Un camino minado, Luis Cino

El VII Congreso del Partido Comunista, con su inmovilismo y su plan de desarrollo para el 2030, que parece una mal contada trama de ciencia ficción, evidenció el empeño castrista por minar los caminos a una eventual transición a la democracia.

Cual si no bastara el daño hecho  a la siquis nacional por 57 años de dictadura -el rebaño hipócrita, temeroso, envilecido y cínico que ha conseguido-, ahora, aferrados como lapas al poder absoluto, los mandamases se encargan de planificar el peor futuro posible para nuesros descendientes, no los suyos, claro está, que cada vez son más desfachatados en su opulencia.

Sin renunciar a su reórica socialista, que cada vez es más hueca e inconsistente, es como si dijeran: ¿No querían capitalismo? Pues aquí tienen, pero del más duro y a nuestra manera…

El futuro que nos anuncian tiene que ver mucho más con la Rusia putinesca que con el socialismo de mercado chino o vietnamita.
En el Plan de Desarrollo Económico hasta 2030, se reconoce la propiedad privada  como una de las formas de propiedad del modelo económico cubano, aunque se emplean varios eufemismos  -“forma de propiedad no estatal”, “propiedad personal”, o “propiedad común sobre los medios de producción”- para no llamarla por su nombre, y se advierte, entre otras limitaciones,  que no se permitirá acumulación de propiedades ni de riquezas y que la propiedad estatal será la  predominante.
La elite de poder y sus paniaguados sí podrá acumular propiedades y riquezas.  El  artículo 119 de la Conceptualización del Modelo Económico y Social de Desarrollo viene a ser la luz verde a la piñata de la elite partidista y los militares negociantes (los bingshangs, que decían los chinos) que desde hace años juegan al capitalismo.
Las pirañas del Estado, sin control público de las cuentas y sin una prensa libre  que los cuestione, tendrán las manos sueltas en el festín.
El  artículo 119  sienta la base legal para que el PCC y sus organizaciones satélites, las llamadas “organizaciones de masas”, sean propietarias de todos los medios y recursos de que disponen actualmente (inmuebles, autos, camiones, periódicos, revistas,  etc.)
¿Y alguien dudaba que “el Partido es inmortal”?
Si todo les sale como quieren, habrá mafias y corrupción a tutiplén. Y el pueblo seguirá tan apático e indefenso como ahora, limitándose a ver cómo se las arregla para comer…
En esas condiciones, dentro de unos años, retoques a la constitución de por medio para legalizar antos decretos leyes, va y permiten en la Asamblea Nacional del Poder Popular a unos cuantos payasos disfrazados de opositores leales y hasta se animan y hacen  elecciones…
luicino2012@gmail.com

Eufemismos y seudoteorizaciones, Luis Cino

Como calamar que suelta tinta, el castrismo, en su empeño por distorsionar la realidad y evitar llamar a las cosas por su nombre,  ha sido prolijo en la utilización de eufemismos y términos propios de un metalenguaje muy particular. Así, por ejemplo, bautizó como Periodo Especial en tiempo de paz a la peor crisis de la historia del país, y denomina “antisociales” y “mercenarios” a todos los que disienten,  “excedentes” y “disponibles” a los cesanteados  de las empresas estales y desempleados, “extracciones a los desalojos,  y con el malsonante  “cuentapropistas” a los que tienen negocios privados o trabajan al margen del estado, pero siempre con licencia e impuestos pagados religiosamente a la ONAT, faltara más.
A propósito de estos últimos, a quienes Obama y algunos otros ilusos se empeñan en ver como emprendedores de cuyo éxito dependerá el futuro de Cuba, ya los licantrópicos  mandamases en el VII Congreso del Partido Comunista advirtieron que aunque no deben ser considerados enemigos ni contrarrevolucionarios,   no se les permitirá que acumulen riquezas ni propiedades, para así evitar que se conviertan en la punta de lanza del gobierno de los Estados Unidos – que sigue siendo el enemigo, a pesar del restablecimiento de las relaciones diplomáticas- en sus planes para destruir a la revolución. Y uno entonces se pregunta  cómo rayos van a acumular capital necesario para desarrollar sus emprendimientos  de jama, peluquería y pacotilla y superar la etapa del chinchal y el timbiriche. ¡Y todavía hay quienes se tragan el cuento de que el régimen va a permitir la pequeña y mediana empresa, las pymes, como le dicen!
Volviendo a los eufemismos y el metalenguaje, pero sin apartarnos demasiado del tema de los emprendedores privados, el octavo y parece que definitivo borrador de  la conceptualización del modelo económico y esa mal contada historieta de ciencia-ficción de la peor  que es el Plan de Desarrollo Económico y Social hasta el año 2030, con el agregado glosario de términos y conceptos,  son antológicos en cuanto al uso de circunloquios, ambigüedades e imprecisiones. Lo único que queda claro, si acaso algo queda claro, es que los mandamases, independientemente de ciertas flexibilizaciones a cuenta gotas y a regañadientes, porque no les queda otro remedio para no acabar de hundirse, mantienen su apuesta –no importa las desastrosas experiencias obtenidas en más de medio siglo- por la planificación económica centralizada y la propiedad estatal sobre los medios de producción.
Resulta muy significativo que en el Plan de Desarrollo en vez de referirse con todas sus letras a la propiedad privada, que dicen reconocer como una de las formas de propiedad del modelo económico cubano, empleen términos como “forma de propiedad no estatal”, “propiedad personal”, o “propiedad común sobre los medios de producción”, siempre entendido el Estado-Partido-Gobierno como el gran dueño de todo.
Todo esto suena feo y huele peor. Aquí hay algo más que eufemismos… No quiero extenderme más, pues ya me duele la cabeza y se me revuelve el estómago en el intento de entender  la seudoteorización  que hicieron –sospecho que el ministro de Economía Marino Murillo, siempre tan preciso en sus explicaciones,  jugó un papel destacado en ello-  ininteligible con toda intención. Dejo a otros colegas los análisis y las interpretaciones pertinentes del mamotreto. Por ahora, me doy por vencido: no puedo más con tanta palabrería farragosa.
luicino2012@gmail.com
Publicado en Primavera Digital

El tigre de José Hugo Fernández, Luis Cino

Al escritor José Hugo Fernández, cuyas excelentes crónicas leía desde hace años en Cubanet y Diario de Cuba, pude conocerlo personalmente y saludarlo  el pasado diciembre en Miami, en el Festival Vista, donde presentó su novela El tigre negro, publicada por Neo Club Ediciones.
El libro, cuya presentación estuvo a cargo del poeta Ramón Fernández Larrea, por su originalidad, reflexiva y posmoderna, fue uno de los que más atrajo mi atención.
El tigre negro es, a la misma vez,  una novela negra  y el relato  de las vicisitudes de un desahuciado social  de la Cuba de ahora mismo que acaba convertido en disidente y periodista independiente.
El hombre, en sus sueños, como reportero de crónica roja en un periódico habanero de finales de  los años 40 se ve envuelto en aventuras llenas de guiños a Dashell  Hammet, Raymond Chandler  y las películas de Humphrey Bogart, pero  despierta para tropezarse con que no tiene qué comer o donde dormir y es acosado  por la policía política y sus chivatos.
En medio de toda esta trama, que pasa sin apenas transición de lo hilarante a lo deprimente, el personaje  hace disquisiciones político-filosóficas, con un derroche de citas de Valery, Orwell,  Aristóteles, Hobbes, Hegel, Flaubert, Novalis, Dostoievsky, Nietzche, y un largo  etc.
Algunas de estas disquisiciones, muy bien insertadas por cierto, resultan muy interesantes, como esta, que según refiere el protagonista, fue el  remanente de la última  conversación que sostuvo con Nelson “La Situación”, su compañero de trajines disidentes, antes de que los encerraran en celdas separadas, porque según  los  guardias, ni presos dejaban de intercambiar “mensajes contrarrevolucionarios”.
Cito: “No es un paseo huir de la chata existencia que nos ha tocado en suerte sin que estemos actuando como cobardes o apocados o nihilistas de corto aliento. Es algo que no me preocupa en lo más mínimo, pero, ¿resultará posible romper lanzas contra las convenciones de la vida común sin que al final tu actitud escape del peligro de alinear entre lo ya trillado? Debe haber sido Alan Finkelkraut, un profeta mediático sobresaliente donde los haya, quien acuñó la idea de que una verdadera revolución en nuestros tiempos debería ocuparse de salvar al mundo de la plaga de los revolucionarios. Algo así más o menos dijo. Tampoco es que comparta por entero su punto de vista (muchísimo menos que me importe salvar al mundo), pero la verdad es que estoy  ya hasta el último pelo de los herejes e iconoclastas y de los revirados de nueva generación. Se me parecen   a esos hermanitos jimaguas que se exhiben luciendo la misma indumentaria,  cada cual pendiente de los gestos del otro, si uno se da un machucón en el dedo, el otro es el que grita, pero al final crecen detestándose mutuamente por causa de la inevitable semejanza, quiero decir, por la medida en que esta semejanza les impone limitaciones a la hora de hacer lo que más les gusta, que es amarse a sí mismos en tanto seres únicos e irrepetibles.”
O esta otra, también a partir de una conversación del protagonista con el inefable Nelson La Situación: “…Si bien me siento ahíto de la dictadura que sufrimos desde hace tanto en el país (casi me atrevería a jurar que empecé a sentirme ahíto desde la primera vez que pensé, siendo aun niño), tampoco es que no dejen de resultarme ya no empalagosos o repugnantes, pero sí lastimeros, muchos de sus enemigos formales dentro y fuera de la isla. Entonces, ¿cuál, según tú, debiera ser la posición de las personas decentes en nuestro entorno?, inquirió Nelson, empezando a mostrar el ceño ligeramente fruncido. Y eso me confundiría un tanto, no solo porque yo no creo ser una persona decente, sino porque tampoco creo que las personas decentes, por el simple hecho de serlo, estén obligadas a tomar siempre una posición determinada, por lo menos en lo que a política se refiere. Pero suponiendo que ellas lo entiendan así, a las personas decentes posiblemente les baste con no asumir posiciones que la decencia desaconseja. Y ya sabrá cada cual, de acuerdo con sus reverendísimas ganas, qué posición le correspondería no asumir.”
Sobre El tigre negro, comentó Fernández Larrea, quien es amigo de José Hugo Fernández desde  los años  80, cuando juntos hacían  en Radio Ciudad de La Habana, el popular Programa de Ramón: “Utilizando dos líneas narrativas fundamentales, una hacia el pasado y otra desde el presente, José Hugo Fernández desarrolla esta gran humorada en la que confluyen muchas historias actuales y donde la principal es la de ese ser marginal que desde el mismo arranque de esta novela confiesa que sus pensamientos son cocteles molotov, tal vez porque cada noche consume unos hongos alucinantes de los que se forman sobre el estiércol de las vacas, que le ayudan a transportarse en sueños a esa Habana del pasado donde encuentra a su otro yo, que le hace vivir aventuras tan enloquecidas  como él”.
El autor tomó el título del libro de un haiku de Kaneko Tota: “En mi lago interior/en la sombra/ merodea un tigre negro”.
Nacido en La Habana en  1954, José Hugo Fernández trabajó como  guionista en la radio y la televisión cubana hasta  1992, cuando  rompió con los medios oficialistas. En 2015 marchó al exilio y se radicó en Miami. Ha publicado quince libros.
luicino2012@gmail.com