Ay, Carlos Marx

Según escribió por estos días un plumífero de la prensa oficialista, los que criticamos los altos costos sociales de  los chapuceros remiendos que llaman actualización del modelo económico,  pretendemos ser “más leninistas que Lenin”.

Enlo que a mí respecta, no me place en lo absoluto nada que tenga que ver con dictadores sanguinarios, que no mucho más fue Vladimir Ilich. Pero ya que hablamos de Lenin, su NEP fue muchísimo más coherente y eficaz que el socialismo de timbiriches y vendutas que ahora mismo nos venden como la panacea para los muchos males incurables del castrismo, que en realidad nunca fue socialismo como tal, sino una coartada ideológica para garantizar absolutamente el poder absoluto al Máximo Líder. Igual pudo ser  fascismo, que es a lo que más se parece el paradero incierto adonde ahora nos enrumban sus sucesores.

Luego de tantas marchas y contramarchas, a la revolución cubana de socialista sólo le queda el  partido único, ciertas obsesiones y manías y la retórica de un discurso que ya nadie toma demasiado en serio.

Ante el socialismo-capitalista mercantilistamente  primitivo que se nos viene encima, con insalvables y escandalosas diferencias de clases, impuestos leoninos, los subsidios sociales reducidos a su mínima expresión y derecho a ninguna otra cosa previsible que no sea las tonfas de los policías y los calabozos, a quién mejor recurrir para rebatir tanta socarronería que al mismísimo Carlos Marx.

El autor de Das Kapital se mesaría la barba y chillaría como un poseso de darse una vuelta, no por Soho, como en la obra teatral de Howard Zinn, sino por La Habana del trapicheo y el despetronque castrista.

La culpa de la recurrencia al marxismo -que no al leninismo, ¡solavaya!, primero echar mano a Bakunin, ¿por qué no?-, no es nuestra. Alguna secuela tenía que quedarnos del marxismo aprendido de carretilla en las aulas  según los manuales soviéticos del post-estalinismo y explicado por tantos profesores vesánicos y oportunistas. Hasta complejo de culpa nos quedó de usar la mano derecha y no la zurda.

Sentarse en el palco derecho a esperar la restauración capitalista, que es lo que de todos modos viene, sólo que a la manera de los generales-empresarios que ponen cara de chino mientras juegan sin bala a la ruleta rusa, sería mucho más fácil. Lo único que habría que hacer es armarse de paciencia y aguantar las nauseas. Pero de veras que no es mi estilo. No así. Para esto, es mejor que no hubieran tratado durante tanto tiempo de hacernos comunistas a la cañona…
luicino2004@yahoo.com

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