Los avances que solo ve el CPJ, Luis Cino

En el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés) están deslumbrados por los periodistas y blogueros de sitios como El Estornudo, Periodismo de Barrio, La Joven Cuba y El Toque.
Sin desdeñar su calidad, su principal mérito sería la maña para no molestar demasiado al régimen, no irritarlo, con su criticismo moderado y el tratamiento de problemas sociales que desde hace años abordan los periodistas independientes y que ya son tocados hasta por la prensa oficial.
En el caso del blog La Joven Cuba, en todo momento sus autores, y particularmente Harold Cárdenas, se muestran dentro de la revolución y el socialismo, más a la izquierda que Lenin.
Aun así, esos periodistas y blogueros son frenados en su trabajo y presionados por el régimen, aunque no tanto como los periodistas independientes, a quienes el CPJ, desdeñosamente, como si sobrásemos en la ecuación, llama “estridentes”.
Para el CPJ, los que han levantado el techo de las prohibiciones y hecho posible la actual proliferación de sitios web más o menos fuera del control estatal no son los periodistas independientes que desde la segunda mitad de los años 90 hacen su trabajo a pesar del acoso de la policía política –recordemos que fueron más de 20 los periodistas encarcelados en la ola represiva de la primavera de 2003-, sino los periodistas y blogueros de La Joven Cuba, Periodismo de Barrio, El Estornudo y El Toque. Según el CPJ, son ellos los que “están abriendo nuevos espacios para la libertad de expresión y el periodismo emprendedor que hasta hace unos años parecían intocables”.
Poco faltó para que el CPJ encomiase también la labor de Iroel Sánchez en su blog La Pupila Insomne.
El CPJ, que no parece percibir el renovado atrincheramiento del régimen, se refiere a un envalentonamiento en la prensa estatal. Eso, en momentos en que a los periodistas oficialistas les prohíben colaborar en “sitios extranjeros” y les exigen que se midan con lo que escriben en sus blogs personales so pena de ser despedidos de sus puestos, como ha ocurrido ya con varios.
En el informe del CPJ se reconoce las detenciones y citaciones por parte de la policía política, pero no habla de la confiscación arbitraria de sus medios de trabajo que sufren frecuentemente muchos periodistas independientes y de las golpizas que han sufrido algunos de los que han cubierto las marchas de las Damas de Blanco.
Tampoco dice el informe del CPJ que ahora además, de la posibilidad de que los encarcelen por peligrosidad social pre-delictiva, los periodistas independientes pueden ser juzgados por “usurpación de capacidad legal”.

Y peor será cuando aprueben la ley de prensa que se cocina y que algunos ingenuos creen que les facilitaría un marco legal para desempeñar su trabajo, garantías y derechos, entre ellos el de tener acceso a la información pública. Dicha ley será la institucionalización de la censura y el control (des)informativo. ¿Qué ley de prensa podríamos esperar de un régimen que limita la libertad de expresión y de prensa con el pretexto de defender la soberanía y la seguridad nacional?

Antes de aprobar una ley de prensa habría que derogar la ley 88 y sacar del código penal cubano figuras delictivas como la propaganda enemiga, el desacato, etc, que son castigados con penas de cárcel de entre 8 y 20 años de cárcel. Y lo que es más importante: habría que reformar la Constitución, que plantea en su artículo 53 que los medios masivos son propiedad del Estado y no pueden ir en contra de los intereses de la sociedad socialista.
Parece que en el CPJ son de los que se creen la historia que el régimen castrista, en el post-fidelismo, pasó de totalitario a autoritario, y están dispuestos a ser condescendientes con sus trucos.

Uno no puede evitar la sospecha de si los nuevos blogueros y periodistas, esa especie de “revolucionarios por cuenta propia” que han encandilado al CPJ, no serán una invención del régimen para aparentar apertura, confundir, saturar la blogósfera y desplazar del foco mediático a los periodistas verdaderamente independientes.
Tal vez a los nuevos periodistas y blogueros no los creó el régimen, se les fueron de la mano, pero ya que no pudieron evitar su proliferación, les sacan provecho. Como hicieron con la protesta en la Plaza de la Revolución, durante el desfile del primero de mayo, de Daniel Llorente, un ex recluso y perturbado mental, que les vino como anillo al dedo para desacreditar a la oposición. El hombre no halló otro modo de protestar que enarbolar una bandera norteamericana. Justo lo que necesitaba la dictadura para renovar su discurso patriotero y probar que los que se le oponen son anexionistas, mercenarios del gobierno estadounidense. Redondito. Solo que se excedieron con la golpiza ante las cámaras. Pero, como el alacrán del cuento, es su naturaleza, no pueden evitarlo.
luicino2012@gmail.com

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