¿Y a quién le importa la OEA?, Luis Cino

Por estos días, en que se ha comentado el paso por La Habana –con muchas más penas que glorias- del secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, he vuelto a acordarme de aquel colombiano que acompañado por su acordeón, cantaba: “Con OEA o sin OEA, ganaremos la pelea”.

No estoy seguro si lo vi por la televisión o fue alguna de las veces que estuve en la Plaza de la Revolución porque me llevaron cargado mi padre y mis hermanos.

El joven colombiano, que estaba en la tribuna invitado por Fidel Castro, llevaba boina de miliciano, tocaba el acordeón y ensayaba torpes pasillos de baile. La multitud coreaba su estribillo desafiante y desafinado: “Cuba sí, yanquis no… Cuba sí, yanquis no”.

Dicen que el colombiano estudiaba en la escuela de cuadros de la Unión de Jóvenes Comunistas, en Bejucal, al sur de La Habana. Dicen que murió en la guerrilla. He preguntado a muchas personas, pero nadie recuerda su nombre. Algunos de los más viejos, si acaso, sólo recuerdan el estribillo que cantaba: “Con OEA o sin OEA, ganaremos la pelea”.

 Fue uno de los muchos lemas revolucionarios que atiborraron la niñez de los de mi generación. Excepcionalmente, era una consigna que no hablaba de muerte. Al menos, de forma explícita.

Más de medio siglo después, algunos vuelven a hablar de la OEA como si de ella dependiera el destino de Cuba. Como si no hubiera pasado el tiempo, como si la OEA le importara realmente a alguien a estas alturas.

El régimen castrista, que con el concurso de sus aliados del ALBA, sigue su labor de dinamitar la OEA, se siente arropado en la legitimidad que le confiere la CELAC. ¡Si hasta ocupó la presidencia pro tempore y celebró una cumbre en La Habana, a la que vino hasta el mismísimo Ban Ki Moon, tan ocupado como estaba!

En la II Cumbre de la CELAC también estuvo Insulza, el insulso secretario general de la OEA. Por gusto y para nada. A la disidencia pro-democracia no le dedicó ni siquiera un guiño. No quería irritar a sus muy susceptibles anfitriones, que aclararon que lo invitaron por mera cortesía, y volvieron a repetir que no regresarán jamás al “ministerio de colonias yanquis”. Solo que ya los mandamases no cuentan con multitudes animosas que coreen: “Con OEA o sin OEA, ganaremos la pelea”. Ni falta que les hace. Si ya casi la ganaron…

La dictadura castrista y la OEA, por desfasadas e ineficaces, están en crisis. Lo más probable es que una de las dos desaparezca. O ambas. O tal vez se transformen, la dictadura y la OEA, en otra cosa. En cualquiera de los dos casos, en nada bueno será. La experiencia y los hechos más recientes lo indican.

(Publicado en Primavera Digital).

luicino2012@gmail.com

 

 

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