Alfredo Guevara y la película que le estropeó la plebe, Luis Cino


Siempre he pensado que en estos últimos 55 años, el pueblo cubano ha sido sometido a una especie de penitencia por no haber estado  a la altura de las expectativas de Fidel Castro. Este país tan pequeño y sus habitantes, aparte de servir de soldados para las aventuras bélicas en África, le resultamos chicos al Máximo Líder  para sus proyectos faraónicos.  Con tanto choteo y rumbantela, gozadores de la vida como somos, resultamos pésimos  cobayas para los experimentos del socialismo castrista.
 Pero no solo defraudamos al Comandante, sino también a muchos personajes de su entorno, como Alfredo Guevara, uno de los principales hacedores de las barbaridades contra la cultura conocidos como “las políticas culturales de la revolución”.
En una muy interesante entrevista concedida unos meses antes de su muerte  a los periodistas Nora Gámez y Abel Sierra,  el que fuera durante décadas el zar del cine cubano, muestra sin tapujos  su total extrañamiento y lejanía del pueblo al que él y sus Jefes pretendieron representar y redimir.
 Alfredo Guevara, que siempre gustó presentarse como un tipo libertario y crítico, algo así como el consentido majadero de la elite, dijo cosas muy interesantes, pero lo que llama la atención, más allá de los chismes e intrigas del comisariado, es como no disimulaba su desdén por la chusma con la que no se pudo conseguir que funcionara el socialismo castrista.
Cito un párrafo de la entrevista que  no tiene desperdicio: “Soy portador de una visión casi mística de mi país y de mi pueblo, pueblo en el que no creo, no creo que mi pueblo valga la pena. Creo en sus potencialidades, pero no en su calidad.  A nosotros siempre nos han querido meter en el molde de la Unión Soviética. Conversando con un intelectual francés sobre las particularidades de Cuba, en una ocasión, yo lo quería convencer de que éramos muy diferentes, y ese día lo convencí porque le dije: Sal a la calle, ¿tú crees que con esos culos y esas licras alguien puede entender Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana? ¿Tú crees que es posible eso? ¡Hay que tomar en cuenta el trópico, dios mío!”  
Guevara, que confesó que hubiese querido ser simultáneamente revolucionario y millonario y casi que lo logró, dio muestra de su desconexión con la realidad al negar lo que salta a la vista de cualquiera que no sea un oligofrénico: la depauperación de las condiciones de vida de los cubanos en los últimos 25 años.  
 Guevara no veía que hubiese miseria en Cuba. “Ahora le llaman miseria a la gente que vive en edificios de microbrigada, con las tendederas en la calle y la gente medio en cueros. A mí no me pueden decir que esa miseria existe”, dijo, pegado como una lapa a sus privilegios y su palacete del Vedado.
Por un tipo así, uno no sabe si sentir  lástima o tanto desprecio como el que muestra por su pueblo.  ¡Qué bien que la gente de verdad y la  vida real, no hayan sido la película neo-realista que soñó, ya que no fue capaz de rodarla, este marxista con pujos intelectuales que se asfixiaba en su isla de jodedores!
A falta de algo mejor que no sé si Alfredo Guevara, tan culto y exigente con su pueblo, calificaría como “mecanismos culturales de resistencia”,  ¡benditos sean el choteo, las tendederas en la calle, la gente sin camisa, los culos y las licras!
luicino2012@gmail.com  
(Publicado en Cubanet)    

 

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