Por la luz de Alice Walker, Luis Cino


Acabo  de leer  “By the ligth of my father’s smile” (“Por la luz de la sonrisa de mi padre”), de la norteamericana  Alice Walker. Hacía años no leía un libro tan triste y a la vez tan bello.
 La novela es de 1998, pero por las consabidas dificultades que tenemos los que vivimos  en Cuba -como en el fondo de una botella, y no precisamente como el djin del cuento árabe- para estar al tanto de lo que ocurre en la literatura mundial –y también en casi todo lo demás-, hace unos días fue que me lo prestaron y lo pude leer. Y les confieso que apenas puedo resistir la tentación de no devolverlo y quedarme con él, pues es de esos libros que dicen cosas como para leerlas a cada rato y tratar de hallarle sentido –si es que tienen alguno-  a las tantas sinrazones o exceso de razones aplastantes- de la vida, al menos de la forma en que la conocemos.
Según su autora, es “una historia de amor correspondido, de transgresión y del poder curativo del sexo para los males del alma”. También, agregaría, es un canto apasionado (blues, cante hondo, música zíngara, como usted prefiera)  al erotismo, la espiritualidad, el mestizaje cultural, el derecho a la diferencia, a la otredad.
La estancia de un matrimonio de antropólogos norteamericanos y sus dos hijas adolescentes, entre la tribu  mundo, cuyos integrantes son el resultado de la mezcla de indígenas y negros, en  una serranía mexicana, marca sus vidas aun después de muertos.  Como según la creencia de dicha tribu,  los difuntos continúan vivos en el más allá como ángeles que velan por los seres a los que han infligido dolor –por los otros no, basta haberlos amado cuando vivían-, el padre logra subsanar el daño que hizo a sus hijas y aceptarlas como son. Estas logran recomponer su relación con él,  a la vez que consiguen, una, exorcizar  los demonios que la atormentaban desde la adolescencia, y la otra, la plenitud de la sexualidad femenina mediante su relación con otra mujer.
Hay en la novela personajes inolvidables como Irene, la enana griega, que luego de permanecer décadas encerrada en una iglesia, cobra la herencia millonaria de su nocivo padre y se va a recorrer el mundo, como los gitanos que admiraba y envidiaba tanto cuando otros los enviaban a los campos de concentración nazis (ella comparaba el destino del pueblo romaní con el de los judíos y los afroamericanos, solo que peor, por los silencios y la indiferencia mundial). Así, logra conocer a los pigmeos, los Estados Unidos que tanto había visto  en la TV, descubre que “el mundo no civilizado, al contrario que Europa, no se había visto en la obligación de disminuir su espíritu hasta menos de la mitad de su tamaño real”, y finalmente, antes de morir, logra  trasladar los restos de su madre a una florida colina con vista al Mediterráneo.    
Como en otras novelas de Alice Walker, están presentes en este libro, en cierta forma emparentado con “The temple of my familiar”,  muchos elementos autobiográficos (¿de qué puede escribir mejor un escritor si no es de lo que ha vivido?): sus complejas relaciones familiares (es conocida su conflictiva relación con su padre y el hermano que la dejó tuerta de un perdigonazo cuando era pequeña, y su ruptura con su hija, la también escritora Rebeca Walker) , su mestizaje (tiene sangre africana, cherokee e irlandesa),  su declarada bisexualidad (en el año 2006 reveló al periódico británico The Guardian su romance con la cantautora Tracy Chapman), su activismo feminista, su actitud ante el racismo,  la ecología (“la catedral del futuro será la naturaleza…al final, los seres humanos se verán obligados a regresar a los árboles, los arroyos y las piedras”), la marihuana (que “permite hablar a los seres humanos con la naturaleza”),  la religión, la política, etc.
En lo personal, tal vez por ser huérfano de madre desde muy niño, me impresionó particularmente este fragmento, en el que coincido totalmente con la Walker: “Es como en los cuentos de hadas. La parte más triste es siempre la muerte de la madre, que tiende a suceder al principio de la historia. Siempre nos causa gratitud que desaparezca tan temprano, porque es muy duro perderla. Es preferible mil veces tener su muerte a las espaldas en vez de tenerla por delante, a medida que avanzamos para afrontar nuestro destino.”
Mientras más leo a Alice Walker, más la confirmo como una de las  mujeres escritoras que prefiero (las otras son Toni Morrison, Zoé Valdés, Isabel Allende y Gloria Naylor). Solo tengo que objetarle a Walker su deslumbramiento con el régimen castrista. Ella está a favor de los derechos humanos y hasta de los animales, pero no de los derechos de los cubanos. Curioso. Pero esa es una cuestión que no desdice su literatura. Es sabido que nadie es perfecto. Y menos en cuestiones políticas.
luicino2012@gmail.com                     

 

¿Despolitizar el mensaje?, Luis Cino

 

Una de las nuevas tesis adoptadas por algunos de los opositores que han viajado al exterior es la de que para ganarse a la población y lograr que esta venza el miedo y la apatía,  debe despolitizar su mensaje y dedicarse más a enfrentar junto a ella los problemas que cotidianamente  agobian a los cubanos, tales como la falta de viviendas, la subida de precios, los bajos salarios, la dualidad monetaria, los abusos policiales, las regulaciones excesivas a los trabajadores por cuenta propia, las violaciones de la legalidad por las autoridades, etc.

De momento, y teniendo en cuenta que estos opositores siempre han vivido en Cuba y enfrentan desde hace décadas esos mismos problemas, su actitud pudiese recordar la del general Raúl Castro y otros personeros del régimen, que cuando se refieren a los problemas nacionales, parece que hubiesen acabado de aterrizar de Saturno.   

Pero la tesis  tiene su parte de razón.  Cinco  décadas de sistemático bombardeo doctrinario  por parte del régimen a través de los medios, el sistema educativo y las llamadas organizaciones de masas,  lo que ha conseguido es  que la mayoría de la población rechace instintivamente todo lo que le suene a “teque” político. Y eso incluye también el discurso contrario.

 La apatía e indefensión ciudadana inducida por el régimen hacen que términos como democracia, estado de derecho, separación de poderes, libertades civiles y  derechos humanos, resulten casi abstracciones para personas carentes de todo derecho pero que antes que en cuestiones cívicas piensan en cómo se las arreglarán para comer hoy.

Evidentemente, si los activistas de la oposición  hablan en  términos que resultan enrevesados y confusos y adicionalmente penden sobre ellos las campañas de descrédito de los medios oficiales y las represalias de la policía política, diseñadas precisamente para desestimular el apoyo popular, es muy difícil que su propuesta sea percibida por el pueblo como una posible alternativa al régimen, que podría hacer que viviesen mejor.

Ahora bien, con  la resignada mentalidad minimalista y la visión a corto plazo, casi de supervivencia, que ha creado este sistema en crisis en la mayoría de los cubanos, habría que ver qué entienden muchos por “vivir mejor”. No vaya a ser que como tal entiendan que les vendan unas libras más de picadillo de soya y unos cuantos boniatos un poco más barato,  les prometan que les van a aumentar el salario un 0.01 % y les anuncien que la dirigencia estudia si  vuelven a autorizar –hasta nuevo aviso- a los particulares la venta de ropa importada y otra pacotilla.     

Peor aún: si se tiene en cuenta el cinismo y la amoralidad que parecen ser la condición sine qua non de los que se consideran los triunfadores en el sálvese el que pueda nacional, es probable que para muchos, “vivir mejor” signifique la posibilidad de ganar más dinero, a costa de lo que sea, incluso del robo. Y todo sin que les hablen de “política”. Y menos si es “contra la revolución”, porque  si se trata de desfilar en la Plaza el primero de mayo o hacer la guardia del CDR, cualquiera hace su papelito…

La oposición, si por el momento no puede contribuir de modo significativo y masivamente a la educación ciudadana en cuanto al ejercicio de derechos y deberes, al menos debe convencer a todos  de que las libertades económicas  están indisolublemente ligadas a las libertades políticas que solo puede garantizar la democracia y el estado de derecho.  

Entonces,  ¡ojo con la despolitización de la disidencia! Que sea un poco, solo un poco, lo suficiente para que el mensaje sea entendido y llegue a la gente de a pie. No vaya a ser que de tan  despolitizado, se convierta en un cascarón banal y utilitario, pura alharaca revoltosa que pueda ser suplantada sin mucho problema por  Cuba dice del NTV, las cartas al periódico Granma, el blog de Silvio Rodríguez  o los argumentos de asamblea de barrio de cualquier pelafustán municipal.
 luicino2012@gmail.com     

 

Chucho, Paquito, Irakere y los comanches, Luis Cino

 
Siempre me he preguntado el por qué de la insistencia de los espiritistas cubanos en colocar indios de yeso, flanqueados por velas y vasos de agua en los altares e invocarlos y hablar por ellos cuando se supone que bajan sus espíritus.
Lo más curioso es que los indios de estos altares y misas espirituales no los representan como taínos o siboneyes, sino como los guerreros  coleccionistas de cueros cabelludos que muestra Hollywood en las películas del Oeste, con penachos de plumas y tomahawk.
Por mucho que averiguaba, nadie me daba una respuesta convincente al respecto, y he aquí que ha sido nada menos que el pianista Chucho Valdés el que me ha dado una pista al respecto.
En su más reciente disco, Chucho Valdés dedica una pieza a los varios centenares de comanches, que según ha explicado en entrevistas, fueron desterrados al oriente de Cuba a finales del siglo XIX, luego de ser hechos prisioneros y expulsados de sus tierras por el gobierno norteamericano.
Eso pudiera ser una explicación a la ascendencia  de los pieles rojas entre los espiritistas y santeros cubanos.
Pero no es lo único interesante que ha dicho últimamente Chucho Valdés. También ha afirmado que no cejará en honrar como se merece a su padre, el extraordinario Bebo Valdés.  
Probablemente al virtuoso pianista, fallecido hace unos meses en Suecia y que siempre fue un crítico implacable de la dictadura, no le hubiese hecho  gracia un homenaje como el que  proyectan para el próximo Festival Jazz Plaza, que -teniendo en cuenta que los muertos no hablan, excepto en las misas espirituales, suponiendo que sea verdad- se pudiera prestar a manipulaciones propagandísticas por parte del régimen.
También ha anunciado Chucho Valdés su intención de reunir a los integrantes originales de Irakere, para celebrar los 41 años de la fundación del grupo que ha sido -junto a Los Van Van-  el más influyente  de la música popular cubana de las últimas cuatro décadas.
La reunificación de Irakere no tendría sentido sin la presencia del saxofonista Paquito D’Rivera y el trompetista Arturo Sandoval, que junto a Chucho Valdés, eran los más virtuosos integrantes de la banda.
Paquito D’Rivera y Arturo Sandoval, ambos exiliados en Estados Unidos, son anticastristas a toda mecha y han advertido que solo regresarán a Cuba cuando acabe la dictadura.  
 Supongo que  para Paquito D’Rivera sería una difícil disyuntiva la invitación de Chucho Valdés para volver a tocar con Irakere.   
Paquito D’Rivera siempre ha reconocido que  cuando Chucho Valdés creó Irakere, en 1972, lo sacó del hoyo en que lo habían metido los comisarios de seso hueco y oído de palo del Ministerio de Cultura, que luego de intentar agarrotarlo para que no tocase jazz y de obligarlo a acompañar a insulsos cantantes de segunda o de tercera, lo echaron de la dirección de la Orquesta Cubana de Música Moderna.
Conociendo a Paquito, que no oculta su desprecio por el régimen castrista, si la reunión es en Cuba, aunque reviente de ganas de volver a pisar su suelo y de traer su música a su pueblo, dudo que lo haga mientras este régimen se aferre al poder y no haya democracia. Como mismo dejó siempre claro don Bebo, a quien Paquito rescató para la música, no solo por lo mucho que lo admiraba, sino como una forma de pagar  su deuda de gratitud con su hijo Chucho.
 Paquito D’Rivera no entiende de arreglos con el régimen. Recientemente, cuando supo que luego de muchos años sin siquiera nombrarlos, la prensa oficialista al fin se decidió -¡algo insólito!- a citar los nombres de los músicos  cubanos exiliados que están nominados a los Premios Grammy Latinos de este año, entre los cuales están él y  Sandoval, Paquito, tan mordaz y jodedor como siempre, comentó: “¡Mira para eso, como hemos avanzado!”
Además de por la forma extraordinaria que tiene de tocar, también por su entereza y dignidad  admiro tanto a Paquito.  
luicino2012@gmail.com

 

Chucho, Paquito, Irakere y los comanches, Luis Cino

 
Siempre me he preguntado el por qué de la insistencia de los espiritistas cubanos en colocar indios de yeso, flanqueados por velas y vasos de agua en los altares e invocarlos y hablar por ellos cuando se supone que bajan sus espíritus.
Lo más curioso es que los indios de estos altares y misas espirituales no los representan como taínos o siboneyes, sino como los guerreros  coleccionistas de cueros cabelludos que muestra Hollywood en las películas del Oeste, con penachos de plumas y tomahawk.
Por mucho que averiguaba, nadie me daba una respuesta convincente al respecto, y he aquí que ha sido nada menos que el pianista Chucho Valdés el que me ha dado una pista al respecto.
En su más reciente disco, Chucho Valdés dedica una pieza a los varios centenares de comanches, que según ha explicado en entrevistas, fueron desterrados al oriente de Cuba a finales del siglo XIX, luego de ser hechos prisioneros y expulsados de sus tierras por el gobierno norteamericano.
Eso pudiera ser una explicación a la ascendencia  de los pieles rojas entre los espiritistas y santeros cubanos.
Pero no es lo único interesante que ha dicho últimamente Chucho Valdés. También ha afirmado que no cejará en honrar como se merece a su padre, el extraordinario Bebo Valdés.  
Probablemente al virtuoso pianista, fallecido hace unos meses en Suecia y que siempre fue un crítico implacable de la dictadura, no le hubiese hecho  gracia un homenaje como el que  proyectan para el próximo Festival Jazz Plaza, que -teniendo en cuenta que los muertos no hablan, excepto en las misas espirituales, suponiendo que sea verdad- se pudiera prestar a manipulaciones propagandísticas por parte del régimen.
También ha anunciado Chucho Valdés su intención de reunir a los integrantes originales de Irakere, para celebrar los 41 años de la fundación del grupo que ha sido -junto a Los Van Van-  el más influyente  de la música popular cubana de las últimas cuatro décadas.
La reunificación de Irakere no tendría sentido sin la presencia del saxofonista Paquito D’Rivera y el trompetista Arturo Sandoval, que junto a Chucho Valdés, eran los más virtuosos integrantes de la banda.
Paquito D’Rivera y Arturo Sandoval, ambos exiliados en Estados Unidos, son anticastristas a toda mecha y han advertido que solo regresarán a Cuba cuando acabe la dictadura.  
 Supongo que  para Paquito D’Rivera sería una difícil disyuntiva la invitación de Chucho Valdés para volver a tocar con Irakere.   
Paquito D’Rivera siempre ha reconocido que  cuando Chucho Valdés creó Irakere, en 1972, lo sacó del hoyo en que lo habían metido los comisarios de seso hueco y oído de palo del Ministerio de Cultura, que luego de intentar agarrotarlo para que no tocase jazz y de obligarlo a acompañar a insulsos cantantes de segunda o de tercera, lo echaron de la dirección de la Orquesta Cubana de Música Moderna.
Conociendo a Paquito, que no oculta su desprecio por el régimen castrista, si la reunión es en Cuba, aunque reviente de ganas de volver a pisar su suelo y de traer su música a su pueblo, dudo que lo haga mientras este régimen se aferre al poder y no haya democracia. Como mismo dejó siempre claro don Bebo, a quien Paquito rescató para la música, no solo por lo mucho que lo admiraba, sino como una forma de pagar  su deuda de gratitud con su hijo Chucho.
 Paquito D’Rivera no entiende de arreglos con el régimen. Recientemente, cuando supo que luego de muchos años sin siquiera nombrarlos, la prensa oficialista al fin se decidió -¡algo insólito!- a citar los nombres de los músicos  cubanos exiliados que están nominados a los Premios Grammy Latinos de este año, entre los cuales están él y  Sandoval, Paquito, tan mordaz y jodedor como siempre, comentó: “¡Mira para eso, como hemos avanzado!”
Además de por la forma extraordinaria que tiene de tocar, también por su entereza y dignidad  admiro tanto a Paquito.  
luicino2012@gmail.com

 

No quiero cargar con espejismos, Luis Cino


Si no fuese absurdo envidiar la ignorancia, la candidez extrema o lo que es peor, el intento cómplice de manipular y desinformar, quisiera llenarme del optimismo que respecto a la actualidad cubana muestran muchos corresponsales extranjeros acreditados en La Habana.
Quisiera, como ellos, poder escribir historias de cuentapropistas exitosos, de prósperos dueños de paladares con muchas mesas y anécdotas de famosos que han sido sus comensales; de cubanos que pasan sus vacaciones en Varadero; de compatriotas que viran al revés el curso de las remesas y mantienen  a sus familiares en Miami o Madrid; de cooperativistas y arrendatarios que le ganan la pelea al marabú y a los burócratas del Ministerio de  Agricultura; de dirigentes que cambian de mentalidad, de intelectuales que empujan para levantar el techo de la censura, de periodistas oficialistas que se destraban las lenguas  y empiezan a llamar a los males de nuestra sociedad por su nombre y se atreven a señalar hacia donde recaen las responsabilidades.
Pero no puedo.  Las historias que conozco son las de carretilleros que para vender viandas y frutas tienen que moverse por los barrios sin parar, como derviches giratorios; de propietarios de timbiriches agobiados por regulaciones absurdas, multas e inspectores chantajistas y que están a punto de devolver sus licencias, porque la ganancia apenas le da para tirar a diario; de ancianos menesterosos que sueñan con la muerte; de borrachos con el hígado cocinado por un alcohol que lo mismo puede ser de madera que de reverbero, qué más da;  de gentes que decían estar dispuestas a dar la vida por la revolución y que hoy  no quieren dar su brazo a torcer y reconocer que no sirvieron de nada sus sacrificios; de corruptos y demagogos que no cambian de mentalidad, qué van a hacerlo, sino que mudan la piel según las circunstancias, como los camaleones; de padres que tienen que cerrar los ojos y tragar en seco para aceptar que su  hija adolescente putea para poder tener lo que ellos no pueden darle; de  hombres que trabajaron duro todas sus vidas, que no saben hacer otra cosa que trabajar, y que tuvieron que aprender a robar al estado porque lo que les pagan no les alcanza para malcomer; de muchachos que pudieron tener otra vida, pero que luego de pasar por las cárceles porque les aplicaron la ley de peligrosidad social porque no tenían empleo porque no lo había o porque al jefe de sector de la policía le vino en ganas aplicársela, porque el “chiquito ese” le caía mal, ya no tienen otro camino que la delincuencia; de policías abusadores que parecen chulos; de las parejas que no quieren tener hijos “hasta que esto mejore”; de los derrumbes, la peste en las calles llenas de baches, basura y agua sucia; las enfermedades que las autoridades se niegan a aceptar; de los hospitales que dan grima; del vacío en la mirada de los que nada esperan; de las familias  fracturadas, que prefieren las remesas y la pacotilla por encima de la separación; de los jóvenes que solo aspiran a  huir de su país; de las Damas de Blanco reprimidas, de las largas condenas de prisión que les quieren imponer a Sonia Garro y Ramón Muñoz por acusaciones ridículas que todos sabemos que están movidas por un afán de venganza enfermizo contra dos opositores que no transan y que para colmo, son negros…  
Cuba dice, ahora que es una sección del NTV, me dice mucho menos de lo que ya sabemos. Y a casi todos los cubanos les pasa lo mismo, pero prefieren creer en espejismos. Para no reventar. Poco aporta que la gente haga catarsis si sabe que no van a haber soluciones, porque no puede haberlas, al menos así, a la manera de los autores del desastre…  
No quiero cargar con espejismos. Discúlpenme si resulto un aguafiestas para los que quieren  llenarse de optimismo con ciertos reportes de la prensa extranjera acreditada en la Habana. Con no leerme tienen suficiente.  ¡Qué se le va a hacer!
 luicino2012@gmail.com

 

Alejandro quiere saber de su hermano, Luis Cino


La reforma de las leyes migratorias no ha conseguido resolver  el drama de la separación de las familias cubanas. Es una tragedia que ha sido manejada con bastante crueldad e indiferencia hacia el sufrimiento de la gente y ha durado demasiadas décadas. Se han acumulado demasiados problemas, muchos  ya insolubles, al menos mediante tarjetas blancas o de cualquier color de menos.  
 El caso de Alejandro, que quiere saber noticias de su hermano en los Estados Unidos, es otro de esos pequeños dramas personales que conforman el gran drama que hemos tenido que sufrir los cubanos de las últimas generaciones (¿tres, cuatro, más?).
Alejandro Aguilera Bueno tiene 55 años, es herrero y vive en El Calvario, Arroyo Naranjo, al sur de La Habana. Hace unos días vino a verme para pedirme que lo ayude a averiguar el paradero de su hermano mayor, Antonio Aguilera Bueno, que se fue hace más de 30  años a los Estados Unidos.
Pronto hará 20 años que no tiene noticias de él. Lo último que supo de Antonio fue a través de la madre de ambos, que lo visitó en Miami, en 1994.
La anciana murió hace tres años, llamándolo. En sus últimos días, solía confundir a un hermano con el otro.  
Me cuenta Alejandro que cuando eran muchachos, Antonio era su ídolo. Alejandro quería ser como él, imitaba sus gestos, su forma de vestir, su gusto por las canciones de la WQAM y envidiaba su suerte con las muchachas.
En los años 70, Antonio pasó varios años en la cárcel por motivos políticos.  Es decir, por bromear en público acerca de lo que él suponía que comía Fidel Castro. Lo cogieron preso una tarde en el cine Santa Catalina, en Santos Suárez. Los policías fueron bastante aparatosos en el momento del arresto. Como si Antonio hubiese cometido un crimen.  Me dice Alejandro que si no le falla la memoria, ese día, en el Santa Catalina exhibían una película checoslovaca que trataba de un carro-vampiro que funcionaba con la sangre que le chupaba al chofer.
Cuando Alejandro vino a pedirme ayuda, lo que más me llamó la atención es la fe que tiene en que podrá encontrar su hermano a través de Internet. Le han hablado de Facebook y  está seguro que allí aparecerá su hermano o alguien que lo conozca y lo ponga en contacto con él.  Pero me dice –y no hace falta que me lo explique- que él no tiene dinero para pagar los 4.50 cuc que cuesta la hora de conexión en uno de los centros de navegación que abrió el gobierno hace unos meses. Lo que Alejandro gana con su trabajo apenas le alcanza para malcomer.
 Alejandro tiene fe en que yo lo pueda ayudar porque tengo acceso a Internet, aunque sea un par de horas a la semana.
Todavía hay  muchos cubanos para los que Internet parece  cosa de magia.   
Traté de explicarle a Alejandro  que no dispongo de suficiente tiempo y habilidad como para ocuparme de Facebook, que la famosa red social -que según me confiesa, no acaba de entender qué carajo es- no es tan infalible como él se imagina en cuanto a localizar personas de las que uno ha perdido la pista, sino que es más bien como lanzar un mensaje dentro de una botella al mar, a ver si alguien adecuado da con ella…Pero cuando vi el dolor en su mirada, me convencí que no tenía estómago para quitarle la ilusión de que podrá hallar a su hermano. Por eso me decidí a escribir sobre su caso, para ver si alguien que me lea  puede ayudar.
luicino2012@gmail.com