La culpa no es de la Ley de Ajuste Cubano, Luis Cino

 

Los cancilleres de Ecuador, Colombia, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, México, El Salvador, Guatemala y Perú han enviado una carta al secretario de Estado norteamericano John Kerry donde proponen una reunión para analizar la política migratoria estadounidense hacia Cuba, en particular la Ley de Ajuste Cubano, que según afirman, promueve una emigración ilegal que afecta a sus países.

Ese mismo argumento ha sido repetido en los últimos diez meses por varios cancilleres centro y sudamericanos ante el flujo de miles de cubanos que principalmente procedentes de Ecuador, tratan de llegar a territorio norteamericano, quedándose varados en las fronteras de algunos de estos países, lo que ha creado una verdadera crisis en la región.

Más allá de las lógicas preocupaciones de esos gobiernos por la seguridad de sus fronteras, el tráfico ilegal de personas y los problemas derivados de todo ello, en el mejor de los casos, hay miopía en sus posturas. Eso, por no decir cinismo, hipocresía y compincheo con la dictadura castrista, en los casos de algunos de esos gobiernos.

Culpar a la Ley de Ajuste de que los cubanos huyan de los rigores y las miserias del régimen castrista es como pensar que las gentes que se lanzan por las ventanas de un edificio en llamas lo hacen porque los bomberos colocaron en la calle, para recogerlos cuando salten, unas mallas muy bonitas y cómodas.

A quien tendrían que exigirle sería al régimen castrista, que se desentiende de la suerte de sus ciudadanos varados en las fronteras, incluso cuando fueron apaleados por los guardias nicaragüenses, y que es el verdadero culpable de la desesperación de los cubanos, y porque se vale de ese éxodo, como hizo en Mariel en 1980 y con la crisis de los balseros en 1994, para sacarle vapor a la olla, y evitar un estallido social. Pero sería pedir demasiado que esos gobiernos muestren una actitud sincera y consecuente respecto al caso de Cuba.

Tradicionalmente, los vínculos con el régimen castrista fueron utilizados por los gobiernos latinoamericanos como un instrumento de presión para obtener ventajas en sus relaciones con los Estados Unidos y para contentar y estar a bien con las izquierdas de sus países, y en años recientes, con los gobiernos de la Alianza Bolivariana.

Los gobiernos del continente temen enojar al régimen castrista, que por cualquier motivo, sea una declaración de un presidente que un voto en contra en Ginebra, lo mismo insulta que desestabiliza. Por eso, evitan pronunciarse sobre las violaciones de los derechos humanos en Cuba y salvo muy honrosas excepciones, ignoran a la oposición prodemocrática.

¿Creen que el gobierno colombiano iba a disgustar al régimen cubano luego que le ayudó a conseguir los acuerdos de paz con las FARC-EP? ¡Con lo emocionante que fue la escena en que el general Raúl Castro alentó el estrechón de manos entre Santos y Timochenko!

Aunque el gobierno norteamericano modifique o derogue la Ley de Ajuste, mientras no cambien las actuales circunstancias políticas y económicas en Cuba, los cubanos seguirán intentando escapar adonde sea.

No es que los gobiernos de la región tengan que hacer de coyotes o seguir cargando con los emigrantes cubanos y asumir los costos monetarios que ello representa, pero que no se presten a hacer el papel de rancheadores de la dictadura castrista, y a servirles de eco de sus exigencias al gobierno norteamericano.
luicino2012@gmail.com

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