With a little help from my friends

Los amigos nunca se fueron. Ajenos a muros y distancias, ellos siguen ahí. En cartas, e mails o llamadas telefónicas cronometradas. Casi siempre sonrientes, ocultos por las gavetas, en desteñidas fotos con dedicatorias extravagantes. Asomados con terquedad al silencio desolador que queda cuando acaba un viejo disco.

Son la prueba tozuda, irrefutable y cotidiana de que las despedidas son un ejercicio inútil y falso.

Contra su voluntad y sin proponérselo, el castrismo dotó a los cubanos de mi generación de amigos duraderos. Hechos a prueba de hambre, prohibiciones, temores y delaciones. Resistentes a todo. Hasta al destierro, las guerras y la muerte. Eternos, ubicuos. Casi  como dioses.

Los ingenieros de almas de la pedagogía comunista no lograron convertirnos en asépticos hombres nuevos. De nada valieron piedras filosófales ni afanes doctrinarios. Obtuvieron raros seres, sentimentales, pecaminosos y libertarios. Tuvieron que expulsarnos de probetas y calderos por las puertas de emergencia del laboratorio demencial que creyeron paraíso.

Condenados a vagar sin esperanzas por los rincones del reino, aprendimos a golpes el valor de la amistad en tiempos que siempre fueron difíciles y donde todo era compartido: las penas,los gozos, la comida, la ropas, los libros, los discos y los cigarros…Creo que entonces, aunque no éramos precisamente felices, todo era mejor.

Casas apuntaladas,azoteas para escudriñar La Víbora, escuelas de rigores militares, jeans raídos por el uso, perros que no cesaban de ladrar cuando más se precisaba el silencio, novias inadecuadas, las madrugadas del Vedado, una fría barraca cañera de Matanzas, las tardes en la playita de 16, las putas que llegaban a salvarnos de los naufragios,la WQAM con estática, la FM que entraba en el radio ruso según estuviera la atmósfera,los conciertos de Serrat o Locomotive GT, en el Amadeo o el Parque Lenin…

Fue un tiempo de maravillas dulces y amargas, pero una pésima preparación para el futuro que nos esperaba. Después de todo, uno nunca está plenamente apto para el exilio, la prisión y la muerte de los amigos.

Para mi defensa, me censuro el riesgo al corazón de algunas viejas canciones  y me prohíbo transitar por ciertas calles de Lawton, La Guinera y Alta Habana. Sólo eso.

Prefiero que no se preocupen por mí. Que no hagan caso a las noticias o lo que les cuenten.A veces la gente exagera. Otras, habla sin saber. No hay problemas. Pese a todo, todavía soy el mismo. No hay otro modo posible de ser. ¿Qué pensarían si desafino? Me apoyo en todos y sigo andando. Como siempre. Como si nada. No importa que estén muertos, presos o desterrados. Siguen testarudamente ahí.No me asombra. Para eso son los amigos.
luicino2004@yahoo.com

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