A 50 años de la Revolución Cultural, Luis Cino

Este año la Revolución Cultural china, una de las más espeluznantes empresas de Mao Zedong, su reino del terror rojo, cumplió medio siglo.
Una circular secreta de Mao, en mayo de 1966, donde declaraba la guerra contra “los representantes de la burguesía infiltrados en el Partido Comunista, el gobierno, el ejército y la cultura”, originó diez años de barbarie. En la súper purga de Mao para deshacerse de sus rivales y destruir las viejas ideas, costumbres y hábitos del pueblo cino  –“el desorden para crear más orden”, que decía- más de un millón de personas fueron asesinadas por los Guardias Rojos  y decenas de millones más fueron torturadas, expulsadas de las ciudades y obligadas a realizar trabajos forzados durante años  en las comunas agrícolas.
Si se suma el más de un millón de muertos de la Revolución Cultural con las decenas de millones de personas que murieron producto de la hambruna ocasionada por los disparates del Gran Salto Adelante, a finales de los años 50, el saldo es horripilante, comparable solo al de  Hitler y Stalin.
Pero no es un secreto que Mao fue un tirano  sicópata y asesino. Lo fue  desde los tiempos en que era un cabecilla guerrillero oculto en su madriguera de Yenan.  Lo sorprendente es que en los años 60 y 70 hubiera tanto zoquete en Occidente que reverenciaran al Chairman Mao. Lo indignante es que cuarenta años después de su descenso al infierno, la China oficial trate de preservar la figura de Mao, de escamotear sus crímenes, haciendo recaer las culpas en su viuda, Jiang Quing,,  y la llamada banda de los Cuatro.
Un inmenso retrato del tirano  aun se alza, en Beijing, sobre la Plaza Tiananmen, donde fueron masacrados, en junio de 1989, varios  centenares de jóvenes manifestantes  que reclamaban la democratización del país.
Los actuales mandarines chinos, siempre prestos a las conmemoraciones por todo lo alto, con desfiles militares a paso de ganso, han concedido muy poco relieve al aniversario 50 de la Revolución Cultural. Es como si quisieran que aquella  pesadilla sea olvidada, que no se hable más de ella. Y es lógico, de acuerdo a su mentalidad. Desde Deng Xiao Ping en los años 80  hasta el actual mandatario Xi Jing Ping, quien es presentado como “el núcleo verdadero del Comité Centarl”,  y cada vez está más tentado por un culto a la personalidad de proporciones ridículas, se han pronunciado en contra de lo que llaman “nihilismo histórico” y  han advertido que “desacreditar al camarada Mao significaría desacreditar a nuestro Partido y nuestro Estado”.
Veleidades capitalistas aparte, los camaradas de Beijing  están en lo cierto.
luicino2012@gmail.com

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