El Sargento Peppers cumple 50 años, Luis Cino

A los que entonces éramos adolescentes, se nos erizan las canas del pasmo por lo raudo que ha pasado el tiempo –y con él la vida, nuestras vidas- cuando reparamos en que  Sgt. Pepper’s Lonely Heart Club Band  cumple 50 años.

Por estos días finales de abril, pero en 1967, los Beatles concluían las 55 jornadas que demoraron en grabar el disco conceptual por antonomasia,  donde se inventaron una banda alter ego para llegar a extremos increíbles  con la experimentación musical y cantar a los sueños y pesadillas de su generación.

Sería el disco más importante de su carrera y revolucionaría no solo el rock, sino toda la música popular del siglo XX.

De tanto que me impresionó, recuerdo perfectamente  la primera vez que escuché aquel álbum. Fue en el tocadiscos de mis amigos de la infancia,  los hermanos Carlos y Guillermo Ubieta, en la diminuta sala de su apartamento de un pasillo de la calle Delicias, en La Víbora.

Como en Cuba todo nos llegaba con retraso, había pasado más de  un año del  lanzamiento del disco.  Lo trajo, oculto para que no se lo fuera a quitar la policía,  un radiante Juanito Beltrán, a quien se lo prestó alguien que tuvo el privilegio de que “se lo trajeran de afuera”.

En aquella época no teníamos discos propios, y menos aún de los Beatles. ¡Qué íbamos a tener discos si no teníamos una camisa o un par de zapatos decentes  para las fiestas de los sábados por la noche!

El disco del sargento Peppers nos fascinó. Nunca habíamos oído una música semejante,  casi nos mata del susto con canciones como A day in the life. . Pero tenía un inconveniente: aquella música era arrebatadora pero no servía para bailar.

Más interesados por la música que por cualquier otra cosa  y tan patones como éramos, en otras circunstancias eso no nos hubiera molestado, todo lo contrario, pero por aquellos días se celebraría los quince de nuestra vecina, la bella Miriam, la beldad del barrio, y queríamos que aquel disco que todos querían escuchar nos abriera la puerta de su fiesta.

De los ensayos, que habían durado más de un  mes,  nos excluyeron. Teníamos mala fama. Éramos pésimos bailadores de casino, solo sabíamos retorcernos al compás del rock,  usábamos pantalones demasiado estrechos y nuestras incipientes e hirsutas melenas escandalizaban al barrio. Pero sólo nosotros podíamos conseguir los discos.

Nuestro empeño de poner la música en la fiesta fracasó.  Llevamos varios discos de los Beatles, todos prestados, pero apenas logramos que  pusieran “Ana”, “From me to you” y Mr. Postman.  Ni hablar del Sgt. Peppers,  o el glorioso “Gloria” de los Shadows of the Knight, que fue el primer disco propio que tuvieron los Ubieta.

Nos batimos en retirada poco después  de las doce, cuando nos dijeron que estaba bueno ya de “música americana”, pusieron una cinta de Los Brincos, o de Juan y Junior, no sé, siempre los confundo, y algún chico se puso majadero cuando sonó aquello de “…me vine, sin decirte nada…”

En ese momento, llegó el responsable de vigilancia del CDR  a advertir que llamaría a la policía si no bajaban el volumen del amplificador ruso.

Fue después de aquel desastre que pudimos reparar con atención en la insólita música del  Sgt. Pepper’s. Hasta la manoseada portada con los muñecos de cera de Madame Tussaud, se nos metió por los ojos, rumbo al corazón. Nos puso como a la tal  Lucy: en el cielo y con diamantes.

En materia  musical, Sgt. Pepper’s fue nuestro arribo a la mayoría de edad: nos preparó para toda la música portentosa que vendría después. Solo que aquella música -y particularmente la de  los Beatles- nos traería demasiados  problemas.

En un país en revolución, donde  prometían el paraíso comunista, los sueños no podían ser sicodélicos, sino verde olivo y con pespuntes rojos. Una banda de melenudos  y que para colmo cantaban en inglés, tenía forzosamente que hacerse sospechosa de diversionismo ideológico.

¿Cómo hablar de corazones solitarios en un país con disciplina de campamento donde todo tenía que ser colectivo? Ni en el baño el hombre nuevo podía  estar solo. En becas, albergues agrícolas y campamentos militares, los baños no tenían puertas. No eran necesarias. El hombre nuevo debía ducharse y cagar en alegre colectividad,  regocijado, también en las duchas o las letrinas, de dedicarse por entero a la construcción del socialismo. Y siempre vigilantes, no fuera a ser que a algún muchacho desviado le diera por ocultarse para escuchar la música del enemigo o dilapidar  las energías que necesitaba la revolución en masturbarse frente a una foto de Brigitte Bardot  de alguna  peligrosa revista extranjera.

De esa época, en que la era  paría un corazón, martillaban las consignas que hablaban siempre de muerte y los Beatles aullaban “oh yeah”, datan nuestros primeros encontronazos con el Gobierno-Estado-Partido y sus policías, verdugos y chivatos con múltiples máscaras y disfraces.

Mejor no recordar aquella época infame. Es lo malo de escuchar hoy a los Beatles. Con las buenas memorias, vienen siempre aparejados los recuerdos tristes de una adolescencia difícil. Tratamos de evitarlo, pero no podemos. Siempre caemos en la misma emboscada alevosa.

Con las canciones de la banda del sargento Pepper, el único sargento amable que he conocido, prefiero evocar a mis amigos. A todos. Donde quiera estén: en Cuba, fuera de ella, en este mundo o en el otro…Los convoco a todos para celebrar por todo lo alto el medio siglo del Sgt. Pepper’s.

Confluiremos en un punto de un  cielo de mermelada, constelado de diamantes y flores de celofán, amarillas y verdes, fosforescentes, sicodélicas. Les garantizo que acudirá una multitud de  muchachas en minifalda y con ojos de calidoscopio.  Juntos, como en los viejos tiempos, cantaremos “With a little help from my friends”.  Lo necesitamos y merecemos. Trataremos de no desafinar. Y  lo conseguiremos. No puede ser de otro modo.
luicino2012@gmail.com
Publicado en Cubanet

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Havana Moon, Luis Cino

 

Al fin he logrado ver en mi computadora Havana moon, el video dirigido por Paul Dougdale del histórico concierto de The Rolling Stones en La Habana.

El mayor concierto efectuado en Cuba ocurrió el 25 de marzo de 2016 en los terrenos de la Ciudad Deportiva, pero más de un año después y casi cinco meses después de terminado el DVD, aun no se ha visto ni siquiera una escena en la TV cubana. Y no parece que tengan intenciones de ponerlo alguna vez.

Es como si quisieran que pensáramos que ese concierto nunca ocurrió, que nunca vimos a los Stones, que fue otro de nuestros locos sueños con la libertad.

Dicen que a los mandamases del régimen le disgustó no solo lo que opinó MickJagger sobre la falta de libertad que percibió en Cuba, sino también lo que califican de regodeo en las escenas de ruina y decadencia de La Habana, al inicio de la película.

¿Acaso no es así y peor? ¿Qué esperaban que mostraran? ¿Los pioneritos jurando ser como el Che, los turistas tomando mojitos, bailando salsa y vacilando con las mulatas, los chivatones que todavía quedan haciendo la guardia del CDR, los ancianitos practicando taichi en los parques?

Y va bien que el público que se ve en el concierto es tan entusiasta y gozador de la música de los Stones como el de cualquier otro país del mundo. Pero eso fue a pesar de los mandantes. Su virulenta y ridícula persecución durante tantos años del rock y la música anglosajona toda, las melenas, los jeans y todo lo que consideraban que era “diversionismo ideológico”, no logró estropearnos del todo la fiesta irrepetible que fueron los años 60 y 70, por muy vigilada y reprimida que fuera.Y lo que es peor para ellos: no pudieron impedir que contagiáramos el gusto a nuestros hijos, no importa si también en su momento tuvieron que jurar que serían comunistas y como el Che.

Estuve en el concierto, cómo no iba a estar, y no hay quien me haga el cuento. Había miles de cuarentones, cincuentones y sexagenarios, pero la mayoría eran jóvenes. Y al verlos bailar y cantar las canciones de los Stones que nos sabíamos de memoria y nos enloquecían muchos años antes de que ellos nacieran, me pareció vernos en ellos, como éramos entonces, nosotros, los amigos dispersos por el mundo ylos que ya no están en este mundo pero siguen estando gracias a esa música y los recuerdos que evoca,…

Por eso, porque de nada valieron las prohibiciones, porque nos resbalaron, porque fracasaron en el intento de convertirnos en autómatas, los mandantes quieren que olvidemos aquel concierto, que pensemos que no ocurrió, que fue solo un sueño. Supongo que todavía estén despechados y roñosos de que sin ser convocados por el partido único o la CTC, sin tener que responder a carcelarios pases de listas, más de un millón de personas hayan acudido y de qué modo tan entusiasta, al conjuro de los Rolling Stones. Por eso, lo más probable es que no pasen Havana Moon en la TV.

luicino2012@gmail.com