La olla-ratonera, Luis Cino

El presidente Obama, a solo unos días de terminar  su mandato,  ha vuelto a complacer otra petición del  régimen castrista: la eliminación de la  política de pies secos y pies mojados  y del programa de parole para médicos cubanos en el exterior.
Así,  ha cerrado el paso a los cientos de cubanos varados en Panamá, Colombia, México y Ecuador, y  ha privado de escapatoria a los millares de cubanos desesperados por huir de la tiranía  y que no pueden emigrar de forma legal por no tener dinero ni familiares en los Estados Unidos que los reclamen y que no clasifican para el programa de las 20 000 visas anuales para Cuba que concede el gobierno norteamericano.
La dictadura  reclamaba con ahínco el cese de la política de pies secos  y pies mojados, vigente desde 1994, a la que culpa por las muertes en el Estrecho de la Florida, los secuestros de aviones y embarcaciones y el tráfico de personas. Pero no están del todo satisfecho los mandamases verde olivo, siempre tan roñosos con los súbditos que se le escapan:   querían también que Obama en vez de dejarla tambaleándose, hubiese   derogado  la Ley de Ajuste Cubano. Según su versión, dicha ley, que califican de asesina, incentiva la inmigración ilegal. Como si no fuera su régimen de oprobio y miserias que no cesan,  el culpable de la estampida de los cubanos durante los últimos 58 años.
Es comprensible el regocijo de los mandamases por el fin del sistema de parole para los médicos cubanos: ahora puede contar con que todos los mal pagados galenos  regresarán disciplinadamente al corral, cuando terminen sus misiones en el exterior que tantos miles de dólares reportan al estado cubano, para poder seguir alquilándolos  y esquilmándolos miserablemente.
Más difícil es entender los beneficios para el régimen del fin de la política de pies secos, pies mojados. Tal vez Obama les ha hecho un flaco favor.  Un regalo envenenado a mediano plazo.
El éxodo de cubanos  le ha servido al régimen de válvula de escape para librarse de los descontentos y evitar un estallido social. Ahora los deportados, que quemaron las naves antes de partir, se sumarán a los miles de desesperados por emigrar que se verán  encerrados con llave y candado y custodiados, para que no escapen por mar, por los guardacostas estadounidenses.     ¿Qué pasará  en esta olla-ratonera con ese vapor acumulado, en momentos en que empeora la situación económica?
Lo que podemos esperar, lo que ya se ve venir, es más represión. Y un recrudecimiento de la retórica  anti-yanqui y patriotera. Donald Trump, que se pinta hostil,  le servirá de pretexto al régimen para atrincherarse. Será el tipo idóneo como contrincante. Con lo que esta dictadura cerril y zafia no sabe lidiar es con el poder blando.  Lástima que con Obama, tan complaciente, la blandura  haya sido excesiva.
luicino2012@gmail.com

Fidel Castro sigue dando de qué hablar, Luis Cino

Se rumora que las cenizas de Fidel Castro no son las que están en el monolito del  cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, sino que las tienen  celosamente guardadas sus legatarios,  y que serán las que   depositarán  en la Cripta del Mambí, en el remozado Capitolio,  sede de la domesticada Asamblea Nacional.
Otros dicen que  una parte de las cenizas está en Santa Ifigenia y que la otra será la que reposará en la Cripta del Mambí.
Y hay hasta quienes dudan que el cuerpo haya sido realmente cremado.
La bola, el chisme, se apoya en explicaciones basadas en el Palo de Monte, la magia negra y otras prácticas ocultistas, pero más que todo, se debe a la proverbial  desconfianza  hacia un régimen que desde sus mismos inicios, hace 58 años,  se  especializó en la conspiración, el ocultamiento y el secretismo.
Mientras,  no cesa el culto a la personalidad del desaparecido Comandante y el saturador  bombardeo  con su imagen y la letanía de sus hechos y sus palabras en la prensa, la radio y la TV, que se inició meses antes de su muerte, cuando se aproximaba su 90 cumpleaños.
Lo cierto es que a más de un mes de su fallecimiento, el pasado 25 de noviembre, Fidel Castro sigue dando de qué hablar, tanto a sus seguidores como a sus enemigos. Más que cuando vivía.  Hoy  se habla y se escribe  mucho más de él que cuando desde su bunker en Punto Cero escribía confusas reflexiones donde divagaba y hacía predicciones apocalípticas, y recibía a visitantes extranjeros que invariablemente daban luego fe de que estaba vivo al comentar lo lúcido y saludable que lo encontraron.
Como pasó antes con el caso de Che Guevara,  la muerte dio a Fidel Castro el segundo – o tercer, habida cuenta las reflexiones que aparecían en Granma y Cuba Debate- aire que necesitaba su mito.
luicino2012@gmail.com
Publicado en Primavera Digital