De Orrio y la nueva ciber-movida, Luis Cino


Hace siete años, en respuesta a un artículo mío, Manuel David Orrio, un tipo que disfruta como pocos la esgrima verbal, aseguró que contrario a lo que yo pensaba, él opinaba sin autorización.

Aunque no le creí mucho –  con Orrio no se sabe con exactitud  cuándo es él y cuando el agente Miguel de la Seguridad del Estado-, le aconsejé por su bien, que si eso era así, si era verdad que opinaba sin permiso, que atendiera bien a su Elegguá, porque falta que le haría su protección para enfrentar lo que le caería arriba por parte de sus jefes.

Suelo equivocarme. A veces hasta lo disfruto. Es lo que me pasa ahora con  Orrio. Está de vuelta.  Lo vi por estos días, en una foto en el parque Villalón, del Vedado, junto a decenas de blogueros y twiteros, oficialistas y no tan oficialistas, en la segunda edición del Twithab.   
Junto a Orrio y los twiteros, había personajes tan disímiles como Kenia Serrano, la presidenta del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos  (ICAP), una de las fachadas en el exterior de la Inteligencia castrista que se ocupa de los amiguetes solidarios; Fernando Ravsberg, el inefable corresponsal en Cuba de BBC Mundo; Vicente Feliú, que ya no se sabe si es un cantautor, un agente de agit-prop o un seguroso; y para poner la guinda al pastel, en un raro ejercicio de masoquismo o zorrería –vaya usted a saber-  Conrad Tribble, el jefe adjunto de la Sección de Intereses Norteamericana en La Habana.               

Hum, olfateo truco, jugada con trampa…Recuerden las recientes declaraciones del vicepresidente Miguel  Díaz Canel sobre la “quimera imposible” que resulta bloquear la información en tiempos de Internet, la foto que se tomó el vice con los blogueros de La Joven Cuba, la entrevista que les concedió a dichos blogueros de Matanzas el viceministro de Cultura,Fernando Rojas. Sume todo esto a la inusual reunión en el parque Villalón y ya tendrá el café…con sucedáneo.

Presiento que se avecina una prensa de amago y simulacro, menos triunfalista, complaciente y almidonada, pero dentro de la revolución (quiero decir,  eso que todavía llaman así). Allá quien no lo quiera ver…

En la entrevista de marras, Fernando Rojas afirmó que los blogueros son el “embrión de la prensa alternativa que necesitamos”.   
En esa prensa, Manuel David Orrio tendrá su lugar. Y les voy a hacer una confesión: me alegra que esté él antes que ciertos payasos e improvisados. Siempre he disfrutado lo que escribe Orrio, lo mismo en Cubanet que en rebelión o en insurgente.org. En definitiva, en cualquiera de esos medios siempre ha dicho más o menos lo mismo. La diferencia es que luego que lo destaparon, empezó a utilizar  premisas falsas, algunos  adjetivos feos y a hacer  aseveraciones sobre el control que ejercen los yanquis de la SINA sobre la oposición interna que no se las cree ni el zoquete de Bruno Rodríguez Parrilla.  
Sé que a muchos molestará mi aprecio por los escritos de Orrio. Me dirán que es un traidor, un sinvergüenza y muchos adjetivos más  que no me atrevo a escribir. Sé que tienen razón. Pero no digo que Orrio sea buena gente,  solo digo que es un magnífico periodista.
Aunque no olvido su culpa, no le guardo rencor a Orrio. Probablemente no pudiese decir esto si hace diez años yo hubiese sido uno de los periodistas independientes contra los que Orrio declaró testigo de la fiscalía. Pero si  Coco Fariñas llama a perdonar y amar a los represores porque ellos también son víctimas, por qué no aceptar que es preferible tener como rival a Orrio antes que a los demasiados previsibles Lázaro Barredo Medina, Randy Alonso u otros pelafustanes que están a punto de inventar, si es que ya no están inventados y a punto de ser puestos en funcionamiento.    

Me froto las manos al imaginar los debates que podré sostener con Orrio. Nieto de esgrimista, también gozo con las fintas verbales.  De tanto leer a Orrio, conozco los temas que le obsesionan: la potencial reversibilidad al capitalismo del modelo castrista, la debilidad institucional del sistema, las inconstitucionalidades, la necesidad de otro tipo de periodismo…

 Orrio ha planteado  que si  los periodistas cubanos  estuvieran en posesión de sus derechos constitucionales,  quedaría poco espacio para los periodistas independientes. Es cierto. Pero digo más. La llamada “prensa revolucionaria” no tendría que esforzarse por ser más audaz y creativa. Bastaría que dejara de ser mera propaganda partidista de la más mala para ser periodismo. Solo eso.

Como hace siete años, vuelvo a pensar que el camarada Orrio está autorizado a opinar. Él y unos cuantos que jugarán a la prensa alternativa, a discrepar con moderación, y que  serán presentados por el oficialismo matrero como los únicos periodistas verdaderamente independientes  en Cuba, porque los demás, los disidentes, somos…ya sabemos qué dirán que somos. ¿Para qué repetir las mismas pendejadas del régimen?
 luicino2012@gmail.com

 

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El pajarito azul y los profetas, Luis Cino

Junto a las esperanzas  de que la llamada “actualización del modelo” al paso de tortuga raulista  lleven derechito al capitalismo, otro de los asuntos que genera que se hable más boberías en el exterior- y hasta en Cuba por parte de algunos que parecen venidos de otro planeta- es la posibilidad de que Tweeter se convierta en el factor decisivo para movilizar a los cubanos en la lucha por la democracia.

Inicialmente, los profetas del pajarito azul se basaban en el argumento del poder de convocatoria de las redes sociales en las revoluciones de la primavera árabe y en el caso del movimiento de los indignados en España.

Comparar a Cuba con los países árabes, España o Grecia, es algo bastante traído por los pelos. La utilización de las redes sociales influyó, pero no fue determinante en las revueltas contra las tiranías en el mundo árabe y las protestas en Europa contra el dominio de la banca y las grandes empresas, que viene a ser otra forma de dictadura, por muy sofisticada que sea. En todos los casos, las revueltas fueron  consecuencia  de la apabullante exclusión económica, política y social de la mayoría de la población.  Sucedió que las tecnologías de la información y las comunicaciones estaban allí, al alcance de las mayorías. Especialmente de los jóvenes. Y las emplearon.   

Por ejemplo, en  Túnez, donde estalló la chispa de las revueltas árabes, fundamentalmente por la subida en el precio de los alimentos, la mayoría de las familias tienen acceso a la TV satelital, se calcula que hay 96 teléfonos móviles por cada 100 habitantes y un alto número de jóvenes tienen abiertos sus perfiles en las redes sociales.

¿Para qué citar datos de España y Grecia, que serán los parientes pobres de la Unión Europea, pero, al fin y al cabo, son países del Primer Mundo?  

En Cuba, la inclusión de las nuevas tecnologías de la información no ha sido para nada masiva. Todo lo contrario.  El régimen limita el acceso a Internet, persigue las antenas satelitales y fue apenas hace cuatro años que autorizó la telefonía móvil y la venta de computadoras para los nacionales.

Los cubanos que tienen acceso a Intranet, la caricatura nacional de Internet, llena de páginas bloqueadas, la utilizan fundamentalmente para enviar y recibir mensajes electrónicos.

En Cuba, un sms es bastante costoso. Enviar mensajes de tweet es más caro todavía: un tweet cuesta 1 cuc. Vale recordar que el ingreso promedio mensual de un cubano es de menos de 20 cuc.

Pocos de los modelos de  móviles que se venden en Cuba sirven para tuitear. La mayoría de los cubanos, si es que saben qué es un tweet, no tienen ni idea de cómo se hace para enviar los mensajes con los dichosos 140 caracteres.  

Los cubanos  que abren perfiles en Facebook y otras redes sociales  lo hacen principalmente para localizar parientes o amigos que se fueron del país o ligar pareja en el exterior.

Los jóvenes cubanos están tan imposibilitados de influir en su  realidad como de acceder a los circuitos globales de intercambio de datos e imágenes. Sus privaciones materiales son proporcionales a  su lejanía de  “las tecnologías de la representación” que decía  el filósofo alemán Gunter Anders.  No es por simple casualidad o puro capricho que el régimen  restrinja estrictamente lo que pueden tecnológicamente imaginar los jóvenes cubanos.

Así y todo, todavía hay quienes  apuestan por los 140 caracteres del pajarito azul para  la indignación de los cubanos.

Es indudable  el  efecto democratizador de las redes sociales, pero ocurre principalmente en el mundo virtual.  

En todo caso, el régimen también utiliza las TIC como parte de su guerra sucia contra los ciberdisidentes. Y no me refiero solo a los tuitazos y los blogs oficialistas, sino también a los sitios censurados, los bloqueos, los ciberataques, las desconexiones de ETECSA,  etc. De algo han servido a los mandarines de acá las experiencias de sus homólogos chinos, no solo en el socialismo de mercado sino también en la represión a los ciberdisidentes. ¡Y lo que les queda por aprender y aplicar!  

Las redes sociales son  herramientas para luchar por la democracia. O en su contra. Habrá que contar con ellas, pero creer que son mucho más que herramientas es –como diría Mac Luhan- convertir el medio en el mensaje.  
 luicino2012@gmail.com
(Publicado en Primavera Digital)