De la condescendencia europea y otras infamias, Luis Cino


Luego de más de un mes de ausencia por la falta de Internet, estoy de vuelta en este blog. Digamos, para estar a tono con el lenguaje televisivo de hoy, que es una nueva temporada.
 Pudiéramos iniciarla hablando de los escrúpulos del gobierno cubano -como los de aquel Padre Gargajo que escupía los huevos para fregarlos antes de freírlos- con respecto a la mini-empresa privada  o el cuentapropismo, como   prefieren llamarlo, que por un lado dicen alentar, y por el otro, más que abruman, ahogan con regulaciones, multas, prohibiciones y decomisos. Pero de eso, se sabe demasiado. Es decir,  para quienes se hace la piñata.
 Y no quiero  hablar de cooperativas,¡ ay, Trostky!, porque los chinchales tullidos  que habilitan hasta nuevo aviso son cualquier cosa menos eso.  El gobierno cubano garantiza a perpetuidad el trabajo asalariado, y bastante mal pagado, no para un patrón capitalista, sino para el Estado.   
Menos todavía quiero hablar de los precios siderales  de los carros, ahora que autorizaron a venderlos sin carta de autorización firmada por al menos dos ministros y sin tener que depositar el dinero y esperar varios años,  porque se pagan al contado y en CUC. ¡Qué cosa!… Me niego a hablar de eso. ¿Para qué?  No acabo de entender, con tantos problemas, carencias y abusos como hay, por qué coño están tan preocupados con los precios de los puñeteros carros, que de todos modos la mayoría de ellos no podría comprar, con la mierda que ganan, ni aunque se los vendieran tres veces más baratos.    
Prefiero desahogar un poco la rabia y decirles como nos sentimos los disidentes cubanos ahora que la Unión Europea está a punto de levantar la Posición Común y “actualizar” –¡qué mal me está cayendo esa jodida palabrita!- sus relaciones con el régimen cubano.
¿Cómo nos sentimos? Pues, para que me entiendan bien por aquellos lares, donde tan repentinamente han cambiado de opinión, nos sentimos como imagino que se sentirían los polacos y los checos cuando Chamberlain, Daladier y otros pendejos le regalaron a Hitler, para apaciguarlo, los Sudetes y el Corredor de Danzig.
Repito, es solo para que me entiendan bien en  Europa. Por lo demás, guardo las distancias. ¡Dios me libre comparar con el nazismo a la cagalitrosa y descangallada dictadura castrista!  
Duele y abochorna  que una dictadura tan ridícula y rapiñera haya sido capaz de sojuzgarnos durante 55 años. Claro, la culpa no es solo de los cubanos, que de ningún modo somos más viles, cobardes y masoquistas que otros pueblos que han estado sometidos a dictaduras totalitarias, incluso y principalmente, en la culta Europa. No, es que al régimen castrista le abundan más  los cómplices que los  aliados. Y los cómplices se multiplican, por muy demócratas que sean, cuando intuyen la más mínima posibilidad de hacer negocios y disponer de mano de obra barata y sin derechos.
 La Posición Común a nadie se le ha ocurrido tildarla de genocida. Así que espero que la Unión Europea no invoque razones humanitarias para levantarla.   
¿Qué ha hecho la dictadura que amerite la condescendencia  europea? Que no me vengan con el gastado cuento del compromiso constructivo y de que gracias a los acuerdos de colaboración con los países de la Unión Europea, el régimen castrista va a cambiar su naturaleza excluyente y represiva.  ¿Acaso creerán Catherine Ashton y Mariano Rajoy que basta con mencionar los derechos humanos y las libertades políticas en alguna cláusula de un  acuerdo de cooperación?
Hasta tanto no me prueben lo contrario, seguiré calificando de complicidad con el régimen castrista la actual jugada de la Unión Europea. Para la próxima oleada represiva, que no debe tardar mucho  ahora que pusieron la luz verde, que se ahorre Europa la hipocresía y las lagrimitas.
luicino2012@gmail.com

 

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2 thoughts on “De la condescendencia europea y otras infamias, Luis Cino

  1. Luis, lo que sucede es que la actitud cobarde y aguantona del pueblo de Cuba no motiva a nadie a mover un dedo por ellos. Hasta muchos cubanos que viven fuera de la isla ya se están cansado de mandar y mandar para mantener a los de la isla.

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  2. Lo que pasa, Luis, es que la actitud coberde y aguantona de los cubanos de la isla no motiva a nadie para mover un dedo. Ya hasta el exilio se está cansando de tener que enviarle todo a sus familiares a la isla.

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