Los embrollos de Alex Jardines, Luis Cino

 

Los académicos, cuando hacen análisis políticos sobre la situación actual de Cuba, suelen, por exceso de teorización, disociarse de la prosaica realidad, no llamar las cosas por su nombre, crear embrollos innecesarios e incurrir en injusticias.

Es lo que hizo Alex Jardines  en el primero de una serie de tres artículos muy interesantes aparecidos en Diario de Cuba y que tituló “¿Transita Cuba hacia la democracia?”.

En primer lugar, no amerita llamar “ideologías revitalizadas al calor de las reformas raulistas” a los oportunismos, simulacros, astracanadas y trampas para bobos, al estilo de las 100 flores de Mao, que se escenifican actualmente en este circo del desastre, el absurdo y la indignidad que el castrismo ha hecho de Cuba.  

Me refiero en particular a la aceptación por Alex Jardines de la existencia de un “neonacionalismo revolucionario”, dividido en “tres variantes que se retroalimentan y complementan en sus marcadas diferencias: el nacionalismo oficialista, el católico y el diaspórico o diasporal”.  

Nacionalismo revolucionario… Trago en seco siempre que oigo hablar en pleno siglo XXI de esas trasnochadas supercherías patrioteras decimonónicas que tanto daño le han hecho a Cuba.

Del nacionalismo oficialista, más coartada que otra cosa, ¿qué decir que ya no se haya dicho?

Jardines llama “nacionalismo católico” a ese parto de los montes que es la llamada “oposición leal”, representada por Orlando Veiga y Leiner Hernández, que viene a ser el oficialismo por  otros medios.   

Como mismo el régimen condiciona las libertades  y los derechos humanos de los cubanos a las políticas norteamericanas hacia Cuba, los representantes de la llamada oposición leal recurren a esas extemporáneas ideas del nacionalismo revolucionario para tildar de anexionistas y antipatriotas a todos los que se opongan al castrismo.

Esa oposición leal que acepta mansamente la Constitución actual, el socialismo, los Lineamientos,  la primacía del Partido Comunista sobre la ley y la sociedad, y que pretende complementar al gobierno, ser parte de una sociedad civil controlada por el Estado y antagónica a la oposición, como bien dice Jardines, tiene todo el espacio preciso para las lealtades y bien poco para disentir.   

En cuanto a lo que llama nacionalismo diaspórico, Jardines echa en el mismo saco a Armando Chaguaceda, un socialista libertario, para nada excluyente, que a Arturo López-Levy, que es lo más parecido que hay –si es que no lo es- a un agente de influencia del régimen cubano oportunamente sembrado en el mundo académico norteamericano.

Cuando digo que Jardines incurre en injusticias me refiero particularmente a los  doce párrafos que dedica en su artículo al desmontaje conceptual de las tesis de Pedro Campos, quien aboga por un socialismo democrático, autogestionario, cooperativista y participativo.

Con todo y su devoción por el marxismo, sus contradicciones, imprecisiones y su aturdimiento a la hora de ubicar las izquierdas y las derechas en el actual panorama cubano, Pedro Campos me parece mucho más sincero y convincente que personajes del tíbiritábara ideológico y la componenda como Veiga, López-Levy y Leiner Hernández, que son quienes hubiesen merecido las andanadas.

Tampoco es  justo Alex Jardines con la oposición cubana, con la que se muestra cuestionador,  y  escéptico.    

Jardines señala lo que considera “uno de los problemas básicos de la oposición cubana: la carencia del factor intelectual”. Asegura que en Cuba, a diferencia de otras partes  del mundo, la disidencia y la oposición no son “movimientos animados por intelectuales”.

Es una afirmación demasiado categórica, que debería repensarse antes de ser formulada. No son demasiados, pero hay intelectuales en la oposición. Lo que pasa  es que algunos no quieren reparar en ellos y prefieren dedicarse a analizar los ilusionismos  y las payasadas de otros actores.

De todas formas,  seguimos a la espera de que académicos, miembros de la UNEAC y otros de la fauna intelectual, venzan el miedo, el orgullo y sus egoísmos, y en vez de poner pies en polvorosa, los pongan en la tierra, en la suya, la cubana, y se unan a la oposición. A la verdadera, quiero decir. A esa oposición, vapuleada y siempre cuestionada, que tan poco pesa en los análisis políticos de académicos como Alex Jardines.  
luicino2012@gmail.com
Publicado en primaveradigital.net  

 

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