La burocracia y el funcionariado, Luis Cino

En los años 60, Fidel Castro y Che Guevara hablaban del burocratismo como un mal heredado del estado burgués que había que combatir y erradicar, aunque según aseguraban, ya estaba en vías de extinción.

Por entonces, proliferaban los organismos del Estado nombrados -como el partido único, la Juventud Comunista,  las organizaciones de masas, los ministerios, las fuerzas armadas y los órganos represivos-   por sus muy sonoras siglas o las combinaciones de ellas ( la Oficoda, la JUCEI, la JUCEPLAN, la ENMIU)   el papeleo, las planillas, los cuños, las firmas  y las reuniones por cualquier causa, las disposiciones absurdas,  las orientaciones y las contra-orientaciones, siempre venidas de arriba.

Las personas, para cualquier trámite, aun el más sencillo e intrascendente, como cambiar la dirección de su casa o mudarse de bodega,  tenían que hacer largas colas y ser peloteados de oficina en oficina, de un compañero burócrata encargado de atender un asunto a otro, con igual mala cara y desinterés en solucionar algo.

Si ha cambiado la burocracia desde entonces, en estas décadas que se nos han hecho tan largas a los que hemos tenido que vivirlas a puro sufrimiento,  ha sido para hacerse más fuerte y poderosa.  Es lógico.  La burocracia es inherente al socialismo real, que es el que ha imperado y aun impera en Cuba, por mucho que se hable del liderazgo carismático de Fidel Castro, del legado guevarista  y de  la excepcionalidad de la revolución cubana, que bajó de las lomas y no llegó con los tanques del Ejército Rojo, ni falta que le hizo para calcar entusiastamente  las recetas de Lenin y Stalin…

En Cuba, como ocurrió en los demás países del nunca bien vituperado socialismo real, el aparato burocrático acumuló poder,  se hizo gigantesco, inamovible y se ha fundido y confundido con el funcionariado. Y cada vez está no solo más alejado de los intereses populares, sino frontalmente contrapuesto a ellos. Es quien ejerce, a nombre del jefazo, la dictadura sobre el proletariado.

La burocracia-funcionariado, testaruda, egoísta, mezquina,  corrupta,  reacia a todo cambio que no redunde en su provecho, pone trabas a los intentos de reformar el sistema para intentar la sobrevida –la llamada actualización del modelo económico y los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista, que se implementan a paso de tortuga, con muchas más pausas que prisa.

La burocracia- funcionariado se ha convertido en el más peligroso de los gérmenes que amenazan la supervivencia de eso que todavía se empeñan en llamar la revolución. Y la dirigencia del Estado-Partido-Gobierno  está advertida del peligro, sabe que son pirañas, enloquecidas y voraces,  pero no puede prescindir de ellas.

Los gobernantes dicen combatir la corrupción, pero no le causa daños ni bajas a los adversarios. Es una paternalista y regañona  guerra, que solo quita el sueño a algún que otro imprudente que exageró y se sabe caído en desgracia.

Y así, siguen los desfalcos. Los resultados de una investigación realizada el pasado año  por la Contraloría General de la República revelaron que solamente  las empresas estatales habaneras tuvieron pérdidas ascendentes a más de 51 millones de pesos convertibles. Explicaron que se debió al descontrol, la falta de vigilancia, “la ineficiencia en la gestión y falta de integralidad en la planificación”. No se habló de responsables, y menos aún, de sanciones.

La burocracia-funcionariado es el reservorio de los ortodoxos, de los retranqueros que no quieren cambien las cosas de lugar, se pone paranoica,  recela de todo y de todos, estrecha el embudo, censura y prohíbe,  se niega a ceder espacios, a desatar las fuerzas productivas,  se opone y obstaculiza el desempeño económico autónomo, tanto de los llamados cuentapropistas (que no sean de la elite, de los suyos) como de las cooperativas.

Es la burocracia-funcionariado y no los emprendedores privados, como insisten en hacer ver, la que se opone denodadamente a la socialización y redistribución de la riqueza, como se supone sea en el socialismo. Atrincherada en los ministerios,  le interesa más mantener su poder,  sus privilegios, sus ganancias, que la implementación de medidas efectivas  que conduzcan a un desarrollo que permita se beneficien equitativamente  todos los miembros de la sociedad.

Y así, las instituciones del estado y el gobierno se hacen cada vez más disfuncionales e incapaces. Darían risa si no dieran grima…

La burocracia-funcionariado, hablando en los términos de la jerga oficialista, podría  ser calificada de   contrarrevolucionaria y anti-socialista.  Solo que ya resulta bastante hiperbólico llamar  revolución y socialismo a lo que va quedando del castrismo. Entonces, la burocracia-funcionariado  es la guardiana en el fondo de la gruta, más que de la llama, de los rescoldos del castro-socialismo verde olivo.
luicino2012@gmail.com
Publicado en Primavera Digital

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