Rogelio Fabio, Luis Cino

Mi amigo el poeta Rogelio Fabio Hurtado, fallecido hace una semana, decía que la desventaja de permanecer inédito tantos años le dio como compensación el poder permanecer independiente de “los dictados de los pensamientos políticamente correctos que nos circundan y acechan”. Eso le trajo no pocas incomprensiones. Los tigres que Fabio suponía desconcertados, no lo devoraron, no pudieron o creyeron que no valía la pena, vaya usted a saber, pero hicieron todo lo posible por ningunearlo. Al final, no lo consiguieron. Ahora que ya se libró de tanta mierda, cuando ya reposa bajo la tierra, es que muchos empiezan a comprender su valía.
Amo la poesía de Fabio, conversacional, como él la definía, por momentos teatral, donde se mezclaban la nostalgia y la ironía para retratar nuestra vida en el purgatorio comunista. Estos son dos de los poemas suyos que prefiero.
Fotografía en el patio
El que tiene puesto un casco de sargento
Es Chuíto Piedra
-todavía no era económico del Poder Popular
Ni contador por la izquierda
Para los judíos de Miami Beach.
Y el rubio flaquito arrodillado detrás de la 50
Es Miguelito Jiribilla
perdí pronto su pista,
No sé si será comunista en Cienfuegos
O residente en Hialeah.
Rolandito el Gago apunta su carabina paratrooper plástica
-no ha desembarcado en el sur de Vietnam
Ni se ha casado con una coreana.
Mi carnal Angelito el zurdo sostiene al hombro un Garand
-no llegó a ser piloto dela Garand, pero operando grúas
Ascendió a vanguardia nacional,
Tiene un apartamento en Alamar y ya lo veo muy poco.
Melchor, mi primo, con los botines al revés,
Porta el otro fusil;
Yo ostento cruzada en la barriga la formidable Thompson
Que a Dios gracias nunca disparé.
No aparecen ni Miriam ni Cachita
Porque entonces las niñas no iban a la guerra.
Todos nos vemos envidiablemente seguros de la victoria.
Mi tío José, el fotógrafo, descansa en paz, al sur de la Florida,
Muy lejos de este patio.

Recuerdos de Natalia
Entre las catedráticas dulcemente apolíticas
La doctora Natalia sorprendía por su aplomo
Para explicar el curso de la historia.
No cedía en vestidos ni en zapatos a nadie,
Fumaba cigarrillos rubios con fruición.
Natalia predicaba su más seria lección después del timbre.
Rodeábamos la mesa para oírla
Propinar adjetivos concluyentes:
Zutano era un cretino,
Mengano un canalla,
Fulano un bandido.
A la vuelta de cada lunes comentaba con alegría sarcástica
Las deserciones lógicas –decía- del elemento pequeño burgués,
Como ya ocurrió en Rusia, después de Brest-Litovsk.
Yo no estaba iniciado en la fraseología dialéctica,
Yo apenas comenzaba a dudar de Foster Dulles,
Pero me fascinaban los gestos de sus manos
Y como mordisqueaba, reflexiva, las patas de sus gafas
Ligeramente ahumadas
Antes de refutar los argumentos del alumno católico bizco
O despejar con precisión teórica
La menor inquietud del alumno camarada Pardillo.
Discutiendo, a menudo se le hinchaban las venas de la frente
Y agudos le brillaban los ojos gris azules
Entre el perenne humo
Oro blanco su pelo chamuscado de tiza.
La doctora Natalia prometía
Explicarnos pasado, presente y futuro
A la luz implacable de la lucha de clases.
Alrededor suyo bullía
Un irrepetible olor a perfume, nicotina y lucidez
Que incitaba a vivir.
Fue nuestra directora un breve curso,
Luego debe haber ascendido, supongo,
Pero en realidad, me he pasado los años buscándola
En las listas de educadores destacados,
De mujeres promovidas a cargos.
Hace años, me pareció verla
Más gris ya que oro viejo su cabeza, en Coppelia,
Con un vestido humildemente gris, en otra cancha,
Pero no me atrevía a saludarla
Acaso por temor a la doble decepción
Y así consumimos nuestros corrientes helados
En mesas separadas
Sin discutir a Dostoyevsky, a Stalin.
luicino2012@gmail.com

 

 

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¿Socializar la democracia?, Luis Cino

 

Desde que el socialismo verde olivo entró en este estado entre catatónico y comatoso en que se encuentra, por mucho que los caciques y sus behíques prometan hacerlo próspero y sustentable, han decidido hacerse escuchar los que como Pedro Campos, Harold Cárdenas y sus camaradas de La Joven Cuba o los metatrancosos de Cuba Posible, pretenden hallar fórmulas más a la izquierda que las de los mandantes para perfeccionar el socialismo, reinventarlo, haciéndolo democrático, participativo, cooperativo, autogestionario.

Procuran beber de todas las fuentes, aun si se contradicen, a ver si hallan algo que les sirva: la NEP leninista, el trostkismo, la autogestión de la Yugoslavia de Tito, el difuso pensamiento económico de Che Guevara, el socialismo bolivariano del siglo XXI, el socialismo de mercado chino, la doi moi vietnamita y hasta la Yamahirya de Khadaffi.

Es un arduo ejercicio intelectual que luego de tantos años de desastres por doquier, requiere ingentes cantidades de fe y paciencia.

En lo que tratan de poner a reflotar el socialismo, algunos sesudos, como han hecho muchos, casi siempre con aviesas intenciones, desde los tiempos del ágora ateniense, le buscan apellidos a la democracia. Ya no es solo la llamada democracia popular de las dictaduras comunistas y la democracia participativa de los nuevos socialismos que una vez en el poder destruyen las instituciones. Hace un tiempo hubo quienes hablaron de “socializar la democracia” para conseguir la democratización del socialismo cubano. Proponían decodificar las estructuras del Poder Popular para ponerlas verdaderamente bajo el control del pueblo, y no del Partido Comunista, “la fuerza dirigente y superior de la sociedad”, según la constitución cubana, copiada casi al dedillo de la constitución estalinista de 1936 y ligeramente retocada después, el socialismo irrevocable incluido.

No dudo que mejorarían las elecciones del Poder Popular sin la presencia del Partido Comunista, que aunque asegura que no postula ni elije a los candidatos, sí lo hace, a través de las comisiones de candidatura y sus representantes que controlan a todos y cada uno de los comités de base de las llamadas organizaciones de masas. Pero aquella propuesta, como mismo retiraba el poder al partido único, descartaba las posibilidades de cualquier otro partido político que pudiera surgir y sentenciaba, cual enunciada por un ventrílocuo oficialista, que el pluripartidismo y la democracia representativa no resolvería los problemas, sino que los complejizaría más.

Sé del desencanto que hay con los partidos tradicionales en el mundo, pero esas elecciones sin partidos y sin un ápice de preparación cívico-ciudadana, como estamos los cubanos al cabo de 58 años de dictadura, se me antoja que serían una olla de grillos, una merienda de locos.

Dicen los críticos de la República que en Cuba, antes de 1959, en las elecciones, por obra y gracia de los politiqueros, había muertos que votaban. En las elecciones del Poder Popular, además de los absolutamente indiferentes y los francamente en contra pero que no quieren señalarse y buscarse problemas, que son la inmensa mayoría, votan, porque les llevan la boleta a la casa o al hospital, los bobos, los decrépitos y los moribundos. Si socializan la democracia, probablemente nadie vote. ¿Para qué?

Será muy difícil que los cubanos, por las amargas experiencias sufridas, logremos vencer la desconfianza por las elecciones o cualquier otra cosa a la que le endilguen el apellido “popular”.

Muchos atribuyen a la importación de experiencias foráneas y a su mala digestión, el fracaso histórico cubano en alcanzar la democracia y la prosperidad, “la frustración nacional en lo esencial político”, que decía Lezama Lima.

Pero sucede que en política, todo -lo regular, lo malo y lo peor-, tanto a la derecha como a la izquierda, se inventó y fue bautizado en los dos siglos que discurrieron entre la toma de la Bastilla y el derrumbe del Muro de Berlín. No hay más, lo otro es farsa y simulacro.

Para no importar modelos ajenos y ser verdaderamente auténticos, a los cubanos que aun apuesten testarudamente por el socialismo, incluso después del castrismo, sólo les quedaría volver al comunismo primitivo de los taínos y los siboneyes.

Va y funciona. Viviríamos sin estructuras políticas, con poca ropa y mucho areito, asentados en comunas agrícolas, dedicados a sembrar plátano, boniato y moringa, y también -como el mar nos estará vedado porque será de los turistas, los guardacostas yanquis y las perforadoras petroleras- a pescar clarias, si es que para entonces no se han acabado con tanta sequía y contaminación.
luicino2012@gmail.com
PUblicado en Cubanet

Trump nos ha puesto a hablar boberías, Luis Cino

 

La ansiedad en la espera por el anuncio de cuál será la política hacia Cuba de Donald Trump ha puesto a muchos cubanos a hablar boberías y disparates. A hablar mierda, como decimos por acá
Principalmente la hablan los que están locos por largarse de la isla y librarse de la miseria y la opresión y creen que Trump, con lo anti-inmigrante que es, va a reinstaurar la política de pies secos-pies mojados que eliminó Obama, e incluso, se atreven a soñar que va a multiplicar el número de visas que asigna el Departamento de Estado para los cubanos que desean emigrar a los Estados Unidos (¡!).
También están los aprensivos, que temen que al magnate devenido en presidente de los Estados Unidos le dé por eliminar –no sé cómo sin lograr la aprobación del Congreso- la Ley de Ajuste Cubano, quiero decir, lo que Obama dejó de ella.
Y cómo no, las tonterías que dicen ciertos opositores que se mostraban más trumpistas que Melania, Ivanka y Mike Pence juntos, que no quieren dar su brazo a torcer y siguen creídos de que Trump, él sí, ahora sí, va a apretarle las clavijas al régimen castrista hasta ponerlo de rodillas o hacerlo reventar.
Ni siquiera se han desencantado con la propuesta del presupuesto que ha hecho Trump, donde no hay un centavo asignado a la ayuda a la oposición pro-democrática en Cuba. Con aire de quien se las sabe todas y con una fe inquebrantable, digna de mejor causa y que da pena, los opositores trumpistas dicen que Trump sabe lo que hace…
El régimen, ladino, está expectante, pero disimula el nerviosismo, que no debe ser demasiado, porque en caso de que Trump se ponga hostil, aun así, sacarán provecho, pasarán el pestillo al portón que no se decidieron a abrir cuando Obama les dio la oportunidad, y se atrincherarán, que es para lo que mejor están preparados.
¿De veras alguien cree que Cuba es una prioridad para Trump, tan ocupado como está con los lanzamientos de misiles del sicópata Kim Jong Un, Siria, el Daesh, Ucrania, Putin, los ayatollahs iraníes, el Mar de la China Meridional, y sobre todo, las revelaciones de James Comey que pudieran conducirlo a un impeachment?
Se espera que esta semana, cuando viaje a Miami, Trump acabe de definir cuál será su política hacia Cuba y qué revertirá de la política de Obama. Supongo que estando en Miami, tratará de quedar bien con los políticos cubano-americanos y el exilio más radical, como los veteranos de la Brigada 2506, que lo apoyaron durante las elecciones.
Probablemente ponga límites a los negocios con las empresas militares cubanas, que son las que controlan, entre otras cosas, el turismo. Pero no creo que imponga nuevas restricciones a los viajes de los norteamericanos a Cuba. Hay mucho dinero en juego y Trump, hombre de negocios al fin, piensa ante todo en el bolsillo.
Aunque con Trump nunca se sabe, no creo que limite los viajes de los cubano-americanos y el envío de remesas, porque Miami es el peor escenario posible para meterse en eso. Miami, además de ser el hogar de Marco Rubio -con el que no mucho compromiso tiene con tanto que lo mortificó antes de que lo nominaran como candidato por el Partido Republicano-, lo es también de muchos millares de cubanos que no están dispuestos a dejar morir de hambre a sus familiares en Cuba, aun cuando sepan que su dinero, al final del camino, va a parar a las arcas del régimen.
¿Y el embargo? Bien, gracias. No es muy probable que sea reforzado lo que va quedando de él, por las pérdidas monetarias que significaría para algunas empresas norteamericanas. Pero, ojo: el gobierno de Trump acaba de imponer la primera multa a una empresa, la Honda Finance, por violar las leyes del embargo.
Tal vez con mis vaticinios me sumo a los cubanos que hablan boberías por estos días, en lo que esperan por los anuncios de Trump. No me hagan mucho caso. Les confieso que no soporto a Trump. Nunca me había desconcertado y disgustado tanto un presidente norteamericano. Hasta ahora no ha hecho algo con lo que esté de acuerdo. Dudo que con respecto a Cuba sea más acertado y coherente que en otros asuntos. Ya veremos.
luicino2012@gmail.com