¿Sobrevivirá el castrismo a Fidel Castro?, Luis Cino

 

El mito de Fidel Castro, lejos de acabar con su muerte, puede que más bien se refuerce, que coja cuerda. Puede que estos funerales, a lo Corea del Norte, con el recuento-letanía de sus hechos y discursos, sea lo que necesitaba para oxigenarse.

En realidad, no le hacía mucho favor la imagen de un anciano testarudo que escribía confusos editoriales en los que hacía predicciones apocalípticas. La muerte puede ser el segundo aire que necesitaba.

Tal vez consigan los deudos del Comandante, como hizo Don Jimena al montar en su caballo el cadáver de su marido, el Cid Campeador, con la lanza en ristre, que salga a dar batalla aun después de muerto.

Ya hay quienes creen que se inició el post-castrismo. Se apresuran demasiado: lo más probable es que el castrismo sobreviva por mucho tiempo a Fidel Castro.

Puede que incluso el castrismo sin Fidel ni Raúl Castro triunfe un día en las urnas. Aún en unas elecciones democráticas, si es que algún día hay democracia en Cuba. Me refiero a una democracia de verdad, no al modelo de democracia dirigida, como la putineska o como fue la del PRI, que nos tienen reservada, bajo varias llaves y sellos, para el día que no tengan más movida que hacer, cuando no les quede más remedio, ciertos aparatchiks y generales que sueñan ser los herederos pero por ahora no se atreven a destaparse como reformistas.

¿Creen ustedes que habremos escarmentado definitivamente y que para entonces no habrá suficientes ancianitos nostálgicos, masoquistas, confundidos, desilusionados de ida y vuelta de todo e idealistas incorregibles y siempre insatisfechos, dispuestos a votar por dar marcha atrás?

Ojala logremos librarnos algún día de la sombra del Comandante. Pero me temo que eso demorará muchos años. Casi tantos como duró su régimen.

Por lo pronto, ya repiten, en unidades militares y centros laborales, una nueva consigna: “Prohibido olvidar a Fidel”.

Señalaba hace unos años Carlos Alberto Montaner que “en América Latina nadie jamás desaparece del todo, haga lo que haga, ni siquiera tras la muerte”.

Para corroborarlo, ahí están las reencarnaciones del peronismo, el chavismo, el sandinismo y el aprismo, entre otros.

Los latinoamericanos tenemos una rara manía por revivir las pesadillas. O meternos de cabeza en una por huir de otra…

Los caudillos que más daño hicieron a sus naciones son los más persistentes en los retornos.

Más desconcertantes que las momias de Perón y Evita son sus legiones de seguidores en Argentina, los ex–montoneros y los kishneristas entre ellos, sin una clara definición ideológica, sino más bien con una mescolanza de varias ideologías contradictorias, pero testarudamente aferrados al mito.

¿Duda alguien que en Cuba aparezcan quienes quieran enrumbar el castrismo –o la revolución, como aun se empecinan en llamarla- en nombre de Fidel Castro? Y puede que retomen el programa del Moncada o los primeros discursos de 1959.

Pero esto es pura divagación. Es sólo por si acaso…Dicen que cuando uno habla de sus temores, eso ayuda a que no se corporicen. Ojala.
luicino2012@gmail.com

¿Lograremos librarnos de su sombra?, Luis Cino

 

La noche del 31 de julio de 2006, cuando Carlos Valenciaga leyó la proclama que anunciaba que Fidel Castro dejaba el poder provisionalmente por enfermedad, había apagón en mi barrio. Como desde por la tarde habían anunciado que a las ocho de la noche harían un anuncio muy importante, en cuanto vino la luz, alrededor de las 9, encendí el televisor, justo a tiempo para escuchar la parte final de la proclama, que ya no era leída por Valenciaga, sino por un bigotudo y peripatético locutor del NTV. Tan pronto acabó de leerla, se vio en la pantalla un grupo de gente que bailaba frenéticamente en una discoteca, al compás de la música techno-house. De momento, pensé que estaban celebrando, en Miami o en La Habana, pero no: era la telenovela brasileña, que se había reanudado en el punto donde la habían interrumpido para volver a leer el comunicado.
Luego, pasaron diez años en los que lo que las noticias que llegaban del Comandante, mientras sus sucesores parcheaban lo que iba quedando de su proyecto, eran las reflexiones apocalípticas que aparecían en el periódico Granma y en Cuba Debate y lo que comentaba alguno de los visitantes extranjeros que recibía.
Me enteré de la muerte de Fidel Castro, la medianoche del pasado 25 de noviembre, por un cintillo noticioso de Telesur, que corría, al pie de la pantalla del televisor, tan raudo que apenas daba tiempo para leer. No esperé que ampliaran la noticia ni atiné a buscar en los canales nacionales: estaba demasiado cansado, somnoliento y con demasiados problemas encima. Apagué el televisor –y también el teléfono, porque ya empezaban a llamarme para avisarme- y me acosté a dormir.
Aunque tuviera 90 años y llevara más de 10 retirado del poder, nunca imaginé que tomaría con tanta parsimonia la noticia de la muerte de Fidel Castro. No soy un tipo rencoroso, me esfuerzo por no serlo, así que no me alegré, a pesar de que su revolución, si se mira bien, de una forma u otra, es la responsable de absolutamente todo lo malo que me ha pasado en la vida, y lo que aun me falta, que no dudo pueda ser peor.
Tampoco la mayoría de mis paisanos se impresionó demasiado. Al día siguiente del anuncio, a las siete de la mañana, monté en una guagua atestada y nadie hablaba del asunto. En la calle tampoco. No se notaba tristeza. Era cual si no pasara nada. Como si todos disimularan y no quisieran darse por enterados. Asustaba tanta tranquilidad…
Supongo que cuando avance el luto, se haga más riguroso y bajen las orientaciones pertinentes, empezarán a verse las muestras de pesar a lo norcoreano. Y durarán meses, no lo dudo.
Fidel Castro ha muerto y resucitado muchas veces. Mejor dicho, lo han matado y resucitado muchas veces. Tantas como han querido sus enemigos y como él quiso, solo por el placer de ver el entierro que le hacían.
¿Para qué negarlo? Lo hayamos querido o no, todos estuvimos en su película, siquiera como extras mal pagados. En Cuba o fuera de ella, no conseguimos librarnos. Fungimos de víctimas o victimarios, de adversarios o cómplices, de maestros o de discípulos más o menos aplicados, de delatores y delatados, de represores y reprimidos, de gritones y silenciados.
Fuimos clavos, tornillos y tuercas. Y el Máximo Líder, poseedor del yunque, manejaba a su antojo el martillo y el destornillador.
Pasarán años del gran funeral y su sombra nos seguirá. Tal vez muchos no podamos zafarnos de ella. Tal vez nunca logremos una existencia normal. Los malos recuerdos nos acecharán, lo mismo en las gavetas que al doblar cualquier esquina. Lo más probable es que no consigamos olvidar. Estamos condenados. No nos fue dada la posibilidad de escoger otro puñetero tiempo y lugar para vivir.
luicino2012@gmail.com
Publicado en Cubanet

A 50 años de la Revolución Cultural, Luis Cino

Este año la Revolución Cultural china, una de las más espeluznantes empresas de Mao Zedong, su reino del terror rojo, cumplió medio siglo.
Una circular secreta de Mao, en mayo de 1966, donde declaraba la guerra contra “los representantes de la burguesía infiltrados en el Partido Comunista, el gobierno, el ejército y la cultura”, originó diez años de barbarie. En la súper purga de Mao para deshacerse de sus rivales y destruir las viejas ideas, costumbres y hábitos del pueblo cino  –“el desorden para crear más orden”, que decía- más de un millón de personas fueron asesinadas por los Guardias Rojos  y decenas de millones más fueron torturadas, expulsadas de las ciudades y obligadas a realizar trabajos forzados durante años  en las comunas agrícolas.
Si se suma el más de un millón de muertos de la Revolución Cultural con las decenas de millones de personas que murieron producto de la hambruna ocasionada por los disparates del Gran Salto Adelante, a finales de los años 50, el saldo es horripilante, comparable solo al de  Hitler y Stalin.
Pero no es un secreto que Mao fue un tirano  sicópata y asesino. Lo fue  desde los tiempos en que era un cabecilla guerrillero oculto en su madriguera de Yenan.  Lo sorprendente es que en los años 60 y 70 hubiera tanto zoquete en Occidente que reverenciaran al Chairman Mao. Lo indignante es que cuarenta años después de su descenso al infierno, la China oficial trate de preservar la figura de Mao, de escamotear sus crímenes, haciendo recaer las culpas en su viuda, Jiang Quing,,  y la llamada banda de los Cuatro.
Un inmenso retrato del tirano  aun se alza, en Beijing, sobre la Plaza Tiananmen, donde fueron masacrados, en junio de 1989, varios  centenares de jóvenes manifestantes  que reclamaban la democratización del país.
Los actuales mandarines chinos, siempre prestos a las conmemoraciones por todo lo alto, con desfiles militares a paso de ganso, han concedido muy poco relieve al aniversario 50 de la Revolución Cultural. Es como si quisieran que aquella  pesadilla sea olvidada, que no se hable más de ella. Y es lógico, de acuerdo a su mentalidad. Desde Deng Xiao Ping en los años 80  hasta el actual mandatario Xi Jing Ping, quien es presentado como “el núcleo verdadero del Comité Centarl”,  y cada vez está más tentado por un culto a la personalidad de proporciones ridículas, se han pronunciado en contra de lo que llaman “nihilismo histórico” y  han advertido que “desacreditar al camarada Mao significaría desacreditar a nuestro Partido y nuestro Estado”.
Veleidades capitalistas aparte, los camaradas de Beijing  están en lo cierto.
luicino2012@gmail.com

Trump sigue dando sustos, Luis Cino

A solo días del fin de la campaña para las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, se perfila una hasta ahora insólita probabilidad: una versión yanqui de Manuel López Obrador. Sería, quién si no, el inefable candidato Donald Trump, que ya anunció que solo reconocerá los resultados de los comicios si el vencedor es él. (“only if I win”,  dijo). Lo cual resulta poco probable: luego de tanto desplante, papelazo y mierda como ha hablado, las encuestas dan ventaja a su rival, la demócrata Hilary Clinton. Así que ya podemos ir preparándonos para el show que dará Trump. Hará mucho daño a la democracia estadounidense, tanto o más del que ya ha hecho al Partido Republicano, pero será un mal menor si se compara con el que hará a su país y al mundo si llegara a ocupar la presidencia.
Por muy mal que se hable de Hilary Clinton, por muchas evidencias en su contra que aparezcan –la mayoría aportadas por los servicios de inteligencia rusos y Wikileaks-, no logro concebir como presidente de los Estados Unidos a un tipo como Donald Trump.
Ya sé que luego de Putin, Hugo Chávez y Berlusconi se han puesto de moda, en este mundo tan jodido como está, los políticos populistas, de bravatas, que presumen de no tener pelos en la lengua. Como Trump, que no puede contenerse para soltar de sopetón  lo primero que le venga a la mente.  Generalmente son balandronadas y promesas irrealizables. O peor aún: insultos, lo mismo contra los latinos, los musulmanes, las mujeres o los negros.
Pero  siempre habrá suficientes desencantados con el stablishment y los políticos tradicionales, que se dejen impresionar, les crean sus promesas y voten por ellos. Así, los peores siguen llegando al poder.
Hace unos meses, en Filipinas, ganó la presidencia uno de estos populistas, Rodrigo Duterte,  quien  ha llamado hijos de puta a Obama y al Papa Francisco y promete acabar con la delincuencia  y la corrupción en su país matando a 100 000 criminales y arrojando luego sus cadáveres a la bahía de Manila, para engordar a los peces. Lo dijo así. Les recuerda a Trump, ¿verdad?  En lugar de espantar a los votantes, Duterte ganó las elecciones. Como mismo pudiera ganarlas Trump. Solo que Filipinas ni remotamente tiene un peso similar al de los Estados Unidos, la primera potencia mundial.
En estas elecciones norteamericanas  las opciones han sido las peores, se sabe,  pero ojala no gane Trump. Por el bien de todos, incluso de los incautos que están hoy dispuestos a votar por él. Ojala pierda, aunque tengamos que soportar su atorrante show a lo López Obrador, sus piquetes  frente al Congreso y la Casa Blanca,  o cualquier otra barrabasada. Por suerte, la democracia norteamericana ha resistido cosas peores. Hasta una guerra civil. Como la que no conseguirá provocar  Trump, por mucho que apele al odio.
luicino2012@gmail.com

¿Una ley de prensa en Cuba?, Luis Cino

Luego que el régimen les apretó todavía más las tuercas para evitar que se salgan del plato, a algunos periodistas de la prensa oficial y blogueros de los medios oficialistas y semioficialistas -cada vez se hace más difícil diferenciarlos, de tan socialistas y dentro de la revolución como aclaran ser- les ha dado por reclamar una ley de prensa. Alegan que así tendrían un marco legal en el que desempeñar su trabajo, tendrían garantías y conocerían los derechos de que gozan, entre ellos el de tener acceso a la información pública.

¿Será ingenuidad o una movida inducida por el régimen para institucionalizar la censura y el control (des)informativo? Malpensado que soy y advertido por experiencia de que en Cuba no quedan ingenuos sino que se fingen, me inclino más por la segunda posibilidad.

Solo al régimen convendría tal ley. En cuanto a los comunicadores, los encerraría en un marco -hecho por los carpinteros del corta y clava del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista- mucho más estrecho y rígido del que hoy disponen. Y con clavijas, para estrecharlo en caso  de necesidad. Y sería perfectamente legal, inobjetable. Irreversible, como el socialismo en la Constitución.

Sería soga para su pescuezo. Pero aun así, hay periodistas que reclaman la dichosa ley de prensa. Como si con ella se fuera a acabar el secretismo y la censura y se fuera a democratizar la información, cual tocada por una varita mágica.

Si en algo ganarían los periodistas es que estarían  más protegidos. Un poco, solo un poco. ¿De qué? Va y logran evitar, gracias a dicha ley, que cualquier funcionario les cuelgue el teléfono o le cierre la puerta en sus narices, que un administrador les impida tomar fotos en una TRD o un pelotero le suene una trompada porque le molestó la forma como reflejó su modo de jugar y la derrota de su equipo.

Una periodista de uno de los medios alternativos recién aparecidos, a diferencia de la mayoría de sus ilusos compañeros, ha tenido la suficiente lucidez para oponerse a una ley de prensa porque considera que es preferible “el marasmo legal” -el término es suyo- que hoy existe,  que es en definitiva, el que ha posibilitado la supervivencia tanto de esos medios como de los periodistas independientes. Supongo que los segundos seríamos las primeras bajas -y no precisamente colaterales- de dicha ley: todos iríamos a parar a la cárcel.

¿Qué ley de prensa podríamos esperar de un régimen que limita la libertad de expresión y de prensa con el pretexto de defender la soberanía y la seguridad nacional? ¿Qué se puede esperar de una dictadura cerril que considera que Internet es un arma de subversión ideológica?

Antes de aprobar una ley de prensa habría que derogar la ley 88 y sacar del código penal cubano figuras delictivas como la propaganda enemiga, el desacato, etc, que son castigados con penas de cárcel de entre 8 y 20 años de cárcel. Y lo que es más importante: habría que  reformar la Constitución, que plantea en su artículo 53 que los medios masivos son propiedad del Estado y no pueden ir en contra de los intereses de la sociedad socialista.

Esos jóvenes comunicadores alternativos, oficialistas, paraestatales, semioficialistas, como se les llame, que cándidamente hoy reclaman desenvolverse dentro de una ley de medios, si son sinceros, si no son otra jugada con trampa del régimen, al final terminarán en las filas del periodismo independiente. No les quedará otro camino sino quieren ser meros propagandistas de una dictadura decrépita y roñosa. Hasta que ya en democracia haya un periodismo que no lleve etiquetas.
luicino2012@gmail.co

Publicado en Cubanet

La culpa no es de la Ley de Ajuste Cubano, Luis Cino

 

Los cancilleres de Ecuador, Colombia, Costa Rica, Panamá, Nicaragua, México, El Salvador, Guatemala y Perú han enviado una carta al secretario de Estado norteamericano John Kerry donde proponen una reunión para analizar la política migratoria estadounidense hacia Cuba, en particular la Ley de Ajuste Cubano, que según afirman, promueve una emigración ilegal que afecta a sus países.

Ese mismo argumento ha sido repetido en los últimos diez meses por varios cancilleres centro y sudamericanos ante el flujo de miles de cubanos que principalmente procedentes de Ecuador, tratan de llegar a territorio norteamericano, quedándose varados en las fronteras de algunos de estos países, lo que ha creado una verdadera crisis en la región.

Más allá de las lógicas preocupaciones de esos gobiernos por la seguridad de sus fronteras, el tráfico ilegal de personas y los problemas derivados de todo ello, en el mejor de los casos, hay miopía en sus posturas. Eso, por no decir cinismo, hipocresía y compincheo con la dictadura castrista, en los casos de algunos de esos gobiernos.

Culpar a la Ley de Ajuste de que los cubanos huyan de los rigores y las miserias del régimen castrista es como pensar que las gentes que se lanzan por las ventanas de un edificio en llamas lo hacen porque los bomberos colocaron en la calle, para recogerlos cuando salten, unas mallas muy bonitas y cómodas.

A quien tendrían que exigirle sería al régimen castrista, que se desentiende de la suerte de sus ciudadanos varados en las fronteras, incluso cuando fueron apaleados por los guardias nicaragüenses, y que es el verdadero culpable de la desesperación de los cubanos, y porque se vale de ese éxodo, como hizo en Mariel en 1980 y con la crisis de los balseros en 1994, para sacarle vapor a la olla, y evitar un estallido social. Pero sería pedir demasiado que esos gobiernos muestren una actitud sincera y consecuente respecto al caso de Cuba.

Tradicionalmente, los vínculos con el régimen castrista fueron utilizados por los gobiernos latinoamericanos como un instrumento de presión para obtener ventajas en sus relaciones con los Estados Unidos y para contentar y estar a bien con las izquierdas de sus países, y en años recientes, con los gobiernos de la Alianza Bolivariana.

Los gobiernos del continente temen enojar al régimen castrista, que por cualquier motivo, sea una declaración de un presidente que un voto en contra en Ginebra, lo mismo insulta que desestabiliza. Por eso, evitan pronunciarse sobre las violaciones de los derechos humanos en Cuba y salvo muy honrosas excepciones, ignoran a la oposición prodemocrática.

¿Creen que el gobierno colombiano iba a disgustar al régimen cubano luego que le ayudó a conseguir los acuerdos de paz con las FARC-EP? ¡Con lo emocionante que fue la escena en que el general Raúl Castro alentó el estrechón de manos entre Santos y Timochenko!

Aunque el gobierno norteamericano modifique o derogue la Ley de Ajuste, mientras no cambien las actuales circunstancias políticas y económicas en Cuba, los cubanos seguirán intentando escapar adonde sea.

No es que los gobiernos de la región tengan que hacer de coyotes o seguir cargando con los emigrantes cubanos y asumir los costos monetarios que ello representa, pero que no se presten a hacer el papel de rancheadores de la dictadura castrista, y a servirles de eco de sus exigencias al gobierno norteamericano.
luicino2012@gmail.com

El capítulo VIII, Luis Cino

Hace 50 años, en 1966, cuando fue publicada Paradiso, de José Lezama Lima, el capítulo octavo de los catorce que conforman la novela escandalizó de tal modo a los mandamases – o más bien a sus comisarios culturales, que seguramente fueron los que lo leyeron porque  los jefazos, siempre tan ocupados, no deben haber tenido tiempo, paciencia ni sesos  para aventurarse en la prosa lezamiana- que decretaron la proscripción del  libro, uno de los más grandes del siglo XX cubano. Proscripción que duraría   un cuarto de siglo.
Téngase en cuenta la época, 1966: las UMAP estaban en su apogeo, Mariela Castro era solo una bebita y a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido en la Cuba socialista de Fidel  ese lío del CENESEX…
Es de suponer como los testosterónicos y muy machos  jefes y los comisarios tartufos encargados de leer por ellos,  apretaron revolucionariamente los esfínteres,  por moralina, de indignación  y para indicar que el enemigo no pasaría ¡jamás! al chocar en aquel capítulo con la descripción de la  leptosomática verga de Farraluque –con el glande parecido a su rostro, el frenillo a su nariz, la cúpula de su membranilla a su frente abombada-, y luego con el recuento de cómo penetra, por diferentes vías y siempre en tarde de  domingo,  a una criada española, una cocinera color mamey, el miquito de su hermano y el enmascarado esposo de la señora de enfrente del colegio, ocasión esta última en que los telúricos movimientos de la cópula contra natura  ocasionan  una catástrofe en una carbonería habanera.
Aquel capítulo dio mucho de qué hablar. Aun hoy, muchos de los que presumen de haber leído Paradiso, lo más probable es que solo hayan leído el dichoso capítulo VIII, y para eso, hasta donde termina la homoerótica historia de Farraluque, perdiéndose así la parte final del capítulo -una suerte de homenaje criollo al Decamerón a lo Lezama-,   aquella donde aparecen Godofredo El Diablo, Fileba la insatisfecha y el enajenado Padre Eufrasio con  los testículos estrangulados  para eyacular agustinianamente.
En 1966,  la tirada de 5 000 ejemplares de Paradiso  se agotó en un santiamén. Muchos de los ejemplares fueron recogidos de las librerías  por las autoridades y   convertidos en pulpa de papel, como mismo lo habían sido en 1968, por ser considerados contrarrevolucionarios, el poemario “Fuera del Juego”, de Heberto Padilla, y la obra teatral “Los Siete contra Tebas”, que dicho sea de paso, fueron premiados por un jurado que se ganó la ojeriza del régimen y del que Lezama formó parte, agravando el ostracismo al que estaba condenado y en el que permaneció   hasta su muerte, ocurrida el 9 de agosto de 1976.
No habría otra reedición de Paradiso  hasta 1991. Y fue bastante reducida, por cierto. Para comprar el libro acudió una muchedumbre que se agolpó en  los portales del Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro, y provocó una rebatiña que se convirtió en reyerta,  lo que  impidió que la ensayista italiana Alexandra Riccio, el poeta César López y el periodista y escritor Ciiro Bianchi pudieran  hacer  la presentación de la edición de Letras Cubanas de Paradiso. El libro tuvieron que venderlo a través  de una reja y bajo vigilancia policial.
En el prólogo de aquella edición escribió Cintio Vitier: “Pocos libros entre nosotros se aquilataron tanto en la prueba de la negación”.
Sería oportuno  que en el evento internacional por el medio siglo de Paradiso, que han convocado para el Centro “Dulce María Loynaz”, con la participación de académicos de más de ocho países, hablaran, aunque sea de pasada y sin llamar por sus nombres a los culpables, de aquella muy  mediocre perreta de puritanismo machista por el capítulo VIII que hizo que la más monumental novela que se haya escrito en Cuba permaneciera proscrita durante 25 años.
luicino2012@gmail.com

La sinceridad del escritor, Luis Cino

“Tierra, tierra”, del escritor húngaro Sandor Marái (1900-1989),  es de los libros que más me han impresionado de los que he leído en los últimos 20  años.
El libro, autobiográfico en gran parte,  describe de forma desgarradora como en  Hungría se pasó de una dictadura fascista aliada a los nazis al comunismo impuesto por el ejército soviético. Fue publicado en 1989, poco después que su autor, que pasó en el exilio los últimos 39 años de su vida, se suicidara en su casa de San Diego, California.
Sandor Marái, que fue  uno de los más importantes escritores europeos de su época, se negó a ceder en sus principios ante el régimen comunista, que lo tildó de burgués y lo condenó al ostracismo.
La primera vez que logró viajar a Occidente, poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, contrario a lo que muchos le aconsejaron, decidió regresar a su país, donde sabía que se consolidaba el régimen comunista, porque no se resignaba a ser un escritor alejado de su lengua, que solo se hablaba en Hungría. Pero en 1948 ya no pudo soportar más y aprovechó una invitación a un evento literario en Suiza para exilarse e intentar, suponiendo  que eso es posible, vivir su propio destino personal.
En “Tierra, tierra”,  Sandor Marái hace interesantes y muy lúcidos comentarios  sobre el humanismo, la literatura, el arte en general, el alma magyar y la condición humana.  Permítanme citar este fragmento sobre el papel del escritor al que algunos zoquetes deberían prestar atención:
“El escritor -en medio de la muerte y la miseria, situación humana constante en tiempo de paz y de guerra- que intente disculparse y demostrar que siente sinceramente lo que describe, se olvida de las leyes de su oficio, que determinan que no existe literatura sincera. En la literatura, como en la vida misma, solo callarse es sincero. En el momento en que alguien se pone a hablar en público ya no es sincero, sino que se convierte en escritor-actor, es decir, en una persona que se pavonea. Porque la escritura, las bellas letras, siempre son una payasada; el alma, maquillada con palabras coloreadas en blanco y rojo, recuerda al payaso del circo que cuenta chismes malintencionados haciendo mil muecas…El escritor que escriba algo más aparte de hechos estrictamente estadísticos, no puede ser sincero. Sin embargo, no hay escapatoria porque el escritor es incapaz de callarse. Tiene que decir algo incluso desde el vertedero, tiene que recitar algo aun desde la fosa común. La esperanza de que un cataclismo más fuerte que cualquier otro anterior conduzca al escritor y a la humanidad al día en que puedan ser verdaderamente sinceros porque ya solo pondrán sobre el papel y pronunciarán palabras esenciales, es una esperanza infundada. En todo caso, el escritor no puede hacer otra cosa que maquillar su alma y con hermosa palabra esencial, decirlo todo. El tema del que habla, en cualquier época y en cualquier vertedero, es siempre el mismo, el Nekya, es decir, el viaje al mundo de los muertos, y después de la aventura de La Ilíada, el Nostos, o el regreso al hogar”.
luicino2012@gmail.com

Cuba islámica, Luis Cino

Recientemente, varios trabajos periodísticos, entre ellos uno de AFP sobre las dificultades con la dieta de los creyentes durante el recién concluido Ramadán, se han referido a los cubanos convertidos al Islam, cuya cantidad no deja de aumentar.
Es sabido que desde que Cuba, hace más de un cuarto de siglo, con el llamado Periodo Especial entró en esta crisis que parece interminable, no solo en lo económico sino en todo, incluidos los valores, la religiosidad de los cubanos, que durante décadas tuvo que esconderse o camuflarse debido al ateísmo de estado, se ha multiplicado por diez.
Así, cada vez se ven más iyabós y personas con la mano de Orula, hay colas para consultarse con los babalaos, se han vuelto a llenar las iglesias católicas, los niños se bautizan, las bodas por la iglesia son más frecuentes, la gente no se oculta para decir, incluso en la TV, “gracias a Dios” o “si Dios quiere”, o para orar a Jehová. Desde hace años brotan por doquier y se abarrotan los templos de las distintas denominaciones evangélicas, donde algunos caen en trance, dicen que poseídos por el Espíritu Santo, la versión cristiana de los muertos montados en los toques de santo, lo cual es un particular aporte del evangelismo cubano post-revolucionario.
Y también hay musulmanes, cómo no. No importa que el Islam, que tanta mala fama ha adquirido gracias a los terroristas carniceros del Daesh, Al-Qaeda y otros similares, nada tenga que ver con nuestras costumbres e idiosincrasia, y que aquí hasta el clima conspire contra la vestimenta recomendada por el Profeta Mahoma en el Corán.
Opinan muchos malpensados entre los cuales me cuento – y espero no me acusen de islamofóbico, respeto todas las religiones y solo siento fobia por las fobias- que los conversos verdaderos no lo son tanto ni tan en serio, que muchos simulan que oran mientras piensan en otra cosa, generalmente bien terrenal. Lo que está detrás del islamismo de muchos de ellos, es la ayuda que esperan recibir (en dinero o alimentos) de la embajada de la República Islámica de Irán y la posibilidad de algún viajecito, ya sea a Irán o a Arabia Saudita. No olvidemos que cada creyente tiene la obligación de peregrinar a la Meca aunque sea una vez en su vida…
Para algunos, convertirse al Islam, luego de haber sido santeros, católicos o Testigos de Jehová, si no es esnobismo, es otro modo de luchar, de resolver, de estafar. También la religión es parte de la pillería, el desparpajo, el despelote nacional provocado por el muy dilatado naufragio del socialismo castrista.
La Liga Islámica de Cuba, que viene siendo el equivalente del Consejo de Iglesias en lo de recibir dinero y todo tipo de donaciones de las Ligas Islámicas de otros países, debe sacar sus dividendos de todo esto.
Lo que más me llama la atención es la cantidad de muchachas que hay entre estos conversos. Las veo por la calle, con el cabello cubierto, con chales, mantas y blusas de mangas largas, derritiéndose los sesos y hasta el alma bajo el sol. Me asombra que mientras tantas mujeres en el mundo, sobre todo en los países musulmanes, luchan denodadamente por sus derechos, ellas, en una sociedad como la cubana, que tanto había avanzado en la emancipación femenina, voluntariamente se echen encima la burka, el velo y sus derivados y se dispongan a ser arrinconadas y tratadas por los hombres como seres inferiores, como cabras o camellas, y hasta a ser lapidadas si cometen adulterio.
¿Sabrán lo que hacen, en lo que se han metido? ¿O es que definitivamente, digan lo que digan, no se avanzó tanto en la emancipación, y algunas mujeres cubanas, que tienen fama de ser tan machistas como los hombres, siguen tan dispuestas como sus abuelas, o más, ahora que lo hacen en nombre de Aláh, a someterse gustosas al yugo masculino?
luicino2012@gmail.com
Publicado en Cubanet

Un camino minado, Luis Cino

El VII Congreso del Partido Comunista, con su inmovilismo y su plan de desarrollo para el 2030, que parece una mal contada trama de ciencia ficción, evidenció el empeño castrista por minar los caminos a una eventual transición a la democracia.

Cual si no bastara el daño hecho  a la siquis nacional por 57 años de dictadura -el rebaño hipócrita, temeroso, envilecido y cínico que ha conseguido-, ahora, aferrados como lapas al poder absoluto, los mandamases se encargan de planificar el peor futuro posible para nuesros descendientes, no los suyos, claro está, que cada vez son más desfachatados en su opulencia.

Sin renunciar a su reórica socialista, que cada vez es más hueca e inconsistente, es como si dijeran: ¿No querían capitalismo? Pues aquí tienen, pero del más duro y a nuestra manera…

El futuro que nos anuncian tiene que ver mucho más con la Rusia putinesca que con el socialismo de mercado chino o vietnamita.
En el Plan de Desarrollo Económico hasta 2030, se reconoce la propiedad privada  como una de las formas de propiedad del modelo económico cubano, aunque se emplean varios eufemismos  -“forma de propiedad no estatal”, “propiedad personal”, o “propiedad común sobre los medios de producción”- para no llamarla por su nombre, y se advierte, entre otras limitaciones,  que no se permitirá acumulación de propiedades ni de riquezas y que la propiedad estatal será la  predominante.
La elite de poder y sus paniaguados sí podrá acumular propiedades y riquezas.  El  artículo 119 de la Conceptualización del Modelo Económico y Social de Desarrollo viene a ser la luz verde a la piñata de la elite partidista y los militares negociantes (los bingshangs, que decían los chinos) que desde hace años juegan al capitalismo.
Las pirañas del Estado, sin control público de las cuentas y sin una prensa libre  que los cuestione, tendrán las manos sueltas en el festín.
El  artículo 119  sienta la base legal para que el PCC y sus organizaciones satélites, las llamadas “organizaciones de masas”, sean propietarias de todos los medios y recursos de que disponen actualmente (inmuebles, autos, camiones, periódicos, revistas,  etc.)
¿Y alguien dudaba que “el Partido es inmortal”?
Si todo les sale como quieren, habrá mafias y corrupción a tutiplén. Y el pueblo seguirá tan apático e indefenso como ahora, limitándose a ver cómo se las arregla para comer…
En esas condiciones, dentro de unos años, retoques a la constitución de por medio para legalizar antos decretos leyes, va y permiten en la Asamblea Nacional del Poder Popular a unos cuantos payasos disfrazados de opositores leales y hasta se animan y hacen  elecciones…
luicino2012@gmail.com