Zaqueo, Luis Cino

Durante la visita del Papa Francisco a Cuba no se produjeron los incidentes que había predicho  el chivatón Raúl Capote. Aquel  atorrante escritor que tenía ínfulas de convertirse en el Solshenitzin cubano y que resultó ser el agente Daniel de la Seguridad del Estado, había asegurado a Rusia Today que había una tenebrosa trama  opositora,  ordenada desde Miami  por organizaciones de exiliados, para sabotear la visita.

Parece que el agente Daniel es demasiado paranoico o fue mal informado por sus oficiales, porque el único incidente que ocurrió  fue el activista que logró romper los cordones de seguridad y acercarse al Papa en la Plaza de la Revolución.

El hombre, que fue arrestado enseguida, se nombra Zaqueo Báez, tiene 34 años, reside en Calabazar, un poblado de las afueras de La Habana,  es integrante de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) y antes lo fue del Movimiento por una Nueva República.

También fueron arrestados los que lo acompañaban: su esposa, la dama de Blanco  María Josefa Acón e Ismael Boris.

Es tanta la paranoia  en Cuba, que en torno al suceso se ha creado una atmósfera de confusión, dudas  y contradicciones  que amenaza con  desvirtuar el carácter de la protesta en la Plaza de la Revolución, la única que hubo durante la visita del Papa.

Mientras que en un artículo en Diario de Cuba el escritor Orlando Luis Pardo Lazo aseguraba que se trataba de “una puesta en escena del régimen”, en Cuba Encuentro, en uno de sus habituales comentarios vitriólicos sobre la oposición, Arnaldo M. Fernández, desde el cómodo amparo que le ofrece el floridano condado de Broward, se da gusto en ironizar sobre la protesta a partir del nombre de Báez, Zaqueo, que es el mismo del publicano que se subió a una higuera para poder ver a Jesús cuando entró en Jericó, según se refiere en Lucas 19:1-10.

Algunos se preguntan cómo los tres opositores, cuya casa en Calabazar estaba sitiada por efectivos de la policía política y sus porristas, lograron llegar a la Plaza y burlar los cordones de protección.

Pero más raro aún es que a Zaqueo Báez,  encerrado en un calabozo  de la unidad policial de la calle Zanja, los esbirros no le quitaran el móvil y lograra llamar  al líder de la UNPACU,  José Daniel Ferrer, en Santiago de Cuba, y contarle lo que había pasado.

Gracias a eso, más allá del video que logró tomar Univisión, lo que se sabe del hecho y de lo que le dijo Zaqueo Báez al Papa,  es lo que refiere Ferrer,  que anotó otro tanto para la UNPACU.

El Papa Francisco, entrevistado por la prensa, dijo que ninguno de los cubanos que se le acercó se identificó como opositor. También dijo no saber de las detenciones de opositores,  a pesar de que Zaqueo Báez fue arrestado y llevado a rastras por los segurosos a solo unos pocos metros del papamóvil.

Corren rumores que muchos atribuyen a la Seguridad del Estado.

Conozco a un hombre que vive en Arroyo Naranjo, militante del Partido Comunista, lo que obviamente lo hace una fuente poco confiable, que fue movilizado para integrar uno de los cordones de seguridad, que asegura que estaban vacías  las octavillas que tiraron los tres activistas en la Plaza.

Si como dice Pardo Lazo fue “una puesta en escena del régimen”, ¿para qué le serviría  orquestar un show en la Plaza durante la misa papal? ¿Para justificar los arrestos de decenas de opositores y otras medidas represivas durante la visita del Papa, tales como el escándalo que significó que Berta Soler, Marta Beatriz Roque y la periodista Miriam Leiva, luego de ser invitadas por la Nunciatura,  fueran impedidas por la policía política de acudir a saludar al Papa?

¿Querrán atizar conflictos entre UNPACU y las Damas de Blanco?  ¿Será sencillamente  que no desean admitir que hicieron el papelazo de que Zaqueo Báez y sus acompañantes lograran burlar sus estrictas medidas de seguridad, y para que el pueblo no acabe de entender  que el DSE no es infalible, sino tan ineficiente y chapucero como todas las demás instituciones de este régimen?

Zaqueo Báez, María Josefa Acón e Ismael Boris siguen presos en 100 y Aldabó.
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Sobre la visita del Papa Francisco, Luis Cino

 

La primera y única vez que he estado en la Plaza de la Revolución fue el 28 de enero de 1998, para asistir a la misa que dio allí Juan Pablo II. Fui uno de los varios miles de cubanos que gritaron ¡libertad! Aquellos gritos hicieron retumbar la Plaza, aunque en la TV no se escuchara tan fuerte como hubiésemos querido a causa del viento misterioso que soplaba aquella mañana y que muchos pensaron que era el soplo del Espíritu Santo.

No estuve hace cuatro años en la misa de Benedicto XVI ni estuve ahora en la de Francisco.

Como no negué a Dios en los tiempos de las iglesias cerradas o casi vacías y las planillas “cuéntame tu vida” con la famosa pregunta de si uno tenía creencias religiosas, en estos momentos me siento con derecho a expresar mi bochorno por la actitud de la Iglesia Católica frente al régimen castrista.

Son muchos los cubanos que nos sentimos abandonados hasta por Dios. Particularmente los que aspiramos a vivir en democracia. Nos pasa por andar a la espera de milagros en estos tiempos en que prima por sobre todo lo demás –también en lo espiritual-el pragmatismo.

Olvidamos que Francisco vino no solo en visita apostólica sino también como jefe de Estado del Vaticano, que tiene sus propios intereses políticos.

Por cierto, el Vaticano es un estado totalitario, aunque su policía política sea sólo de tipo espiritual.

Por estos días, mientras el régimen saca provecho a la visita papal a Cuba y Estados Unidos, escucho a opositores que hablan de Roma como si fuera la de los Césares, la llaman “la Gran Ramera”, echando mano de citas del Apocalipsis que se pueden interpretar según convenga a cada cual. Estoy harto de escucharlos enumerar la larga letanía de pecados históricos de la Iglesia Católica que todos conocemos.

No hay dudas de que nos hicieron mucho daño todas aquellas pendejadas materialistas-marxistas-leninistas que nos enseñaron en la escuela en los tiempos del ateísmo de estado.

Es muy lamentable el foso que se está creando entre la iglesia católica y la oposición pro-democrática.

Apenas puedo llamarme católico, porque lo soy a mi manera –como casi todos los cubanos que dicen serlo-, por inercia, por costumbre, porque no puedo vivir sin creer, pero no voy a sumarme a la ola anti-Francisco en la que muchos disidentes surfean hoy.

Solo diré que es una pena el afecto que parece sentir el Papa por Fidel Castro, un dictador en retiro, que no se ha cansado de declararse materialista y que fue excomulgado en 1962 por Juan XXIII.

El Sumo Pontífice no tenía la obligación de reunirse con los opositores y las Damas de Blanco, pero tampoco estaba obligado a visitar a Fidel Castro.

Solo le reprocho eso a Francisco. Pero nadie es perfecto. Ni siquiera el Papa. Prefiero recordar cuanto ha hecho por los pobres y los excluidos, y por la reconciliación y la paz mundial. Eso pesa mucho más que su momentánea deferencia con un dictador.
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No hay que exagerar con los aplausos, Luis Cino

A una semana de la llegada a Cuba del Papa Francisco, el régimen cubano  indultó a 3 522 presos.

Es el segundo indulto propiamente dicho en los 56 años del castrismo. Ambos han sido bajo el gobierno del general Raúl Castro, quien sustituyó formalmente a su hermano Fidel en el año 2008, luego del interinato de más de año y medio que se inició el 31 de julio de 2006.

Insisto en que han sido los dos únicos indultos como tal, porque en el más de medio siglo que hubo que esperar porque hubiera  el primero, lo que hubo fue excarcelaciones de presos políticos –casi siempre con destierro o en las condiciones de licencia extrapenal  que implicaban la posibilidad  ser devueltos a la cárcel-  para complacer peticiones de personalidades internacionales (Juan Pablo II, Francois Mitterrand, Felipe González, Jesse Jackson)  y lograr a cambio  ventajas políticas.

El anterior indulto, el del 23 de diciembre de 2011, incluyó  a 2 900 reclusos. Este de ahora, beneficia a 622 reos más.

La mayoría de los indultados son enfermos, mujeres,   mayores de 60 años, menores de 20 que no tengan antecedentes penales, y reos que estaban en espera de juicio, a punto de terminar sus sentencias o a los que en 2016 les correspondería  salir en libertad condicional.

El actual indulto no incluye a los  presos por homicidios, tráfico de drogas, hurto y sacrificio de reses y delitos contra la seguridad del estado, un eufemismo para referirse a los  presos políticos.

Después de todo, el régimen y el cardenal Jaime Ortega, que a veces hace de alguacil, habían asegurado que en Cuba, a pesar de las listas de los activistas de derechos humanos y las Damas de Blanco,  no quedan ya presos políticos.

El indulto no es una  muestra de “la generosidad de la revolución”, que todos sabemos sólo existe, malamente y cada vez menos,  en los discursos. Más bien lo que muestra es el desmesurado  tamaño de la población penal cubana. Por muchos presos que indultan, las cárceles siguen abarrotadas, al extremo de que muchos reclusos tienen que dormir en el piso, por falta de literas o colchonetas.

No hay que exagerar con los aplausos. Es elemental sensatez,  más que generosidad,   indultar  a personas que en su mayoría estaban en la cárcel  por motivos que en ninguna otra parte del mundo serían delitos. La mayoría de los que realmente delinquieron, lo hicieron por culpa de un sistema ruin y fracasado que obliga a violentar cotidianamente su peculiar legalidad y sus prohibiciones absurdas, para poder dar de comer a sus familias.

Muy bien por los indultos. Y que se repitan. Pero sería mejor derogar de una vez y por todas las anacrónicas y absurdas  leyes  que hacen que los cubanos  vayan a la cárcel  por figuras delictivas tan aberradas, demenciales  y fascistoides como la peligrosidad social pre-delictiva, que no haya personas presas durante uno y dos años en espera de juicio, en lo que los instructores policiales o el Departamento de Seguridad del Estado  les inventan las pruebas para condenarlos. Y por supuesto,  descriminalizar la disensión y la protesta pública.  De lo contrario, las más de 200 cárceles que existen en Cuba y que ahora se descongestionan un poco, muy pronto se volverán a abarrotar. Y lo que es peor: con muchas personas que en ningún otro país estarían presas.
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¿Y si viene el paquetazo?, Luis Cino

A juzgar por la  acérrima postura anticapitalista de Fidel Castro,  cuando gobernaba y ahora que todavía mete la cuchareta cada vez que lo estima conveniente, se hace difícil  creer que el gobierno cubano esté llamando a las puertas del Banco Mundial y el FMI, esas bestias negras del capitalismo, como las considera la izquierda internacional.

El ex-director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional, Héctor R. Torres, se ha referido varias veces en las últimas semanas a los tanteos del gobierno cubano con esos organismos.

Todos sabemos lo urgida de capital y créditos que está la economía cubana, que con  Rusia y China no basta,  y que  no puede recurrir al más complaciente Banco Interamericano de Desarrollo, porque para ello el régimen cubano tendría que ser miembro de la OEA y aceptar sus cláusulas democráticas…. Se sabe todo eso, pero luego de tantos años de discurso antiliberal,  resulta difícil concebir al gobierno castrista en gestiones para ingresar al FMI.

Es más fácil creer que es cierto  el chisme de que el general Raúl Castro, como hizo  Putin con Silvio Berlusconi, ha invitado a Dominique Strauss Khan, el tronado ex-director del FMI, a que sea su asesor económico, para que le dé una manito a Marino Murillo en su interminable e ininteligible intríngulis de descentralizar la economía o lo que él piensa que se llama así.  Ofrecimiento que  debe ser irresistible para DSK, no porque sea teóricamente socialista desde los tiempos de Mitterrand, o porque le interesen mucho los problemas de la economía cubana  sino porque con lo singón que es el tipo, debe estar embulladísimo y relamiéndose de gusto solo de pensar en el gran número de  las jineteras más cultas del planeta a las que no tendrá que cañonear, como a aquella majadera mucama de hotel, sino  que estarán dispuestas a hacerle un tiempito a un “temba” francés con billetes de sobra con qué pagar sus favores.

No sé qué dirán los pro-capitalistas a ultranza y en las condiciones que sea, aun las del capitalismo de estado, pero no  imagino a Cuba en el Banco Mundial y el FMI.  Preocupa y asusta…

¿Estará el gobierno cubano, con su discurso del socialismo inamovible y  eterno,  dispuesto a aceptar  las políticas de ajuste, la austeridad, los recortes en los gastos sociales, las terapias de choque, en fin, el tan denostado paquetazo neo-liberal?

Sería peor que una cura de caballo a base de alcohol y sal, porque las mataduras de la economía cubana, que más bien son llagas y úlceras, son muchas y demasiado graves.

Ya me imagino la explicación  del  obeso ministro de Economía Murillo sobre las conveniencias de entrar al FMI y el Banco Mundial. Me parece escuchar su disertación para explicar cómo se hará para homologar con el resto del mundo el muy particular método castrista para calcular el crecimiento del PIB. Y no importa si como de costumbre, nos quedamos sin entender ni papa de sus argumentos. Para convencernos, ahí está, con todos los hierros, la Brigada Especial, tan especial como aquel período en tiempo de paz que nos impusieron hace ya 25 años y que todavía no sabemos a ciencia cierta si ya terminó…

Con lo endeudadísima que está Cuba (debe unos 15 000 millones de dólares al Club de París)  y la proverbial fama de mala-paga que tiene este régimen,  ¿qué ganarían el Banco Mundial y el FMI con echarse a cuestas otra deudora morosa más?

Pero va y con el régimen de Raúl Castro los organismos financieros internacionales son más comprensivos y  tienen más paciencia que la que tuvieron  con el gobierno de Alexis Tsipras.

Para pagar su deuda externa, a pesar de las condonaciones hechas por varios países acreedores,  Cuba tendría que destinar  todo el dinero de sus exportaciones en los próximos 25 años. Y tal vez ni así…¿No dijo el Máximo Líder hace 30 años que la deuda externa era impagable?

No sé si los cubanos tendremos paciencia para  apretarnos el cinturón todavía más, como requeriría cualquier acuerdo con el FMI. Será necesario, ineludible, como una amputación para evitar la gangrena, pero los cubanos no aguantamos más…

Si de tan fuerte que fue el apretón a consecuencia de las recetas del FMI para Venezuela hubo un Caracazo, de  aplicarse el recetario en Cuba, como está la situación ya,  no cuesta mucho imaginar el riesgo de que estalle un Habanazo.  La cantidad de muertos y heridos haría colapsar las funerarias y los hospitales, y miles de cubanos se lanzarían al mar encima de cuanto objeto flotante encontrasen…Y a esa hora dirá el gobierno de los Estados Unidos, que ese éxodo, además de una catástrofe humanitaria –que es lo menos importante, miren lo que pasa ahora mismo en Europa con los refugiados sirios, kurdos  y libios- constituye una amenaza para la seguridad nacional, y sabe Dios por lo que le dé…

Me disculpan si me puse catastrofista, pero es que de tan mal que pinta la situación, últimamente ningún escenario, por negativo que sea,  se puede descartar…

Pero los mandamases, que de tantos aprietos han salido, tan necesitados de dinero como están,  parecen dispuestos a correr cualquier tipo de riesgos. El menor de ellos sería perder el discurso socialista, que ya no parece servirles de mucho, a no ser en las monsergas del órgano oficial del Partido Único, el periódico Granma.

Sería interesante saber qué opina el Comandante al respecto. Pero, anticapitalista como es,  me temo que su visión sea mucho más catastrofista que la mía. Capaz que augure –ahora sí- el hundimiento de Cuba en el mar…
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El ghetto, los muchos documentos y la inercia, Luis Cino

Resulta difícil  rebatir a los  hipercriticistas que desde el exterior, afirmados en su autosuficiencia,  se ensañan en los reproches  contra  la oposición. En gran parte, tienen razón, lo que no tienen, en unos casos, es buenas intenciones, y en otros, valor para admitir que por muy mal que lo hagan los disidentes, hacen infinitamente más que ellos, con su ponzoña.

Es cierto que la oposición  parece anquilosada,  aquejada por una artritis tan paralizante o aún mayor  que la del régimen.

Aunque sea a la cañona, el régimen mantiene  la disciplina y los criterios centralizados. Y se mueve, aunque sea dos pasos atrás y medio pasito hacia adelante.  La oposición ni eso: lo poco que se mueve es por  inercia, por costumbre.  Y luego se vuelve a detener,  a la espera de que ocurra sabe Dios qué.

No es que el  el Partido Único y las falsas unanimidades  sean rasgos que merezcan ser envidiados por un movimiento pro-democracia.  Sucede que la dictadura  parece estar más advertida  que la oposición de los riesgos que corre y sabe sortearlos con más (mala)maña.

Una buena parte de la disidencia –o lo que últimamente se presenta como tal- sólo muestra interés en poco más que en participar en reuniones en otros países y en redactar documentos cuyo impacto real no rebasará los límites mediáticos.

En dichos documentos, todos parecidos,  el principal acuerdo es que hay que ponerse de acuerdo, ya veremos cómo.

La parte de la oposición  más numerosa y reprimida  pero también la menos reconocida por un mundo que no quiere saber de otras cosas que no sean el dinero y los negocios, insiste en métodos que no han resultado, instan al martirio  y ponen la otra mejilla a los represores.   Mientras, se dividen y se subdividen. Y no tengo que repetir a quién benefician estas divisiones…

Como antes  Agenda para la Transición, ahora el Foro por los Derechos y las Libertades,  Espacio Abierto y la Mesa Unida de Acción Democrática pugnan por convertirse en  parlamentos de la sociedad civil. Pugnan, esa es la palabra. No se complementan, no establecen concertaciones, no hay modo.

Desde hace años, las organizaciones opositoras se  quejan  de los personalismos, del autoritarismo de algunos, de las exclusiones, de la falta de autorregulaciones democráticas.

Da risa cuando uno escucha las discordias entre los que aceptan dialogar con el régimen y los que no, cuando  ese régimen nunca ha dado la menor señal de que quiera dialogar con otro interlocutor  que no sea el gobierno norteamericano, y si acaso, la Unión Europea.

Protagonismos, acusaciones mutuas, paranoia, soberbia,  conflictos de personalidades… Estamos en el peor de los  momentos  para seguir con lastres tan pesados.

Este tsunami de conflictos desmoraliza, desanima, y hace a la oposición más vulnerable por todos los flancos. Mientras, el régimen  logra reacomodarse, con las complicidades  de alcahuetes, estúpidos y sinvergüenzas  de medio mundo.

Los opositores siguen encerrados en un ghetto político. Y lo que es peor, piensan con mentalidad de ghetto. Auto-centrados,  acomplejados, intolerantes,  prestos a arrancar las tiras del pellejo a todo aquel que no apoye en cada detalle nuestra propuesta personal para el cambio, y a acusarlo de ser  un agente de penetración de la policía política. Casualmente, el otro  piensa exactamente lo mismo de él.

Con cuánto entusiasmo se les da el gusto  a los sembradores de cizaña enviados por  la Seguridad del Estado, que parecen ser más numerosos, eficientes y ubicuos  de lo que sospechábamos.

No sólo a la represión se debe el miedo y la abulia del pueblo.  La falta de madurez política de la oposición también es culpable de la apatía y la indefensión ciudadana.

Ya sabemos que la oposición es reprimida, difamada constantemente, que no tiene acceso a los medios, que cada vez cuenta con menos fondos y recursos… Más que resignarse a posar de víctima y buscar justificaciones a sus fallas, la oposición  debe actuar con inteligencia  y ponerse a la altura de las circunstancias, a ver como enfrenta estos retos,   ahora que todavía hay tiempo.
luicino2012@gmail.com