Un país de machos remachos

 
Es proverbial la competencia entre  México y Cuba, además de por la paternidad del bolero, por ver cuál de las dos sociedades  es más machista. Se podría suponer que con tanta propaganda acerca de la emancipación de la mujer en más de  medio siglo de socialismo, Cuba quedaba en desventaja, casi de fuera de competencia, en cuanto a machismo. Pero no.

La lid sigue apretada. Allá los machos remachan a golpes a sus mujeres por cualquier motivo; aquí también, a pesar del Código de la Familia, la Federación de Mujeres Cubanas, el CENESEX y de “las iguales oportunidades para todos sin distinción de género” de que se habla. Las golpean porque los contradicen, no hay comida,  el dinero no alcanza, son muchos en la casa,  porque están borrachos, porque todo es una mierda…

En Ciudad Juárez aparecen mujeres asesinadas y no atrapan a los asesinos. En La Habana, Santa Clara y Santiago de Cuba, a las opositoras no las matan, pero corpulentos agentes de la policía política y sus porristas disfrazados de “pueblo indignado” las zurran a la vista de todos, en plena vía pública.

Supongo sea un trago demasiado amargo para los dirigentes que hicieron a tiros y bombazos una revolución de machos, que no aceptaba a melenudos, maricones ni blandengues pequeño-burgueses con problemas ideológicos, que a las féminas vistió de milicianas o con toscas ropas de caki y sombreros de guano o pañuelos de koljosiana en la cabeza y las montó en camiones rumbo a los cañaverales o las construcciones a hacer trabajo voluntario,  admitir que sean precisamente mujeres, casi todas nacidas después de la revolución, las que para reclamar libertad, les tomen las calles -llenas de baches, escombros,  basura y aguas albañales- que dicen  son de Fidel y los revolucionarios.        

De ahí la saña con que tratan a las Damas de Blanco  las periodistas independientes y las activistas de la oposición que se atreven a desafiar al régimen de las puertas de sus casas para afuera, que es donde más le duele. Curiosamente, a ellas las reprimen más fuerte que a los hombres. Y estoy seguro que no es porque sean físicamente más débiles, sino porque les temen y les irritan más.

A propósito, ¿por qué será que desde los tiempos del yate Granma y la guerrilla en la Sierra Maestra a los jefes de los que dan las órdenes de apalear a las opositoras, les gustan tanto las canciones mexicanas? Quiero decir las de charros bien machos, de bigotón y revólver, no las de  Juan Gabriel, como creyó hace años cierto despistado ibérico que quiso agasajar al Comandante durante una Cumbre Iberoamericana.

En Cuba, un país tan excepcional, el machismo viste nuevos ropajes. Y no lo digo sólo por los muchachos que con el mismo desenfado que se tatúan un eribanga en la espalda o se clavan un piercing en la lengua, se depilan el pecho, usan aretes, saludan con un beso a sus aseres, ponen a jinetear a sus novias -que tratan como perras y ellas tan contentas- o le meten una puñalada a cualquiera para demostrar que son hombres a todo.

 También el machismo recupera el terreno que nunca perdió del todo entre las mujeres, que se ven obligadas a renunciar a su independencia y su dignidad porque la economía aprieta. Así, tienen que aceptar que los machos las pongan en el papel de objeto sexual, desde que las piropean en las aceras, las acosan en la oficina o la fábrica o se la llevan a la cama por mucho menos de lo que cuesta un par de zapatos o un almuerzo en La Cecilia.

Por algo dijo lo que dijo la Princesa Mariela, tan frívolamente risueña, cuando fue a Ámsterdam -no a comprar marihuana de la buena, la que no ligan con yerba de parque, sino al barrio de las putas- acerca de las cubanas que se prostituyen  para que les arreglen el baño. Igual que con el plomero pudo decir con el carnicero, que sabemos -¡ay Juan Formell!- que es un cancha, el director de la empresa, el jefe de sector o el maceta que le dé para comprar comida para sus hijos. Pero no sabemos si la princesa conoce esas historias, porque la del plomero se la debe haber contado alguna loquita de su séquito y a lo mejor hasta creyó que era un chiste.  

Sólo nos queda esperar por los bayuses de cuentapropistas  con licencia e impuestos de la ONAT. Como se supone que las putas sean las más instruidas del planeta, sólo les hará falta exhibir, además del certificado de salud, una carta del Comité de Defensa de la Revolución que las avale como políticamente confiables.

Anunció el cardenal Jaime Ortega en la TV – ¿vieron como la  complacencia cardenalicia con el régimen sirvió para ganar espacios a la Iglesia Católica?- que la procesión de la Virgen del Cobre llega a La Habana. Hasta el 30 de diciembre recorrerá todos los municipios de la capital. Esperemos que no se repitan los abominables actos represivos contra las Damas de Blanco y las opositoras. Pero es poco probable. Las mujeres ponen muy nerviosos a este régimen. Incluso la Santa Patrona de Cuba, que para colmo  llaman la Virgen Mambisa. ¿Y si ahora que está de moda indignarse, la Virgen se indigna por la represión contra sus hijas y le da por empuñar el machete? 
luicino2004@yahoo.com

Anuncios

One thought on “Un país de machos remachos

  1. Creo que más machista es México, ya que en Cuba las mujeres también le dan “candela” a los infieles, por ejemplo. De todos modos tu análisis sobre esa forma de transvestir a las féminas casi en machos, se corresponde con la revolución chiquita que tuvieron algunos dentro de sus psiquis, por supuesto los mismos intolerantes del homosexualismo, por reprimidos, seguramente. Un abrazo argentino!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s