Pete Seeger, Luis Cino


Ha muerto  Pete Seeger, a los 94 años. Junto a Woody Guthrie, fue uno de los padres del folk norteamericano, muchos años antes de que se acuñara el término  “canción protesta”. Sus canciones fueron himnos del movimiento por los derechos civiles y en contra de la guerra de Vietnam. Figuras como Bob Dylan y Bruce Springsteen reconocen haber sido muy influidos por Seeger.
Casualmente, Pete Seeger murió un 28 de enero, día que se conmemora el natalicio de José Martí, el autor de los Versos Sencillos, que cantó con la música de la Guantanamera y le hizo internacionalmente famoso a principios de los años 60.     
Pete Seeger oyó por primera vez la Guantanamera  en julio de 1961, en un campamento de verano en las montañas Catskills, cantada por  Héctor Angulo, un joven oriundo de Santa Clara. Éste, a su vez, la cantaba tal como la aprendió de su maestro en Cuba, el pianista y compositor español Julián Orbón: con la melodía significativamente reelaborada y el añadido de los versos de Martí.
Cintio Vitier en su libro “Lo cubano en la poesía” acreditó también la Guantanamera cantada con los versos sencillos de Martí, a Julián Orbón. Según Vitier, a fines de los años 50, las tertulias en casa de Orbón terminaban “con un gran coro loco” que cantaba la Guantanamera.
Pero la versión oficial cubana, presta al patrioterismo y a culpar de conjuras  a todo lo que no sirva explícitamente a sus planes, afirma que Pete Seeger -yanqui tenía que ser, no importa si “amigo de la revolución”- robó a Joseíto Fernández la agridulce tonada que identifica a Cuba en el mundo desde hace medio siglo.
Raúl Martínez, investigador del Museo Nacional de la Música, afirma que Joseíto Fernández  la  grabó con los versos de Martí  mucho antes que Seeger, a finales de la década de los 50 (entrevista con Ada Oramas, periódico Tribuna de La Habana, agosto 31 de 2008).
Para reforzar su incriminación sobre la mala intención de Pete Seeger, Martínez señala que en los sellos de sus discos, no aparece el autor, “como si fuera una tonada anónima del folklore cubano.
Joseíto Fernández  había cantado la Guantanamera  desde hacía cuatro décadas. Primero, en los años 30, en la emisora Radio Lavín; a partir de 1941, en “El suceso del día”, de la CMQ. Joseíto escribía y a veces improvisaba décimas acerca de hechos de la crónica roja que narraba el programa radial.
Joseíto cantó la Guantanamera  con Paulina Fernández, La Calandria, Benny Moré, Ramón Veloz y otros. Y nunca la cantó igual: en cada interpretación,  cambiaba no sólo las décimas, sino también la melodía. Y a diferencia de lo que afirma el investigador Raúl Martínez, Joseíto no la cantó con los versos de Martí hasta más de dos años después que las versiones de Pete Seeger y The Sandpipers la convirtieran en un éxito internacional, y por carambola, en un himno itinerante de la revolución de Fidel Castro.
Migdalia Fernández, hija de Joseíto,  reconoce que cuando el folklorista norteamericano popularizó la Guantanamera, “se la consideraba como una melodía de autor desconocido, y por tanto, de dominio público”.
Pero Joseíto Fernández, que desde 1929 poseía la propiedad autoral de la melodía (en realidad, eran sólo los 8 compases del estribillo), autorizó a la disquera estatal cubana EGREM para que lo representara en el litigio internacional por la autoría de la Guantanamera.
A resultas del litigio, en 1965, la partitura de Fall River Music, Inc. de la Guantanamera apareció bajo el extenso copyright: “Música: Joseíto Fernández. Arreglo musical: Pete Seeger. Adaptación del texto: Héctor Angulo, basado en un poema de José Martí”. Así se subsanó el extravagante  copyright  “Martí-Angulo-Seeger” (¡!) aparecido en el álbum Pete Seeger Greatest Hits (Columbia Records, 1963).
El gran ausente, tanto del  copyright yanqui como de los reconocimientos oficiales en Cuba, fue Julián Orbón, el músico responsable por la elaboración melódica de la pieza y la incorporación de los versos de Martí.  Orbón se había ido de Cuba y vivía exilado en Estados Unidos. Pese a lo que dijera Cintio Vitier, los comisarios culturales del régimen no podían dar el menor crédito de la emblemática canción a un exiliado.
En realidad, lo que hizo  Pete Seeger con la Guantanamera fue lo mismo que con otras canciones de otras partes del mundo, como Sudáfrica (Wimoweh y Abi Yoyo) o Ucrania (Koloda Duda). Solo que la Guantanamera fue más exitosa. Tanto o más que ¡Turn, turn!, los versos del Eclesiastés musicalizados por él y que lanzaron a la fama a The Byrds en 1965.
Pero hablar de “éxitos” en el caso de Pete Seger es bastante inexacto. En las notas escritas por él mismo para el disco Pete Seger’s Greatest Hits aclara que no fue él sino Columbia Records quien escogió el título del álbum.  “Algunas de ello fueron éxito por The Weavers,  Peter, Paul and Mary, The Byrds, The Kingston Trio, Marlene Dietrich, Trini López y otros. Pero ninguno de ellos por mí. Mis discos solo los compraban los coleccionistas”, explicaba.
Hay  diferentes tipos de hits. El término usualmente se refiere a canciones que ganan una momentánea notoriedad en la radio. Pero algunas de las melodías más conocidas y que son tarareadas por millones de personas en el mundo, y que no pasan de moda, no entrarían en esa categoría. Precisamente de esas melodías, tomadas de aquí y de allá, de la gente, se nutría el repertorio de Pete Seger. Y eso lo hace intemporal, universal y trascendente. Que es algo así como ser inmortal.
luicino2012@gmail.com    
 

 

De la condescendencia europea y otras infamias, Luis Cino


Luego de más de un mes de ausencia por la falta de Internet, estoy de vuelta en este blog. Digamos, para estar a tono con el lenguaje televisivo de hoy, que es una nueva temporada.
 Pudiéramos iniciarla hablando de los escrúpulos del gobierno cubano -como los de aquel Padre Gargajo que escupía los huevos para fregarlos antes de freírlos- con respecto a la mini-empresa privada  o el cuentapropismo, como   prefieren llamarlo, que por un lado dicen alentar, y por el otro, más que abruman, ahogan con regulaciones, multas, prohibiciones y decomisos. Pero de eso, se sabe demasiado. Es decir,  para quienes se hace la piñata.
 Y no quiero  hablar de cooperativas,¡ ay, Trostky!, porque los chinchales tullidos  que habilitan hasta nuevo aviso son cualquier cosa menos eso.  El gobierno cubano garantiza a perpetuidad el trabajo asalariado, y bastante mal pagado, no para un patrón capitalista, sino para el Estado.   
Menos todavía quiero hablar de los precios siderales  de los carros, ahora que autorizaron a venderlos sin carta de autorización firmada por al menos dos ministros y sin tener que depositar el dinero y esperar varios años,  porque se pagan al contado y en CUC. ¡Qué cosa!… Me niego a hablar de eso. ¿Para qué?  No acabo de entender, con tantos problemas, carencias y abusos como hay, por qué coño están tan preocupados con los precios de los puñeteros carros, que de todos modos la mayoría de ellos no podría comprar, con la mierda que ganan, ni aunque se los vendieran tres veces más baratos.    
Prefiero desahogar un poco la rabia y decirles como nos sentimos los disidentes cubanos ahora que la Unión Europea está a punto de levantar la Posición Común y “actualizar” –¡qué mal me está cayendo esa jodida palabrita!- sus relaciones con el régimen cubano.
¿Cómo nos sentimos? Pues, para que me entiendan bien por aquellos lares, donde tan repentinamente han cambiado de opinión, nos sentimos como imagino que se sentirían los polacos y los checos cuando Chamberlain, Daladier y otros pendejos le regalaron a Hitler, para apaciguarlo, los Sudetes y el Corredor de Danzig.
Repito, es solo para que me entiendan bien en  Europa. Por lo demás, guardo las distancias. ¡Dios me libre comparar con el nazismo a la cagalitrosa y descangallada dictadura castrista!  
Duele y abochorna  que una dictadura tan ridícula y rapiñera haya sido capaz de sojuzgarnos durante 55 años. Claro, la culpa no es solo de los cubanos, que de ningún modo somos más viles, cobardes y masoquistas que otros pueblos que han estado sometidos a dictaduras totalitarias, incluso y principalmente, en la culta Europa. No, es que al régimen castrista le abundan más  los cómplices que los  aliados. Y los cómplices se multiplican, por muy demócratas que sean, cuando intuyen la más mínima posibilidad de hacer negocios y disponer de mano de obra barata y sin derechos.
 La Posición Común a nadie se le ha ocurrido tildarla de genocida. Así que espero que la Unión Europea no invoque razones humanitarias para levantarla.   
¿Qué ha hecho la dictadura que amerite la condescendencia  europea? Que no me vengan con el gastado cuento del compromiso constructivo y de que gracias a los acuerdos de colaboración con los países de la Unión Europea, el régimen castrista va a cambiar su naturaleza excluyente y represiva.  ¿Acaso creerán Catherine Ashton y Mariano Rajoy que basta con mencionar los derechos humanos y las libertades políticas en alguna cláusula de un  acuerdo de cooperación?
Hasta tanto no me prueben lo contrario, seguiré calificando de complicidad con el régimen castrista la actual jugada de la Unión Europea. Para la próxima oleada represiva, que no debe tardar mucho  ahora que pusieron la luz verde, que se ahorre Europa la hipocresía y las lagrimitas.
luicino2012@gmail.com