Futbol.  Y si no lo creen, si necesitan más explicaciones,  le pueden preguntar al Compañero Fidel cuando no esté muy ocupado con la moringa…
luicino2012@gmail.com 

Publicado en Primavera Digital

 

Sobre el mensaje de Elías Farfán, Luis Cino

 

Duele e indigna el reciente mensaje  a los colaboradores de Primavera Digital que envió Tamara Fehan, porque es ella quien se  enmascara  tras la firma Elías Farfán. Aunque de tanta infamia  y por los propósitos divisionistas que encierra, bien pudiera haber sido redactado el mensaje por algún amanuense del Departamento de Seguridad del Estado.     

Resulta insólita y muy decepcionante esta puñalada trapera procedente de la bellísima y hospitalaria Estocolmo. ¡Románticos e idealistas que fuimos!

Tamara Fehan pretende introducir una cuña de insidias y desconfianza entre los colaboradores y el  director, Juan González Febles, en quien hace recaer  la responsabilidad por el conflicto con el Centro Internacional Demócrata-Cristiano.

Sépase que las contradicciones con KIC, más subjetivamente forzadas que reales, fueron discutidas  del modo más democrático posible en un periódico, que de ningún modo puede funcionar como un partido político o un parlamento, y menos si se hace en las más precarias condiciones y bajo el acecho de los cuerpos represivos de una dictadura.

En esas discusiones, y viendo que KIC, con cualquier pretexto, cada vez nos subía más la parada y nos quería asfixiar, no solo  González Febles  consideró inaceptables las condiciones que nos querían imponer. La mayoría de los que hacemos Primavera Digital estuvimos de acuerdo en no aceptar que los patrocinadores nos censuraran.   

¿Cómo íbamos a aceptarlo  si por no permitírselo a los represores de la dictadura hemos demostrado que estamos dispuestos a ir a la cárcel?       

 Puede que haya algunos pusilánimes dispuestos a ceder ante cualquier imposición por un puñado de euros. Son los mismos que ahora se dejan confundir, se hacen eco de las insidias sembradas por Fehan y alientan expectativas con su mensaje. Si no contamos con su apoyo,  lo lamentamos, pero qué se le va a hacer.  Primavera Digital no puede funcionar tan democráticamente como el parlamento sueco, que por cierto, tampoco se basa en la unanimidad, como sí hace ese sanedrín  de cotorrones y focas amaestradas que es la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Es oportuno que se sepa también que a pesar de que desde hace dos meses KIC incumplió sus obligaciones de pago con Primavera Digital, todas las colaboraciones que fueron publicadas en julio y agosto se pagaron. Los que no cobraron un centavo fueron los doce integrantes del equipo de redacción, entre ellos González Febles y su esposa Ana Torricella, que aunque no tuviesen para comprar café, no tocaron un centavo del dinero reservado a los colaboradores.

 Como sería muy útil y esclarecedor, emplazamos a Fehan y el KIC a que expliquen claramente cuáles son las falsedades que ha dicho González Febles, porque nosotros no nos hemos enterado.

A propósito del dinero que no ha retribuido KIC a Primavera Digital, Fehan, sin especificar cantidad ni fecha, lo utiliza como señuelo para atrapar a incautos. Esto tiene propósitos oportunistas y divisionistas. Ahora que Primavera Digital, gracias a la solidaridad de hermanos del exilio, ha vuelto a la red, KIC, o su mascarón de proa, la Sra. Fehan, aspira a que los colaboradores, vencidos por el hambre, nos abandonen y vayan tras ese dinero que les ofrecen, como los ratones tras el flautista de Hammelin.

Y la flautista Tamara Elías Fehan Farfán les recomienda “que se junten al sindicato que apoya a los periodistas”,  la Asociación Pro Libertad de Prensa (APLP).

¡Allá los que sigan la recomendación de Fehan! Cuando los timen, que no digan que no se les advirtió.

Sucede que la APLP no apoya ni representa a  los periodistas independientes, sino que más bien se dedica a manipularlos para urdir intrigas, amén de organizar guateques y otras reuniones sociales propias de un club de amiguitos y totomoyos con aspiraciones politiqueras.  

Si al fin los de la APLP se decide ahora por primera vez a funcionar como algo parecido a un sindicato,  lo harán más bien en plan de esquiroles,  en detrimento de Primavera Digital. ¡Triste papel!

La recomendación de Fehan, su promoción de la APLP, confirma las sospechas que teníamos. En lo personal, ya las había despejado, hace dos semanas, en un desagradable altercado que tuve con uno de los testaferros de APLP que osó invitarme a una de sus reuniones. Cuando le dije que no iría ni amarrado porque no me sentía representado por la Asociación,  que no había hecho nada a favor de los periodistas de Primavera Digital en su diferendo con el KIC, que ni siquiera habían dado el menor gesto de solidaridad con nosotros, siquiera por hipocresía,  tuvo la cara dura de decirme que sí habían hecho, que habían escrito cartas a los suecos para que les pasaran el dinero a ellos, que estaban dispuestos a “salvar el periódico”. Se imaginarán qué le dije después de aquello…

No se me ocurre cómo salvarían Fornaris y su piquete un periódico que siempre quisieron hundir.  Fornaris y sus acólitos provocaron hace unos años una lamentable escisión en Primavera Digital. Todo venía de un poco más atrás, de cuando lo que inicialmente fue un blog se convirtió en Primavera Digital. Fornaris se disgustó mucho porque el periódico no llevara el subtítulo de “órgano oficial de la APLP”. No hubo forma de que entendiera que solo bajo los regímenes totalitarios los periódicos son el órgano oficial de algo.   

Antes de terminar,  quiero decir varias cosas en descargo mío.

Todos saben  que hice todo lo posible por evitar que se produjera aquel cisma en Primavera Digital, que mucho lamenté.  

Hasta ahora no me había pronunciado públicamente  sobre  la APLP, pero las actuales circunstancias me han forzado a hacerlo.

Cuando se creó la APLP, fui  uno de los primeros  a quien invitaron a integrarla. No acepté porque todavía, aunque ya prácticamente no existiese, me sentía emocionalmente vinculado a la Sociedad de Periodistas “Márquez Sterling”. Demoré tiempo en aceptar unirme a la APLP porque nunca me gustó su sesgo chambelonero y las reuniones en vano.  Hace años que no tengo absolutamente nada que ver con dicha Asociación. Como la mayoría de los periodistas de Primavera Digital. El carnet lo boté hace rato.  Fui de los últimos en entrar, y quiero ser el primero en anunciar públicamente mi salida de la APLP. No sé qué hará el resto de los periodistas de PD, que ya ni se acuerdan de que una vez pertenecieron a la APLP y tal vez todavía estén en la lista, pero quiero que quede bien claro que yo me fui. Que me borren de la lista.  Y que les aprovechen los rastrojos que van a sacar de su contubernio con la Fehan y el KIC.
 luicino2012@gmail.com