Conversaciones equivocadas, Luis Cino

Es muy interesante un trabajo de Pedro Monreal González aparecido el pasado 8 de febrero en Cuba Posible con el título   “¿Estamos teniendo en Cuba una conversación equivocada sobre la desigualdad?”
https://cubaposible.com/estamos-cuba-una-conversacion-equivocada-la-desigualdad/

Pero no hay que hacer grandes análisis académicos, disponer de indicadores confiables sobre la distribución del ingreso y de la riqueza,  recurrir a los índices Gini y Palma ni mucho menos  esperar por el improbable reconocimiento oficial del problema,  para afirmar que a partir del Periodo Especial la desigualdad social ha crecido en Cuba y se ha agudizado todavía más con las medidas de la llamada “actualización del sistema”: estas medidas, en la búsqueda de un crecimiento económico artificial, sin  sustento real, lo que han conseguido es generar más desigualdades y descontento.

Basta con salir a la calle, mirar alrededor, conversar con la gente, mirarse uno mismo y –política aparte- recordar cómo vivía, digamos, hace 30 años, antes que a Fidel Castro se le ocurriera darle contracandela a la Perestroika con aquella muy desafortunada Rectificación de Errores y de Tendencias Negativas, cuando afirmó que “ahora sí vamos a construir el socialismo”.

Lo peor es que el régimen, que conceptualiza lo que es  inconceptualizable,   hace planes para el año 2030 y habla de lograr un “socialismo próspero y sustentable”,  no da señales de que tenga interés en  una distribución más equitativa de los resultados del muy bajo crecimiento económico que logra.

Y como bien dice Monreal: “…La igualdad social –incluyendo una distribución relativamente equitativa de la riqueza y del ingreso, aunque no limitándose a ello- pudiera ser más importante para el futuro socialista del país, que otras de las características de la visión de la nación que oficialmente se han identificado. Un país puede ser soberano, independiente, próspero, democrático y sostenible, pero si genera creciente desigualdad, de una cosa pudiera estarse seguro: su sistema no sería socialista.”

Acerca del silencio oficial sobre la creciente  inequidad social, como si esta no existiera o no importara, dice Monreal: “Hacer un debate político sobre un modelo socialista y sus políticas públicas sin medir la desigualdad es un ejercicio raro, para decirlo amablemente”.

Demasiado amablemente, digo yo, que detesto los subterfugios.

¿De qué debate político habla Monreal?

Los tanques pensantes  agrupados en Cuba Posible, con tanto academicismo  y objetividad, tan dentro de los márgenes de la disidencia leal (al régimen), más allá de algunas sensateces  que dicen, suelen irse por las ramas.

Al régimen no le preocupa que su discurso político de retórica socialista sea cada vez más ajeno a la realidad cotidiana de los cubanos de a pie.

En Cuba, donde no ha dejado de regir una dictadura que se inició en 1959, no hay debate ni discusión. Lo que hay es simulacros, balbuceos apenas permitidos en restringidos espacios que los mandamases no permiten que se abran.

Bajo la égida oficial, todas las conversaciones sobre los problemas de nuestra sociedad son conversaciones equivocadas de principio a fin.  Como las de la merienda de locos de Alicia. Y siempre son manipuladas a favor de los intereses del régimen. Da lo mismo si versan sobre el problema racial, los derechos humanos,  la propiedad sobre los medios de producción, el periodismo,  la institucionalidad,  la libertad de la creación artística, la igualdad de género, la diversidad sexual, etc.

Ahí están la Comisión Aponte, el CENESEX con sus congas de gays revolucionarios, los congresos de la UNEAC y de la UPEC, los encuentros de jóvenes periodistas, los jueves de la revista Temas, la propia Cuba Posible… Ejemplos sobran de cómo lo que se supongan sean conversaciones, lejos de convertirse en debates, se tornan  monólogos de dirigentes. Eso, si no degeneran antes  en  blablablá insustancial  y pachanga chusma y sumisa…
luicino2012@gmail.com
Publicado en Primavera Digital

La burocracia y el funcionariado, Luis Cino

En los años 60, Fidel Castro y Che Guevara hablaban del burocratismo como un mal heredado del estado burgués que había que combatir y erradicar, aunque según aseguraban, ya estaba en vías de extinción.

Por entonces, proliferaban los organismos del Estado nombrados -como el partido único, la Juventud Comunista,  las organizaciones de masas, los ministerios, las fuerzas armadas y los órganos represivos-   por sus muy sonoras siglas o las combinaciones de ellas ( la Oficoda, la JUCEI, la JUCEPLAN, la ENMIU)   el papeleo, las planillas, los cuños, las firmas  y las reuniones por cualquier causa, las disposiciones absurdas,  las orientaciones y las contra-orientaciones, siempre venidas de arriba.

Las personas, para cualquier trámite, aun el más sencillo e intrascendente, como cambiar la dirección de su casa o mudarse de bodega,  tenían que hacer largas colas y ser peloteados de oficina en oficina, de un compañero burócrata encargado de atender un asunto a otro, con igual mala cara y desinterés en solucionar algo.

Si ha cambiado la burocracia desde entonces, en estas décadas que se nos han hecho tan largas a los que hemos tenido que vivirlas a puro sufrimiento,  ha sido para hacerse más fuerte y poderosa.  Es lógico.  La burocracia es inherente al socialismo real, que es el que ha imperado y aun impera en Cuba, por mucho que se hable del liderazgo carismático de Fidel Castro, del legado guevarista  y de  la excepcionalidad de la revolución cubana, que bajó de las lomas y no llegó con los tanques del Ejército Rojo, ni falta que le hizo para calcar entusiastamente  las recetas de Lenin y Stalin…

En Cuba, como ocurrió en los demás países del nunca bien vituperado socialismo real, el aparato burocrático acumuló poder,  se hizo gigantesco, inamovible y se ha fundido y confundido con el funcionariado. Y cada vez está no solo más alejado de los intereses populares, sino frontalmente contrapuesto a ellos. Es quien ejerce, a nombre del jefazo, la dictadura sobre el proletariado.

La burocracia-funcionariado, testaruda, egoísta, mezquina,  corrupta,  reacia a todo cambio que no redunde en su provecho, pone trabas a los intentos de reformar el sistema para intentar la sobrevida –la llamada actualización del modelo económico y los Lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista, que se implementan a paso de tortuga, con muchas más pausas que prisa.

La burocracia- funcionariado se ha convertido en el más peligroso de los gérmenes que amenazan la supervivencia de eso que todavía se empeñan en llamar la revolución. Y la dirigencia del Estado-Partido-Gobierno  está advertida del peligro, sabe que son pirañas, enloquecidas y voraces,  pero no puede prescindir de ellas.

Los gobernantes dicen combatir la corrupción, pero no le causa daños ni bajas a los adversarios. Es una paternalista y regañona  guerra, que solo quita el sueño a algún que otro imprudente que exageró y se sabe caído en desgracia.

Y así, siguen los desfalcos. Los resultados de una investigación realizada el pasado año  por la Contraloría General de la República revelaron que solamente  las empresas estatales habaneras tuvieron pérdidas ascendentes a más de 51 millones de pesos convertibles. Explicaron que se debió al descontrol, la falta de vigilancia, “la ineficiencia en la gestión y falta de integralidad en la planificación”. No se habló de responsables, y menos aún, de sanciones.

La burocracia-funcionariado es el reservorio de los ortodoxos, de los retranqueros que no quieren cambien las cosas de lugar, se pone paranoica,  recela de todo y de todos, estrecha el embudo, censura y prohíbe,  se niega a ceder espacios, a desatar las fuerzas productivas,  se opone y obstaculiza el desempeño económico autónomo, tanto de los llamados cuentapropistas (que no sean de la elite, de los suyos) como de las cooperativas.

Es la burocracia-funcionariado y no los emprendedores privados, como insisten en hacer ver, la que se opone denodadamente a la socialización y redistribución de la riqueza, como se supone sea en el socialismo. Atrincherada en los ministerios,  le interesa más mantener su poder,  sus privilegios, sus ganancias, que la implementación de medidas efectivas  que conduzcan a un desarrollo que permita se beneficien equitativamente  todos los miembros de la sociedad.

Y así, las instituciones del estado y el gobierno se hacen cada vez más disfuncionales e incapaces. Darían risa si no dieran grima…

La burocracia-funcionariado, hablando en los términos de la jerga oficialista, podría  ser calificada de   contrarrevolucionaria y anti-socialista.  Solo que ya resulta bastante hiperbólico llamar  revolución y socialismo a lo que va quedando del castrismo. Entonces, la burocracia-funcionariado  es la guardiana en el fondo de la gruta, más que de la llama, de los rescoldos del castro-socialismo verde olivo.
luicino2012@gmail.com
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