Eufemismos y seudoteorizaciones, Luis Cino

Como calamar que suelta tinta, el castrismo, en su empeño por distorsionar la realidad y evitar llamar a las cosas por su nombre,  ha sido prolijo en la utilización de eufemismos y términos propios de un metalenguaje muy particular. Así, por ejemplo, bautizó como Periodo Especial en tiempo de paz a la peor crisis de la historia del país, y denomina “antisociales” y “mercenarios” a todos los que disienten,  “excedentes” y “disponibles” a los cesanteados  de las empresas estales y desempleados, “extracciones a los desalojos,  y con el malsonante  “cuentapropistas” a los que tienen negocios privados o trabajan al margen del estado, pero siempre con licencia e impuestos pagados religiosamente a la ONAT, faltara más.
A propósito de estos últimos, a quienes Obama y algunos otros ilusos se empeñan en ver como emprendedores de cuyo éxito dependerá el futuro de Cuba, ya los licantrópicos  mandamases en el VII Congreso del Partido Comunista advirtieron que aunque no deben ser considerados enemigos ni contrarrevolucionarios,   no se les permitirá que acumulen riquezas ni propiedades, para así evitar que se conviertan en la punta de lanza del gobierno de los Estados Unidos – que sigue siendo el enemigo, a pesar del restablecimiento de las relaciones diplomáticas- en sus planes para destruir a la revolución. Y uno entonces se pregunta  cómo rayos van a acumular capital necesario para desarrollar sus emprendimientos  de jama, peluquería y pacotilla y superar la etapa del chinchal y el timbiriche. ¡Y todavía hay quienes se tragan el cuento de que el régimen va a permitir la pequeña y mediana empresa, las pymes, como le dicen!
Volviendo a los eufemismos y el metalenguaje, pero sin apartarnos demasiado del tema de los emprendedores privados, el octavo y parece que definitivo borrador de  la conceptualización del modelo económico y esa mal contada historieta de ciencia-ficción de la peor  que es el Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el año 2030, con el agregado glosario de términos y conceptos,  son antológicos en cuanto al uso de circunloquios, ambigüedades e imprecisiones. Lo único que queda claro, si acaso algo queda claro, es que los mandamases, independientemente de ciertas flexibilizaciones a cuenta gotas y a regañadientes, porque no les queda otro remedio para no acabar de hundirse, mantienen su apuesta –no importa las desastrosas experiencias obtenidas en más de medio siglo- por la planificación económica centralizada y la propiedad estatal sobre los medios de producción.
Resulta muy significativo que en el Plan de Desarrollo en vez de referirse con todas sus letras a la propiedad privada, que dicen reconocer como una de las formas de propiedad del modelo económico cubano, empleen términos como “forma de propiedad no estatal”, “propiedad personal”, o “propiedad común sobre los medios de producción”, siempre entendido el Estado-Partido-Gobierno como el gran dueño de todo.
Todo esto suena feo y huele peor. Aquí hay algo más que eufemismos… No quiero extenderme más, pues ya me duele la cabeza y se me revuelve el estómago en el intento de entender  la seudoteorización  que hicieron –sospecho que el ministro de Economía Marino Murillo, siempre tan preciso en sus explicaciones,  jugó un papel destacado en ello-  ininteligible con toda intención. Dejo a otros colegas los análisis y las interpretaciones pertinentes del mamotreto. Por ahora, me doy por vencido: no puedo más con tanta palabrería farragosa.
luicino2012@gmail.com
Publicado en Primavera Digital

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