Más con el corazón que con los pies, Luis Cino

Una colega que mucho admiro y respeto, Miriam Celaya, opinaba hace unos días que los que  lamentan y critican  la decisión del presidente Obama de eliminar la llamada política de pies secos, pies mojados, por considerarla un favor a la dictadura, hemos acabado pensando con los pies.
En mi caso particular, no pienso con los pies (nunca me ha pasado por la mente emigrar)  sino con el corazón, un órgano que tampoco es el más apropiado para pensar.  Reconozco que suelo pasarme de la raya en la pasión al condolerme de la mala suerte de mi pueblo.
Estoy  consciente de que otros, como los sirios, la pasan incomparablemente  peor. Sé que los contribuyentes norteamericanos no tienen por qué pagar los platos rotos y encima tener que  presenciar como muchos aprovechados abusan luego descaradamente  de su generosidad. Pero, mala o regular, es mi gente.  La culpa no es de ellos, sino de un sistema perverso que los deformó y los convirtió en una piara, y no quiero verla humillada, perseguida por la Migra, discriminada,  como muy pronto  sucederá.
No me cuento entre los  enemigos del acercamiento entre  Cuba y los Estados Unidos, pero hubiese preferido que fuese en otras condiciones.  Para que tuviese  sentido, era preciso  exigir que el gobierno cubano hubiera cedido algo  en el tema del respeto a  los derechos humanos y las libertades políticas. Al no haber nada en este sentido y por el contrario,  vanagloriarse el régimen castrista de que no ha hecho concesiones, el más mínimo gesto de los Estados Unidos que lo beneficie, es un regalo inmerecido que se le ha hecho y que solo reforzará su intransigencia guapetona.
Duele  este regalo de Obama, paralizador de pies, porque corta las alas a millares de compatriotas ansiosos por escapar de la opresión y la miseria, que será ahora mucha más en el caso de los varados en Panamá, Colombia y México, que quemaron sus naves al partir.
Es cierto que los cubanos debemos dejar de creernos que somos el ombligo del mundo, y que nos merecemos todo y más.  Más que eso, debemos dejar de huir y quedarnos  a recomponer la patria, y más aun, no esperar que se encarguen otros gobiernos  de resolver nuestros problemas.
Tampoco tiene el gobierno de otro país  que  encargarse de apretarnos las clavijas,  para que este pueblo,   por el hambre y  la miseria, no aguante más,  estalle y acabe con la dictadura.
Tanto si ese es el objetivo final que busca la eliminación de la política de pies secos, pies mojados, como si es solo otro rejuego de la politiquería de republicanos vs demócratas, una zancadilla de Obama  a Trump,  es algo bastante cruel  e inmoral.
Es deplorable la actitud de ciertos opositores que esperan se nutran sus filas ahora  porque la desesperanza de saber el corral cerrado con candado,  hizo con este  pueblo lo que ellos no fueron capaces de hacer: sacarlo del cinismo, la apatía y la indefensión y convencerlo de luchar por sus derechos y su libertad.
Qué se puede esperar si muchos de  esos personajes abochornan de tan entusiastas   al confiar en que un tipo como Donald Trump será el que  traiga la democracia a Cuba. ¡Precisamente él, con esa retórica retrógrada y esos gestos a lo Mussolini!
¡Trump! Por lo pronto, es de esperar, que el rubicundo y disparatado nuevo presidente norteamericano,  tan anti-inmigrante como se pinta, acabe de rematar a la Ley de Ajuste Cubano, luego  que Obama la dejó tambaleándose, colgada de un hilo.
No sigamos lamentándonos. En lo malo, e incluso en lo peor, siempre  hay algo  que se puede aprovechar. Coincido  con la colega Miriam Celaya: ahora que los inmigrantes cubanos no gozarán de privilegios y serán tratados igual que  los de cualquier país del mundo, reclamemos que tengan los mismos derechos que ellos  a la hora de entrar en la tierra donde nacieron, que puedan regresar  absolutamente todos, sin tener que pedir permiso, que no los chantajeen,  que no se arrogue una embajada   el derecho de no habilitarles el pasaporte, que no los  viren en el aeropuerto,  que no los esquilmen,  que puedan invertir y participar en la política nacional, que ningún zoquete se atreva a llamarlos ex -cubanos por residir fuera de la isla.
No hay duda: ya es tiempo  de que los cubanos recuperemos la vergüenza.
luicino2012@gmail.com
(Una versión similar fue publicada en Cubanet).                       M

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La olla-ratonera, Luis Cino

El presidente Obama, a solo unos días de terminar  su mandato,  ha vuelto a complacer otra petición del  régimen castrista: la eliminación de la  política de pies secos y pies mojados  y del programa de parole para médicos cubanos en el exterior.
Así,  ha cerrado el paso a los cientos de cubanos varados en Panamá, Colombia, México y Ecuador, y  ha privado de escapatoria a los millares de cubanos desesperados por huir de la tiranía  y que no pueden emigrar de forma legal por no tener dinero ni familiares en los Estados Unidos que los reclamen y que no clasifican para el programa de las 20 000 visas anuales para Cuba que concede el gobierno norteamericano.
La dictadura  reclamaba con ahínco el cese de la política de pies secos  y pies mojados, vigente desde 1994, a la que culpa por las muertes en el Estrecho de la Florida, los secuestros de aviones y embarcaciones y el tráfico de personas. Pero no están del todo satisfecho los mandamases verde olivo, siempre tan roñosos con los súbditos que se le escapan:   querían también que Obama en vez de dejarla tambaleándose, hubiese   derogado  la Ley de Ajuste Cubano. Según su versión, dicha ley, que califican de asesina, incentiva la inmigración ilegal. Como si no fuera su régimen de oprobio y miserias que no cesan,  el culpable de la estampida de los cubanos durante los últimos 58 años.
Es comprensible el regocijo de los mandamases por el fin del sistema de parole para los médicos cubanos: ahora puede contar con que todos los mal pagados galenos  regresarán disciplinadamente al corral, cuando terminen sus misiones en el exterior que tantos miles de dólares reportan al estado cubano, para poder seguir alquilándolos  y esquilmándolos miserablemente.
Más difícil es entender los beneficios para el régimen del fin de la política de pies secos, pies mojados. Tal vez Obama les ha hecho un flaco favor.  Un regalo envenenado a mediano plazo.
El éxodo de cubanos  le ha servido al régimen de válvula de escape para librarse de los descontentos y evitar un estallido social. Ahora los deportados, que quemaron las naves antes de partir, se sumarán a los miles de desesperados por emigrar que se verán  encerrados con llave y candado y custodiados, para que no escapen por mar, por los guardacostas estadounidenses.     ¿Qué pasará  en esta olla-ratonera con ese vapor acumulado, en momentos en que empeora la situación económica?
Lo que podemos esperar, lo que ya se ve venir, es más represión. Y un recrudecimiento de la retórica  anti-yanqui y patriotera. Donald Trump, que se pinta hostil,  le servirá de pretexto al régimen para atrincherarse. Será el tipo idóneo como contrincante. Con lo que esta dictadura cerril y zafia no sabe lidiar es con el poder blando.  Lástima que con Obama, tan complaciente, la blandura  haya sido excesiva.
luicino2012@gmail.com

Fidel Castro sigue dando de qué hablar, Luis Cino

Se rumora que las cenizas de Fidel Castro no son las que están en el monolito del  cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, sino que las tienen  celosamente guardadas sus legatarios,  y que serán las que   depositarán  en la Cripta del Mambí, en el remozado Capitolio,  sede de la domesticada Asamblea Nacional.
Otros dicen que  una parte de las cenizas está en Santa Ifigenia y que la otra será la que reposará en la Cripta del Mambí.
Y hay hasta quienes dudan que el cuerpo haya sido realmente cremado.
La bola, el chisme, se apoya en explicaciones basadas en el Palo de Monte, la magia negra y otras prácticas ocultistas, pero más que todo, se debe a la proverbial  desconfianza  hacia un régimen que desde sus mismos inicios, hace 58 años,  se  especializó en la conspiración, el ocultamiento y el secretismo.
Mientras,  no cesa el culto a la personalidad del desaparecido Comandante y el saturador  bombardeo  con su imagen y la letanía de sus hechos y sus palabras en la prensa, la radio y la TV, que se inició meses antes de su muerte, cuando se aproximaba su 90 cumpleaños.
Lo cierto es que a más de un mes de su fallecimiento, el pasado 25 de noviembre, Fidel Castro sigue dando de qué hablar, tanto a sus seguidores como a sus enemigos. Más que cuando vivía.  Hoy  se habla y se escribe  mucho más de él que cuando desde su bunker en Punto Cero escribía confusas reflexiones donde divagaba y hacía predicciones apocalípticas, y recibía a visitantes extranjeros que invariablemente daban luego fe de que estaba vivo al comentar lo lúcido y saludable que lo encontraron.
Como pasó antes con el caso de Che Guevara,  la muerte dio a Fidel Castro el segundo – o tercer, habida cuenta las reflexiones que aparecían en Granma y Cuba Debate- aire que necesitaba su mito.
luicino2012@gmail.com
Publicado en Primavera Digital