Nuestra fiesta con los Stones, Luis Cino

El 25 de marzo, cuando asistimos al concierto de The Rolling Stones en la Ciudad Deportiva, el colega y amigo Iván García, que sabe de mi pasión por dicha banda, la mejor que haya existido, se quedó a la espera de verme llorar.  Tuvo que conformarse con que mis ojos estuvieran aguados casi todo el tiempo que duró el concierto y resignarse a oirme aullar las viejas canciones, a dúo con Jagger, con la voz quebrada por la emoción.
Soy un tipo algo sentimental, pero sé controlar mis emociones. Y era tiempo de celebrar, y en grande,   nada menos que con los mismísimos Stones en persona, la fiesta que nunca nos permitieron tener. Así que nada de lágrimas.
A fin de cuentas, los mandamases, con sus prohibiciones y su aberrado celo por la pureza ideológica ,  no consiguieron domarnos y ganamos la pelea.  Los Stones no han cambiado. Nosotros tampoco. ¡Allá los que tengan que cambiar!
Pero, para qué hacerme el duro…Tengo que admitir que al compás de la música de los Stones, los recuerdos, los malos y los buenos, vinieron constantemente a mí. Pensé en los amigos dispersos por Estados Unidos, Polonia, México, o en los que ya no están en este mundo, que hubieran estado allí, cómo no iban a estar. Pero de todos modos estuvieron. Y no solo en mi mente, sino en los millares de muchachas y muchachos que bailaban y cantaban las canciones que nos enloquecían muchos años antes de que ellos  nacieran. Me pareció vernos en ellos, en como éramos entonces,  antes que nos machucara la vida, si es que a lo que hemos pasado se le puede llamar vida…
El concierto, de más de dos horas,  fue súper. Como  lo soñamos. ¿Se podía esperar menos de Mick, Keith, Ronnie y Charlie?
Rompieron con Jumping Jack Flash y cerraron por todo lo alto con Satisfaction, luego de un You can always get what you want  en el que fueron celestialmente acompañados por el coro Entre Voces que dirige Digna Guerra. Por el medio tocaron, y de qué manera, Only rock and roll, Tumblin’ dice, Miss you, Angie, Honky tonk women, Brown sugar, Gimme shelter, Simpathy for the Devil y otras, hasta totalizar casi una veintena. Pero uno se quedó con ganas. En mi caso, me desgañité, reclamando en vano, Ruby Tuesday y sobre todo, Wild horses.
Dicen que entre los muchos turistas extranjeros que viajaron a La Habana para el concierto estaba el actor Richard Gere. Y también estuvo el muy parecido físicamente a él vicepresidente Díaz Canel, que supongo haya rabiado de envidia  al ver el poder de convocatoria de los Stones, que, a diferencia del partido único y las  organizaciones de masa a su servicio, sin coaccionar a nadie, reunieron a  mucho más de medio millón de personas y las pusieron a saltar y a gritar de todo corazón, y lo que es peor, a agitar banderas no solo cubanas, sino también, qué horror,  inglesas y yanquis.
Respecto a las lágrimas que se quedó esperando el fraterno Iván, que quería usarme como hilo conductor de la historia que iba a escribir sobre los Stones,  que no desespere, porque se rumora  que Paul McCartney no quiere ser menos y también aspira a presentarse en Cuba. Y ahí sí, en el concierto del ex-beatle,  es probable que no pueda contener el llanto.
luicino2012@gmail.com

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El ruido de las piedras que ruedan, Luis Cino

 

Aunque no tanto como la visita de Obama, el concierto de The Rolling Stones en La Habana, programado para el próximo 25 de marzo en la Ciudad Deportiva, también genera rumores que rozan el disparate.

Dicen que en el hotel donde se alojen, bajo los términos que dicen impusieron ellos, los Stones organizarán una gran recholata alcohólica y marihuanera para sus invitados del mundillo artístico e intelectual cubano.

Dicen que antes de irse, Mick Jagger pasará por Punto Cero a rendirle pleitesía a Fidel Castro, con el que además de con The Beatles, compitió -y a la larga superó en durabilidad- en la iconografía de los años 60.

Se dicen muchas cosas de la visita de los Stones. En el país de las bolas y los chismes, ruedan más los rumores que aquellas piedras que de tanto rodar no criaban musgo, de las que hablaba Muddy Water en aquel blues del que tomó su nombre la banda de Jaggers y Richards.

El inaudito por estos lares escenario de más de 76 metros montado en áreas aledañas a la Ciudad Deportiva, ha despertado mucha más curiosidad que aquel misterioso OVNI de mentiritas que hace más de 60 años estuvo parqueado en la misma zona y del cual emergió, en vez de los marcianos, una despampanante Rosita Fornés que bailaba chachachá, custodiada, por si las moscas, por Salas Cañizares y sus huestes represivas, momentáneamente desviadas de perseguir fidelistas petarderos.

Pero el concierto de los Stones es de verdad, no como aquel OVNI de truco, aunque todavía los fans nos resistamos a creer que luego que eso que todavía llaman la revolución nos jodiera durante décadas la existencia a los aficionados al rock, vamos a ver tocar en vivo a la mejor de todas las bandas que hayan existido. Eso, si no llenan el lugar de segurosos , movilizados del partido único, invitados extranjeros y chicos de la Juventud Comunista y la FEU que preferirían estar en una pachanga reguetonera o de tecno-house que ver a cuatro viejos rockeros dando brincos sobre un escenario.

Los que si no me van a pasmar el concierto son los comemierdas y aguafiestas que se quejan de que sea en un viernes santo y consideran que asistir es hacerle el juego a la dictadura. Ni cojones. Voy a ir, no me voy a perder este regalo de Dios. Y me cago en la dictadura…

Que se preparen los rockeros. A los que queremos caldo, tres tazas: dicen que ya se preparan también para venir a tocar en Cuba, Sting, Jimmy Page, ZZ Top (los tres, no solo Billy Gibbons), David Gilmour y Roger Waters -que ahora, además de por las canciones de Pink Floyd, también rivalizan por ser los primeros en llegar a La Habana- y hasta el mismísimo Sir Paul McCartney.

Dicen que ya empezó el rifirrafe por el cargamento de guitarras Gibson que los Stones traen para donar en Cuba. Y también la bronca entre los rockeros que trataron con Jagger en la Fábrica de Arte, cuando vino hace unos meses a La Habana, por ser los teloneros de los Stones en el concierto de la Ciudad Deportiva. Aunque dicen que ya está decidido que sea Tesis de Menta, un grupo que lo mismo toca su repertorio propio que covers de Led Zeppelin o de rock sureño. Por cierto, va a tener que esmerarse el guitarrista de Tesis de Menta, porque se dice que Jagger y Richards lo invitaron además a hacer un solo en el largo descargón de Midnight rambler.

Soy un furibundo fanático de los Stones y sueño entrevistar a Jagger. Le haría algunas buenas preguntas. Por ejemplo, como no me creo el cuento de sus excesos con las drogas -considero que es una leyenda, otra más- indagaría su fórmula para mantenerse, ya septuagenario, en tan excelente forma física.

Pero sé que es muy difícil que logre mi aspiración. Entenderé si Jagger no quiere o no puede darme la entrevista. No me pondré celoso si se la da a Guille Vidal, Juanito Camacho, Humberto Manduley, Joaquín Borges Triana, Joao Fariñas o Michel Hernández, que son colegas que gustan del rock. Aceptaré que se la dé a cualquiera, menos a Pedro de la Hoz (y el martillo). No formaré alboroto. Me conformaré con asistir al concierto. Si me dejan…Ya les contaré.

luicino2012@gmail.com

(Publicado en Cubanet en una versión similar).

Silvio estuvo en mi barrio, Luis Cino

 

Luego de más de 35 años, he vuelto a ir a un concierto de Silvio Rodríguez. No es que haya terminado por aceptar su posición de embajador cultural y vocero no oficial de la dictadura que todavía se empeñan en llamar revolución. Es que no pude resisitr la tentación de volver a disfrutar en vivo de sus canciones: vino a cantar a mi barrio, a poco más de un kilómetro de mi casa.

Silvio Rodríguez, acompañado por cuatro músicos, y teniendo al grupo de jazz Temperamento, que dirige el pianista Roberto Fonseca como invitado, actuó al anochecer del 12 de marzo, ante un público de más de 800 personas, en la plazoleta del cine del Reparto Eléctrico, en Arroyo Naranjo.

Fue el concierto número 73 de la Gira por los Barrios que realiza el cantautor desde hace cinco años.

Estuve allí, en las primeras filas. Y mentiría si digo que no lo disfruté. Aunque cuando interpretase alguna de sus canciones panfletarias me sintiera asqueado y fuera de lugar.

Por suerte, fueron las menos. Las más fueron bellas: Unicornio, Ojala, Ángel para un final…

Tengo casi todos los discos de Silvio. Desde Días y Flores hasta Segunda Cita. Y ando buscando el más reciente, Amoríos. Nunca he negado que me gusta su música. Con Silvio y sus canciones (las buenas, quiero decir, no las de agit-prop) me sucede como con esos amores desafortunados que pasa el tiempo y uno no puede echarlos a un lado y ya, sino que te acechan, y corres el peligro de volver a caer, aunque sepas que te defraudaron, que fallaron, que a la larga no sirvieron…¡Masoquista que es uno! .

¿Qué le vamos a hacer si las canciones de Silvio, casi tanto como las de los Beatles, conforman la agridulce banda sonora de la vida de los cubanos de mi generación?

Cuando escucho esas canciones me veo de nuevo en mi vieja casa de La Víbora, o vuelvo a escuchar a Mateo, en un albergue cañero de Matanzas, una noche allá por diciembre de 1972, rasguear la guitarra y cantar con el alma y los ojos siempre cerrados las canciones de Silvio que no pasaban por la radio y que él se las sabía de memoria, hasta que Manolito El Mexicano, el que vivía por Calabazar, le pedía un chance para tocar, con armónica y todo, “Heart of gold” de Neil Young, y nosotros en la gloria, aunque nos muriéramos de hambre, frío y añoranza por las novias en La Habana o en otro campamento agrícola.

En aquellos viejos tiempos que nunca fueron buenos, cuando tuve amores tan contrariados y azarosos como los que vinieron después, siempre escuchaba, tarareaba o me sonaba en la mente, si no algo de la WQAM, alguna de las canciones de Silvio, que de tan ambiguas, si no eran explícitamente de amor, no se sabía a ciencia cierta de qué coño hablaban.

Algunas citas tomadas de Silvio deben andar por ahí, en algún libro que regalé a alguna amada, en aquellos tiempos cuando las muchachas todavía apreciaban que un tipo bajito, flaco, melenudo y miope, expulsado de todos los sitios posibles, les regalara un libro con alguna dedicatoria como “todo se vuelve a inventar si lo comparto contigo”…

Volví a recordar todo eso en el concierto del Reparto Eléctrico. Aplaudí y mucho las canciones que me gustan. Pero mi venganza fue no aplaudir las odas panfletarias. Como El necio, ese bodrio tercamente sumiso y antidialéctico –¡tan marxista como Silvio dice ser¡- donde asegura que él se muere como vivió. Y yo también. Así que, cada uno en su lado del ring, quedamos a tantos iguales. O casi, porque a mi pesar, le debo varias de mis canciones preferidas. Lo que no quita que entienda a algunos amigos que me comentan que de haber ido al concierto de Silvio hubiese sido para caerle a pedradas.

luicino2012@gmail.com

(Publicado en Cubanet)

 

Una ofensa a Rafael Alcides, Luis Cino

El pasado 2 de marzo, en la embajada norteamericana en La Habana le negaron al poeta Rafael Alcides la visa para viajar a los Estados Unidos.
Alcides, invitado por Neo Club Ediciones, se proponía viajar a Miami para recibir el premio nacional de literatura (compartido con el también poeta Manuel Díaz Martínez, residente en Canarias) que le confirió en diciembre del pasado año un jurado de escritores del que tuve el honor de formar parte.
El poeta, de 82 años, no podrá viajar a recibir el premio porque la funcionaria consular que lo entrevistó consideró que era “un posible inmigrante”. A la funcionaria, para llegar a tal conclusión, le bastó con enterarse de que el anciano tiene un hijo que reside desde hace años en los Estados Unidos.
Parece que la funcionaria no concedió demasiada importancia al hecho de que Alcides tiene otro hijo, de 20 años, el hijo de la vejez, que vive con él, en su pequeño apartamento en Nuevo Vedado.
Tal vez Alcides, que está recién operado y estaba agotado luego de la larga espera para la entrevista, se puso nervioso ante la suspicacia que es habitual en estas entrevistadoras y, poeta al fin –ya sabemos cómo son-, convencido de la certeza de sus argumentos, no se esforzó demasiado en las respuestas a las preguntas que pretenden “cogerte de atrás palante”, como decimos por acá.
Sabemos de la cantidad de personas que son rechazadas en estas entrevistas y a las que no se les concede la visa porque los consideran, basados en razones indescifrables, “posibles inmigrantes”. Consideran –y puede que tengan razón- que  con lo jodido que está este país luego de más de medio siglo de desastre castrista, todos los cubanos somos potencialmente “posibles inmigrantes”.
He visto la tristeza en los ojos de los que ven frustrados sus sueños de visitar a sus padres, hijos y hermanos residentes en los Estados Unidos y a los que no ven desde hace muchos años. He visto a algunos hasta llorar en el vecino parque que llaman -como al famoso muro de Jerusalén- “de las lamentaciones”.
Sé que es pedir demasiado, pero debieran ser menos subjetivos y un poco más cuidadosos con los sentimientos de las personas estos funcionarios consulares.
Es bochornoso que le hayan negado la visa a Rafael Alcides. Es una ofensa  la sospecha de que sea “un posible inmigrante”.
¡Que pena! ¡Se ve que no conocen al poeta!
Jamás se iría Alcides de su país, de su gente, de su paisaje.  Sería como acelerar la llegada de la muerte.
No concibo a Alcides exiliado. Él,  que ha tenido oportunidades de irse, ha preferido quedarse con los suyos, a dar lecciones de dignidad y resistencia en el insilio, que es lo más difícil, lo que requiere más firmeza, aunque muchos se nieguen a entenderlo así.
El autor de “Agradecido como un perro”, quien fue uno de los más importantes poetas cubanos de la llamada Generación de los 50, sin dejarse doblegar, se ha negado a publicar en su país mientras no haya libertad y democracia. Mientras, se ha hecho a un lado, a presenciar el deprimente desfile de los mediocres y los serviles.
Laborioso y testarudo, con la paciencia terca de de los que se saben dueños absolutos del tiempo y las palabras, Alcides tiene un almacén doméstico de poemarios y novelas inéditas. Hace unos años, cuando lo entrevisté, me dijo que publicar en el exterior “no es bueno para la salud”.
El poeta de Barrancas, sobreviviente de un mundo que se deshace y se vacía,  vive y muere cada día en La Habana, “con vidrios molidos en la boca”.
Le han negado la visa para viajar  a los Estados Unidos a Rafael Alcides, que es un monumento viviente a la dignidad y al arte de los creadores libres en Cuba, y sin embargo, se la conceden a  reguetoneros disfrazados de artistas, corifeos del castrismo, pelafustanes disfrazados de reformistas, disidentes de utilería de última hora  y académicos apologistas del castrismo. ¿Es a eso a lo que llaman “intercambio cultural” y “contactos pueblo a pueblo”?
luicino2012@gmail.com

Trump es un susto, Luis Cino

 

No recuerdo otras elecciones en los Estados Unidos en que las opciones hayan sido tan difíciles como en estas.

Si yo fuera norteamericano, no sabría por quién votar en las elecciones presidenciales de noviembre. Ninguno de los candidatos me parece idóneo para gobernar la nación más poderosa del planeta.

Ninguno de los candidatos me gusta. Pero el que menos me gusta es Donald Trump. No quiero imaginar a qué pudiera arrastrar a los Estados Unidos y al mundo, un atorrante charlatán, insensato e irresponsable como ese, chovinista y xenófobo, que no es capaz de pensar lo que dice antes de vomitarlo.

Antes que por Trump, votaría por cualquiera de los otros candidatos. Demócrata o republicano, da igual. Por cualquiera, menos por Trump. Incluso por Bernie Sanders, que es la contrapartida de Trump en el extremo opuesto del populismo, el izquierdo.

No creo que Sanders sea tan rojo como lo pintan. Más bien es rosado. Lo que pasa que algunos antisemitas inconfesos no pueden aceptar la idea de tener un judío de presidente de los Estados Unidos. Ya bastante tuvieron los WASP con tener que soportar a un negro, liberal, de nombre árabe y padre keniano, durante ocho años en la Casa Blanca. Imaginen ahora un judío y más liberal aun y que se propone redistribuir la riqueza en el país más rico del mundo.

Como Sanders no ganará -sería un milagro-, solo queda en el campo demócrata Hillary Clinton. Y no la tiene fácil la Clinton habida cuenta de la tormenta de los e-mail que ha tenido que enfrentar. Y del machismo de una sociedad conservadora y patriarcal. De nada vale el recuerdo de su actitud a lo Tammy Winnette en “Stand by your man” cuando el escándalo Lewinsky.

No olvidemos que en las antepasadas elecciones presidenciales norteamericanas, a Hilary Clinton no la venció el carismático y post-racial Obama, sino el machismo. Por muy tenaz que fue la Clinton, no consiguió la nominación demócrata a la presidencia porque los norteamericanos, aun los más liberales, digan lo que digan, estaban más preparados para ser gobernados por un afroamericano que por una mujer. Y en esta ocasión, probablemente pase lo mismo.

En el campo republicano, quedan Ted Cruz y Marco Rubio.

Ni piensen que por ser cubano votaría por Ted Cruz. Demasiado conservador para mi gusto. Y manipulador y oportunista. No lo digo yo, lo dijo Marco Rubio. Y en definitiva, lo único que tiene de cubano Ted Cruz, que ni siquiera habla bien en español, es el padre.

En cuanto a Marcos Rubio, habría que pensarlo…

Puesto a elegir entre republicanos, me parecía más coherente Jeb Bush. Pero el recuerdo de la presidencia de su hermano George W. pesó demasiado en contra suya.

Trump, con todo y las barbaridades que declara y de sus payasadas, o más bien gracias a ellas, encabeza las encuestas. Y es muy probable que sea el próximo presidente de los Estados Unidos.

Los que aseguran que el establishment no permitirá que Trump llegue a la presidencia parece que no creen en la democracia norteamericana.

Con todo y lo enrevesado que es su sistema electoral, con sus defectos, yo creo en la democracia norteamericana. Por eso, temo que Trump llegue a la Oficina Oval.

Trump encarna las frustraciones, los temores y las obsesiones del común de los norteamericanos, que generalmente suele ser no muy ilustrado y versado en política. Trump, que se burla de lo políticamente correcto, dice lo que ellos no se atreverían a decir, no los vayan a confundir con un supremacista blanco o cualquier otro tipo de enrgúmeno. Pero de lo que dirían a lo que serían capaces de hacer y de soportar, va un trecho. Y ese trecho, lo recorrería Trump sin inmutarse. O al menos, con eso amenaza…

Hace un par de meses, cuando estuve en la Florida, me asombró la cantidad de cubanos que se declaraban partidarios de Trump, a pesar de sus declaraciones anti-inmigrantes y anti-latinas. No sé qué dirán después que se declaró partidario del acercamiento con Cuba y de eliminar la Ley de Ajuste Cubano.

No concibo que alguien con dos dedos de frente vote por Trump. Pero en una época en que ser inteligente es casi un defecto, si con tanto desencanto, si de castigar al establishment se trata, cualquier cosa puede pasar. Incluso que Trump llegue a la presidencia.

Tal vez estas elecciones generen la descarga de adrenalina que necesita la sociedad norteamericana para superar sus contradicciones y ser mejor.

Por ahora, Trump es un susto. Ojala no pase de ahí.

luicino2012@gmail.com