La incomunicación oficial, Luis Cino

 

No deja de asombrarme el bloguero Harold Cárdenas, una rara especie –de ser eso posible- de oficialista por cuenta propia.

Recientemente(http://jovencuba.com/2016/01/29/in-comunicacion-politica/) se quejaba de la falta de comunicación política de la Cuba oficial en los últimos diez años, luego del retiro por enfermedad de Fidel Castro.

Y uno se queda sin entender bien de qué se queja Harold Cárdenas, porque deben ser bien pocos los cubanos que echan de menos aquellos discursos del Comandante de seis, siete y ocho horas. Más bien agradecen la parquedad de su sucesor, el general presidente. Es que si hablara aun menos, sería mejor. Total, para lo que dice…

Pero es de eso precisamente de lo que se queja Harold, que no se resigna a que no le discurseen continuamente…

Ahora, en vez de la palabra precisa, el general presidente habla en tono de capataz, da la órden de trabajar, asegura que sí se puede y punto. Si acaso, advierte contra el derrotismo y vuelve a pedir paciencia, que esto es sin prisa…

Y eso desconcierta a los que como Harold Cárdenas todavía esperan, como si ello fuera posible, que haya más.

Aunque se esfuerza por serlo -más le vale- no es justo Harold Cárdenas con el general presidente. No tendrá el carisma de su hermano y no consigue que bajen los precios en los mercados agropecuarios, pero en cuanto a política exterior, no se puede negar que ha sido muchísimo más exitoso. ¿Por qué pedirle además que se tome una selfie con la Torre Eiffel de fondo?

Harold Cárdenas lamenta que los dirigentes cubanos no estén presentes en las redes sociales, que no tengan cuentas de Twitter y hablen por ellas, como hace Rafael Correa y hasta Nicolás Maduro. Más que lamentarlo debería alegrarse. No me imagino un trino de Marino Murillo, con los galimatías ininteligibles que arma para hablar del crecimiento económico. No sé Díaz Canel, pero ¿se imaginan qué pudiera decir Machado Ventura en su cuenta de Twitter? ¿Amenazar a los usufructuarios con quitarles las tierras que les dieron, aunque sea para dejar que nuevamente se enyerben y llenen de marabú? ¿Y Ramiro Valdés? ¿Mandaría a cerrar el pico a los pichones, para que no reclamen más al estado?

“La ausencia de un mensaje empático por parte de nuestros funcionarios ya está costando caro”, advierte Cárdenas. Cuesta mucho imaginar cuál pudiera ser ese mensaje, si ellos van por un lado y la vida de los cubanos, la real, quiero decir, va por otro.

Para suplir los vacíos de la comunicación política, Harold Cárdenas se consuela con el blog de René González. Le sugiero mejor el de Silvio Rodríguez. O la propia Joven Cuba. Pero esa no es ni remotamente la candanga que él ansía.

El pobre Harold se muestra desolado por la falta de imaginación oficial para “generar símbolos que transmitan empatía con fines políticos”. Supongo que 57 años de ejercicio ininterrumpido del poder es tiempo suficiente para agotarle los símbolos a cualquiera que no sea Jehová de los Ejércitos, lo cual no es el caso de estos ancianos dirigentes, testarudos, aburridos y demasiado obvios. Si no fuese por las complicidades internacionales, hace décadas que se les hubiese agotado el repertorio de trucos. Pero Harold Cárdenas, tan cándido, todavía espera nuevos actos de ilusionismo.
luicino2012@gmail.com

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