Los cuadernos de Homs, Luis Cino

Lo más fácil sería explicar que Los Cuadernos de Homs son los apuntes tomados de prisa y sin retoques por el escritor y periodista franco-norteamericano Jonathan Littell durante los 17 días que permaneció  en Homs,  la ciudad rebelde siria, en enero de 2012, cuando se iniciaba el baño de sangre desatado por las tropas  del dictador Bachar Al Asad. Pero el libro es mucho más que eso.

Es una lección como pocas de periodismo en las condiciones más extremas. Leerlo es el mejor modo de entender qué pasa en Siria, cómo las protestas contra el régimen desembocaron en una guerra civil, cómo surgió el Ejército Sirio Libre, quienes son realmente los mercenarios y terroristas de los que habla el régimen, cuál es la parte de los yihadistas y sulafistas en la insurrección y el papel siniestro de los shabihas (paramilitares) y los mujabarat (los “segurosos” de allá) en la carnicería.   

Littell cuenta su estancia en los barrios rebeldes de Homs, día por día, en medio del horror, bajo las balas de los francotiradores,  sin explicaciones ampulosas ni regodeos en lo evidente. Sospecho que Hemingway no lo hubiese hecho mejor.

Días antes de la llegada de Littell a Homs, Gilles Jacquier, reportero del canal France 2, murió durante un bombardeo.  Participaba en un viaje de prensa organizado y supervisado por las autoridades sirias. El régimen culpó de su muerte a “las bandas armadas”, pero los rebeldes aseguran que lo asesinó el régimen para aterrorizar a los periodistas extranjeros y disuadirlos de viajar a las áreas de combate.

Fue en esas condiciones que Jonathan Littell escribió Cuadernos de Homs.  

Hacía tiempo no leía un libro así, tan vívido e ilustrativo y que me provocara tantas emociones. Hay que tener sangre de horchata para no sentir el deseo de estar junto a los rebeldes, empuñar un kalashnikov o un RPG, lo que haya a mano, y disparar contra los asesinos del régimen de Asad y contra el mismísimo canciller ruso Sergei Lavrov por su complicidad en apuntalar a la dictadura a costa de las vidas de millares de sirios, todo por  los pujos imperiales de Rusia

En los primeros días de febrero de 2012,  justo después de la partida de Littell hacia Líbano, el ejército gubernamental lanzó su ofensiva final contra la ciudad de Homs. Durante más de 27 días, las fuerzas del régimen bombardearon barrio por barrio, casa por casa, con cohetes Grad y morteros de hasta 240 milímetros.  

El día antes del inicio de la ofensiva contra Homs, el Consejo de Seguridad de la ONU había sometido a votación una resolución de la Liga Árabe, que a pesar de ser bastante conciliatoria, fue vetada por Rusia y China. Lo que no pudo hacer Gadaffi en Bengasi porque los aviones de la OTAN se lo impidieron, lo consiguió Asad en Homs. Luego lo repetiría en Alepo. Mientras, Estados Unidos y la Unión Europea discutían sobre corredores humanitarios y si aprobaban  el envío de ayuda no letal a los rebeldes.  ¡Y que  todavía haya quienes lamenten que algunos países árabes le suministren armas al Ejército Libre!

Cuando la dictadura de Asad sea solo un mal recuerdo,  Cuadernos de Homs quedará como un terrible testimonio de cuánto son capaces los pueblos de hacer por la libertad. Y también de cuan costosa puede resultar la indiferencia mundial ante las tiranías.
 luicino2012@gmail.com
(Publicado en Primavera Digital).                      

 

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Las contradicciones son saludables, Luis Cino

Luego de las reacciones de algunos opositores a mi artículo “Antes de que llegue el próximo máximo líder”,  aparecido en Primavera Digital, me siento como cuando uno hace un chiste y nadie se ríe.

Parece que no me hice entender, y como mi intención no era chistosa precisamente, sino que me proponía advertir sobre ciertas tendencias caudillistas  que noto entre algunos líderes opositores, se complicó bastante el asunto.

Mi  comentario sobre la foto de la sombrilla fue solo una especie de pie forzado que utilicé para entrar en el asunto que me interesaba tratar.  Evidentemente, no funcionó el pie forzado.

Mi intención no era tomar a José Daniel Ferrer como ejemplo de esas tendencias negativas entre los líderes disidentes. Ferrer es un hombre que  tiene méritos de sobra en su lucha frontal contra la dictadura como para ser respetado por todos los opositores. Ahí está la labor de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU) para demostrarlo.  Lo que me preocupaba era lo que se pudiera derivar –a juzgar por la dichosa foto- de la devoción hacia él que supuse mostraba el activista que lo protegía del sol con el paraguas.

Ahora, gracias al comentario en Cubanet del doctor René Gómez Manzano  (“¿Contradicciones entre demócratas?”), sé las circunstancias en que  tomaron la foto  y los  fines para los que fue utilizada en los blogs oficialistas, que sabemos son pura bajeza e insidia.

Saber que erré me tranquiliza. Solo me preocupa  que José Daniel Ferrer se pueda  sentir ofendido. Espero que comprenda.

Pero el malentendido puede ser atizado por la incomprensión de otros. Me cuesta entender que el doctor Gómez Manzano haya tomado mi desafortunado comentario sobre una foto como “un  virulento ataque” contra José Daniel Ferrer. Parece que el doctor se quedó trabado en los tres primeros párrafos, no siguió la lectura de mi artículo y de ahí sus reproches.

Parece que para algunos opositores, ciertos temas  y personas  son tabú.   Aunque muchos opinen igual o parecido, siempre habrá hipócritas y gazmoños que te dirán que todavía no es el momento de hablar de eso, que por ahora hay temas no se deben ni rozar. Si alguien los toca, corre el riesgo de ser acusado de hacerle el juego al régimen, o peor aun, de trabajar para la Seguridad del Estado.

¡Cuanto daño nos han hecho el partido único, las unanimidades, el Departamento de Orientación Revolucionaria y el periódico Granma!

Ya va siendo hora de empezar a  pensar y actuar como demócratas. Digo, si es a la democracia a lo que aspiramos.  Que me avisen si ya implantaron el pensamiento único también en la disidencia.

¿Contradicciones entre demócratas? Sí, ¿y qué? A ventilarlas  a tiempo, sin tapujos. Así es más saludable. Lo malo es cuando  solamente se puede aplaudir.
luicino2012@gmail.com
(Publicado en Cubanet)

Que no me quiten a Lennon, Luis Cino

Inseguros y dados a idealizar que somos los mortales, nos pasamos la vida  buscando héroes –o inventándolos cuando no aparecen- para convertirlos en nuestros paradigmas.

En mi caso, como les he dicho en otras ocasiones, tengo un serio problema con los héroes de las guerras y la política. De tan perfectos que los pintan en los libros y los discursos, tan imponentes como son en bronce, me son ajenos y antipáticos.

Como de todos modos, el ser humano necesita de los héroes, he tenido que buscar los míos en los territorios que me son más afines: la literatura y la música. Por suerte, he encontrado varios. Pero sucede que en el caso de dos de los principales, Ernest Hemingway y John Lennon, llevo décadas luchando a brazo partido por no perderlos, porque no me los quiten los aguafiestas, por no desilusionarme de ellos.

De qué me pasa con Papa Hemingway, les explico un día de estos; de Lennon les cuento ya.

Usualmente, detesto a los tipos como John Lennon, dados a las  payasadas, snobistas y tan pedantes como para creerse más famosos que Cristo. Pero era uno de los cuatro beatles, ¡qué digo!, era la mitad  –y hasta algunos decían que la más significativa- del binomio Lennon-McCartney, y eso era motivo más que suficiente para que le perdonase cualquiera de sus pesadeces y extravagancias.

Mi más viejo agravio –y el más grande- contra Lennon fue su culpabilidad y la de Yoko Ono por la separación de The Beatles. Para nadie es secreto que desde 1966, tan enganchado de las drogas como estaba, a Lennon el grupo cada vez le interesaba menos, pero son muchos los que  culpan de la ruptura a Paul McCartney.

Siempre me ha molestado mucho el ensalzamiento de Lennon en detrimento de McCartney. A este último son muchos los que lo quieren presentar como un burgués frívolo, hacedor de cancioncillas, más pendiente del dinero que del arte; mientras que a Lennon lo muestran como un tipo intelectualizado,  pacifista, que hacía canciones más poéticas.

En realidad, han sido muy injustos y malagradecidos con McCartney, que no solo escribió “silly love songs”, sino también algunas de las más grandes canciones de The Beatles, como Yesterday y Eleanor Rugby, por solo citar dos. O ya por su parte, canciones tan buenas como Maybe I am amazed o Band on the run. Porque si a eso vamos, aunque ninguno de los dos fuese un virtuoso, McCartney era mucho más músico que Lennon. Y en cuanto a letras poéticas, McCartney también hacía lo suyo, solo que las jerigonzas sicodélicas de Lennon, aunque no fueran ni la chancleta de las baladas de Dylan, eran de muy buen tono en la era hippie.

Siempre me he preguntado por qué esos que se niegan a aceptar a McCartney, los méritos que le atribuyen a Lennon no se los adjudican a George Harrison,  que en todo sentido, sobre todo en el humano, se los merece más.

Pero, ¿qué hago?, ¿cómo dejo que me venza la desilusión por John?, si son tantos y tan perversos algunos de los que nos lo quieren quitar, que no han vacilado ni en asesinarlo. Aunque a decir verdad, su asesinato por un maniático llamado Mark David Chapman, el 8 de diciembre de 1980, en las afueras del Dakota, New York, es lo que menos ha significado para quitarnos a Lennon. Todo lo contrario. Muchísimo peor fue que los mismos odiosos mandamases que nos prohibieron la música de The Beatles durante años, precisamente los años en que más se escuchaba en todo el mundo, y que no hubieran vacilado en haber metido a Lennon -luego de pelarlo al cero- en un campamento de las UMAP, precisamente a él, que era el más extravagante y escandaloso de los cuatro,  le hicieran una estatua y la sentaran en un banco de un parque de El Vedado.

La maldición que persigue a los héroes cuando los convierten en bronce también alcanzó  a Lennon. ¡Y de manos de qué clase de tipejos! A mí no me gusta ni pasar por ese parque. Como tanto me jodieron mi adolescencia a causa de mi afición por los Beatles y el rock, nunca perdonaré ese robo alevoso y descarado.

Para más agravio,  se han cogido Imagine para ellos y la han convertido en uno de los temas de las tribunas abiertas con banderitas  y la Mesa Redonda, cual si hubiese sido compuesta para alguna ocasión verde olivo por Sara González, Kiki Corona u otro tracatán bandurriero similar.

Recientemente, leí con reluctancia un artículo de Walter Benjamin titulado Top 10 unpleasing facts about John Lennon, y, ¿saben?, en lo fundamental, aunque  es demasiado severo con John, tengo que reconocer que tiene razón. Y ustedes no imaginan cuanto duele y jode tener que admitir  que uno de los héroes de uno de toda la vida fue un tipo que golpeaba a las mujeres, maltrataba a su hijo, era neurótico, hipócrita, narcisista, un mentiroso patológico. En fin, que era más rollo que película y para nada una buena persona. Y por si fuera poco todo eso, fue el culpable de la separación de The Beatles. Vaya cargos contra él, ¿no

De todos modos, fanático de los Beatles que soy, trataré de esforzarme por seguir como si no supiera todo eso. En definitiva, hay héroes de otras estatuas que son absolutamente detestables -hasta asesinos fueron-, y no dejan de ser reverenciados por medio mundo.

Así, que por favor, que no me quiten a Lennon. Y tampoco a Hemingway, del que repito, ya les contaré.
luicino2012@gmail.com